lunes, 28 de enero de 2013

Prólogo


PRÓLOGO

Había una vez, en un pueblo de Estados Unidos, dos amigos, llamados Skinny Jeans y Spanky Chulobear. Estos muchachos solían tener problemas con las autoridades, en especial el Sheriff, Dragone Matasaurios, apodado "el Aqueménida", más adelante os explicaré porqué. El caso es que el Aqueménida había encerrado en el calabozo varias veces a Skinny y Spanky (nunca más de un día seguido) y sus padres no podían más, estaban hartos del comportamiento vandálico de sus hijos, no paraban de romper mobiliario urbano, destrozar automóviles, quemar neumáticos en medio de vías públicas... hasta que les obligaron a realizar trabajos forzosos, con los presos de la cárcel del pueblo. A partir de ahí su rutina diaria consistía en ir al instituto por la mañana, hasta la hora de comer, luego comían, y acto seguido se dirigían a la mina donde estarían varias horas picando piedra sin parar, bajo la atenta mirada del capataz, Esqualo Matasaurios, primo del Sheriff del pueblo. Una vez terminado el trabajo se dirigían al centro médico donde eran tratadas sus enfermedades mentales, Spanky tenía esquizofrenia aguda debido al consumo excesivo de ácido lisérgico en su preadolescencia, y Skinny tenía una conducta paranormal hostil dirigida hacia los débiles.
En el colegio Skinny y Spanky suspendían todas las asignaturas a excepción de educación física y filosofía, donde sacaban matrículas de honor. Todos los alumnos tenían miedo de Skinny y Spanky, cuya mera presencia les atemorizaba. En clase estaban sentados en las esquinas de atrás, y los pupitres que les rodeaban estaban vacíos, por mera precaución y porque nadie quería sentarse allí. En el patio se iban a una esquina, donde debatían sobre todo tipo de temas, aunque nadie sabe de qué hablaban, ya que acercarse a ellos suponía una prueba de valor extremo. La única relación que tenían Skinny y Spanky con el alumnado era con Gorgyo Estrellas, de un año menos que ellos, un niño pelirrojo, con granos, bajito y con un par de kilos de más. Siempre llevaba una gorra azul y era característico por el enorme aparato que llevaba en los dientes, que cuando sonreía reflejaba la luz del sol y cegaba a sus compañeros. Nadie sabe que relación tenían Skinny y Spanky con Gorgyo, aunque por el colegio se rumoreaba que Gorgyo les conseguía droga y les hacía los trabajos sucios, pero no estaba comprobado. Varios profesores habían propuesto al director la expulsión del centro de Skinny y Spanky, pero no se podía llevar a cabo debido a que no había pruebas de que éstos hubieran agredido verbal o físicamente a algún alumno, profesor o personal no docente. El único caso curioso es que una vez Spanky le admitió a Skinny que estaba enamorado de la delegada de clase, Lydia Rotoroaia, y ésta a la semana apareció en silla de ruedas, con los fémures destrozados. Dice que fue agredida en la calle Hornimans, cuando salía de comprar el pan, en una fría noche de invierno, por dos hombres que perfectamente podrían haber sido nuestros protagonistas, pero nunca se llegó a demostrar. El Aqueménida estaba convencido de que habían sido "ese par de payasos", como los llamaba él, pero no encontró evidencias para inculparles y casi perdió su trabajo por no haber sabido resolver ese caso. Otro caso fue cuando encontraron a un hombre de raza negra, llamado Jack Finisterre, destrozado después de haber sido sometido a una brutal paliza (aunque se demostró posteriormente que había sido el grupo neonazi ultraprotestante "Los redentores") o cuando apareció la Señora Fitzgerald, de ochenta años de edad, descuartizada en las vías del tren, pero se llegó a la conclusión de que fue ella misma quien se quitó la vida tras encontrar en su casa la nota de suicidio.

A Skinny y Spanky solo les quedaba un año de clases, estaban ya en último curso preparándose para dar el gran salto al mundo laboral, ya que no irían a la universidad debido a la poca solvencia económica de sus progenitores. Probablemente Spanky ayudaría a su padre en la caza de osos y sus posterior taxidermización, o como ayudante en la carnicería del señor Manuel Iborra, español que emigró a los Estados Unidos debido a que fue despedido de su trabajo de profesor de inglés tras proferir reiteradamente una gran cantidad de insultos antisemitas contra un par de alumnos. Skinny no sabía muy bien donde iba a trabajar, su padre le decía que trabajara con él en su tienda de discos, o que se enrolara en la Armada, pero a Skinny no le atraía ninguna de estas ideas. El sueño de Skinny era fundar un partido político en el cual pudiera proyectar su ideología, un tanto estrafalaria si lo vemos con la perspectiva de la sociedad actual.
Estaba llegando ya el otoño, y un buen día llegó al pueblo un misterioso personaje, que decía que era vendedor ambulante, su nombre era Baltasar Kruger, y vendía cabellos. Skinny y Spanky no veían a Baltasar con buenos ojos, no confiaban en él, tenía algo en su mirada, algo que les inquietaba, y fueron los únicos del pueblo que no fueron a la fiesta de inauguración que el señor Kruger preparó para caer bien a los vecinos del pueblo, ya que tenía pensado instalarse allí. Skinny y Spanky se dirigieron al nuevo almacén donde el señor Kruger guardaría su mercancía y encontraron algo que les dejó boquiabiertos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario