CAPÍTULO CUARTO
El día siguiente amaneció con la desaparición de Mario Breburda ocupando la portada de todos los periódicos. El muy loco se metió en la casa de Jack Rakeyflood's Maqueta. La casa de Jack Rakeyflood's Maqueta era un asunto tabú en el pueblo. También se le conocía como "la casa de los gritos", porque los que pasaban por allí siempre oían chillidos aterradores entre el rugir de una motosierra. La policía no se atrevía a entrar ahí y hacía siempre oídos sordos a las denuncias que habían puesto los habitantes del pueblo contra esa casa. La casa de los gritos era la típica choza estereotipada del Mississipi pero estaba destartalada, sucia y olía mal. En la entrada colgaba un cartel donde había escrito con una caligrafía pésima en tiza negra "Jack Rakeyflood's" y sólo el hecho de ver aquello ya espantaba a la mayoría de visitantes. Pero siempre estaban los típicos niños que jugaban a hacerse los héroes y se retaban entre ellos a entrar en la casa de los gritos, y muchos de éstos desaparecían. El joven Mario Breburda corrió la misma suerte. La gente que pasaba por allí oyó lo de siempre, alaridos de dolor y un terrorífico sonido de motor de gasolina de una motosierra. La gente siempre deseaba que alguien entrara allí, que se descubriera lo que pasaba ahí dentro, pero claro, siempre tenían que ser otros los que entraran, la mera idea de entrar uno mismo ahí dentro echaba por tierra todos los intentos de hacerse el héroe y que se hiciera justicia. La gente se volvía muy apática respecto a ese tema y simplemente "lo dejaban estar". Pero con la desaparición de Mario Breburda, Skinny y Spanky decidieron infiltrarse en aquel matadero y castigar al que se dedicaba a realizar tales fechorías. La razón probablemente fue que Mario fue un amigo de la infancia de Spanky, y Spanky siempre guardaba cierto aprecio por los primeros amigos que tuvo en vida, por lo que decidió vengarse. Quedaron por la madrugada en la plaza mayor, ya que la casa de los gritos se encontraba a tan sólo dos calles de ahí, del punto más concurrido del pueblo. Una vez se reunieron allí comprobaron su equipo, ya que consideraron necesario traer cierto armamento por los posibles peligros que encontraran allí dentro. Spanky trajo a Tizona, unas botas de hierro y una plancha de acero que le protegía el pecho, y Skinny llevaba un bate de béisbol, un casco de moto y una navaja afilada fabricada en Albacete, ya que él consideraba que allí se hacían las mejores del mundo. Se aproximaron a la casa silenciosamente y cuando Spanky fue a derribar la puerta se percataron de que ya estaba abierta. Entraron y estaba todo oscuro, no había ni una mísera lámpara. Empezaron a andar y la madera del suelo crugía a cada pisada que daban. Cuando caminaron unos pasos la pierna de Spanky se metió en un agujero que había en el suelo y al rozarse con los bordes astillados de éste, le empezó a sangrar. Intentaron sin éxito sacar la pierna de Spanky de ahí hasta que se oyeron unos pasos. Skinny dejó a Spanky y se preparó para el combate. De repente sonó el estruendo de una motosierra y Skinny a penas pudo ver una enorme sombra corriendo hacia él. Intentó esquivarla como pudo pero fue muy torpe y la sombra le hizo un corte en el brazo. La sombra le atacó de nuevo, esta vez a la cabeza, pero Skinny consiguió parar la motosierra con el bate, pero se rompió y quedó desarmado. Sacó su navaja del bolsillo y empezaron a dar círculos mirándose el uno al otro.
-Estás muerto hijo de puta -dijo Skinny mientras blandía su navaja.
La sombra respondió con un gemido inentendible a la vez que se lanzaba de nuevo a por Skinny, pero fue hábil y esquivó la motosierra, y aprovechando la bajada de guardia de la sombra, le profirió una puñalada mortífera en el estómago. La sombra siguió de pie, aunque le costaba mantener el equilibrio. La navaja de Skinny se había quedado incrustada en el cuerpo de la sombra, y cuando parecía que se iba a lanzar de nuevo a por él, apareció Spanky y le dio con Tizona en la espina dorsal, haciendo que cayera al suelo de bruces, y una vez en él, le abrió el cráneo a golpes con su preciada tubería. Una vez hubieron acabado, notaron pasos que se acercaban hacia ellos de más de una persona.
-Mejor vámonos de aquí -dijo Skinny mientras recuperaba su navaja.
Ambos lograron salir de aquella casa siniestra sin que las otras sombras les alcanzaran.
-Tenemos que formar un comando y hacer otra incursión -dijo Skinny.
-Estoy de acuerdo, me he quedado con ganas de reventar a los demás.
-Bien, pues más adelante reclutaremos a una media docena de hombres y neutralizaremos a los habitantes de la casa.
-Me parece bien, por cierto Skinny, dentro de un par de horas va a amanecer, podríamos colarnos en la pantomima de las seis y media.
-La verdad es que me apetece bastante, hace mucho tiempo que no me excito y me río al mismo tiempo.
Ambos se dirigieron al teatro municipal, que estaba con aforo máximo. En aquél pueblo las pantomimas eran muy populares, y siempre que había una las entradas se agotaban en menos de una hora. Skinny y Spanky saltaron la valla y se colaron por la puerta de atrás. Entraron dentro y vieron el espectáculo. Siete hombres con aspecto viril, es decir, peludos y gordos, maquillados y vestidos de mujer, formando un corro masturbándose delante de una sordomuda ciega que no tenía ni brazos ni piernas. Miraron al público y vieron al señor Iborra riéndose a carcajada limpia con la cara roja como un tomate. Al ver la escena, Skinny y Spanky se echaron a reír también. En aquél espectáculo, la pobre ciega sordomuda era llamada la "mantissa", y los demás hombres se conocían como "telecos". El encargado del teatro irrumpió en escena y se llevó a la mantissa, y acto seguido los telecos se pusieron a besarse entre ellos. La escena resultaba cómica, ya que había siete telecos, por lo que uno se quedaba sin pareja, y se ponía celoso e intentaba como podía romper una pareja para meterse él y dejar a otro sin pareja. Miraron a Iborra y seguía riéndose a carcajada limpia, su cara seguía roja, e incluso lloraba de la risa. Después de media hora de peleas pasionales entre telecos, el encargado del teatro indicó que la actuación había terminado y el público le dio un fuerte aplauso y le empezaron a llover monedas. Los telecos saludaron al público y desaparecieron entre el telón. El aplauso duró mas de diez minutos, y cuando acabó la gente empezó a levantarse para irse a su casa. A la salida existía la llamada "zona de alivio", tenía forma de un baño público pero la gente iba allí para masturbarse si se habían quedado excitados viendo la obra. Skinny y Spanky se metieron y vieron adentro al señor Iborra, que seguía con la cara roja.
-Hola chicos -les dijo con tono amable el señor Iborra.
- Hola - dijeron al unísono Skinny y Spanky.
-¿Sabéis una cosa chicos? Me han contratado para el colegio municipal como profesor de lengua inglesa. Me van a pagar un sueldazo, ¿no es genial?
-Enhorabuena -le dijo Skinny.
-Empiezo las clases mañana. Creo que os voy a dar clase a vostros, así que no me deis mucha guerra ¿eh?, que si no me enfado, y no queréis verme enfadado.
-Tu tranquilo socio, nosotros nos ocupamos de que esté toda la clase silenciosa.
-Muchas gracias, puf, que nervioso estoy, hace ya mucho que no doy una clase, bueno chicos, tengo que irme ya a casa, nos vemos mañana,venga, hasta luego.
-Hasta luego Don Manuel.
Skinny y Spanky sequedaron al espectáculo siguiente. Era un duelo. En aquél pueblo estaban permitidos los duelos, pero no eran a muerte, eran una pelea, donde los contrincantes estaban desnudos, y se pegaban hasta que no pudieran más, y el ganador podía abusar sexualmente del perdedor. El duelo que iba a tener lugar era entre Mónstruo y el Máster, su mala relación era conocida por todos y por fín habían acordado un duelo en el teatro, el ganador se llevaba la mitad del dinero recolectado en las entradas, y el perdedor era sometido a las humillaciones, abucheos y vejaciones del público. Por fin salieron los contrincantes, y el encargado del teatro dio por empezada la pelea. Se acercaron el uno al otro, titubeantes, hasta que Mónster le lanzó un derechazo que impactó en la mandíbula del Máster, el cuál perdió el conocimiento durante unos segundos y cayó al suelo. Sin pensárselo, Mónster se lanzó encima suyo pero el Máster consiguió apresarle el cuello con sus piernas, y le hizo un candado asfixiante. La cara de Mónster empezó a ponerse roja pero consiguió erguirse, y con una fuerza sobrenatural levantó al Máster y luego le estampó contra el suelo rompiéndole la espalda. Con la fuerte caída, el Máster deshizo el candado que tenía apresado a Monster y éste le hizo uno con sus brazos, y entre el dolor de la caída y el cansancio, el Máster acabó rindiéndose, y quedó inmóvil, en el suelo. La gente empezó a vitorear a Mónster, que empezó a violar al pobre Máster, que no podía casi moverse. La gente no cabía en sí de júbilo y empezaron a descargar su rabia con el Máster. Al final acabó el combate y el Máster se retiró entre escupitajos e insultos por la puerta de atrás. Spanky le tiró una litrona que se había comprado y le hizo una brecha en la cabeza. Cuando se fue, Skinny y Spanky regresaron a sus respectivas casas, había sido una noche entretenida.
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