martes, 30 de abril de 2013

Capítulo decimocuarto

CAPÍTULO DECIMOCUARTO



Al día siguiente, Betty y Allison se reunieron en la esquina donde se bifurcaban sus caminos al ir a casa, pero esta vez iban en sentido contrario, es decir, hacia el colegio, ya que era por la mañana y tenían la supuesta obligación de ir. Por el camino se encontraron con César, un compañero de clase, que les dedicó una sonrisa tímida de cortesía y aceleró el paso para escapar de una posible mala compañía hasta el instituto, repleta de conversaciones incómodas y políticamente correctas. Betty y Allison tampoco ponían un especial interés en conseguir la compañía de César, le consideraban un chico tímido y ligeramente antipático, con un no muy alto escalafón social y sin duda ser vistas cerca suyo no repercutiría muy positivamente en su reputación. Cuando se hubo alejado lo suficiente, Allison desencadenó el diálogo que ambas esperaban con impaciencia.

-¿Qué opinas de ese chico?

-¿Quién, César?

-Sí.

-Pues no sé, la verdad, no me había fijado mucho en él, ni me va ni me viene.

-El otro día le oí decir en una conversación con un amigo suyo que no sé como se llama decir que Hitler fue bueno.

-¿De verdad dijo eso? No, si gente imbécil hay por todos lados, qué se le va a hacer...

Al llegar a clase, Alma Castillo, la delegada de clase, se acercó a Betty y le dijo que el viernes había una fiesta de la Sociedad de Mujeres, y que si querían podían hacerse socias y asistir al evento. Un mundo de oportunidades maravillosas se abrió ante los ojos de Betty, y sin más dilación aceptó dicha invitación. Para más inri, las acogieron en el corrillo de las chicas que se había formado, donde estaba la élite de la popularidad, es decir, chicas como Paula Modestias, María Saltwater, Dooria Sacapuntas, Amargada Kindelan, Alejandra Popper y demás celebridades de la escuela. Al principio, Betty y Allison no soltaron palabra pero poco a poco fueron cogiendo confianza hasta que Betty tuvo el atrevimiento de participar en la conversación superando el miedo al rechazo por la posible incoherencia que pudiera decir.

-¿Sabéis quién es ese chico de ahí, César?

-Sí, ¿por? -dijo Alma Castillo.

-No sé, íbamos esta mañana de camino a clase cuando le vimos, y Allison me dijo que el otro día le oyó decir que era nazi o algo así.

Alma se sobresaltó.

-¿Cómo? ¿Nazi? ¡Ahora mismo le voy a dejar las cosas bien claras a ese subnormal!

Alma se apartó del corro y se dirigió velozmente, ante la atenta mirada de sus compañeras, hacia el sitio de César, que inocentemente sacaba el material escolar de su mochila sin pensar en la avalancha de ignorancia y superioridad social que estaba apunto de venírsele encima.

-¡Eh, tu, gilipollas!-le gritó Alma mientras se acercaba.

César le miró con una mirada de sorpresa y a la vez de inferioridad.

-¿Ocurre algo?

-¿Tú de qué vas nazi de mierda?

-¿Perdón?

-¿Ahora te achantas o qué? Sabemos que eres nazi.

-¿Ah sí? Lo dudo ligeramente.

Allison saltó en la conversación, pensando que podía ganar puntos y escalar puestos en el ránking social si demostraba su valentía en la conversación.

-¡El otro día dijiste que Hitler era bueno!

-Pues me parece que mis recuerdos sobre lo que pude haber dicho el otro día no coinciden con los tuyos.

-¡No lo niegues ahora! ¡Te oí!

-Pues no lo sé, en todo caso diría que era un buen político.

-¡Me da igual, estás defendiendo a un asesino!

-¿Si o qué?

-¡Encima vacilas! ¡Vete a la mierda, no me hagas enfadarme, chaval!

-Te recomendaría que estudiaras la historia con un poco más de objetividad, aunque es bastante probable que la alienación social extrema que sufres combinada con tu escaso nivel intelectual te complique bastante las cosas, así que, pensándolo bien, lo mejor es que sigas intentando integrarte en ese grupo de chicas basado en la superficialidad social donde probablemente encuentres un nivel de deshumanización mayor que el de Hitler, así que, bueno, ya sabes por dónde ir.

Allison no supo que responder, principalmente porque no se acordaba de la mitad de la frase y desconocía el significado de la mayoría de las palabras, así que se dio media vuelta y se sentó en su sitio. Mientras, César bajó la mirada a sus apuntes y empezó a escribir algo, bueno, mejor dicho, a hacer que escribía algo, todo valía con tal de no mirar al corrillo de las chicas.





Al cabo de algo más de tres horas en el barco, Skinny empezó a aburrirse. Se había hartado de ver siempre aquél monótono paisaje de olas subiendo y bajando, y aquella brisa fría que le ponía los pelos de punta. Al cabo de cinco horas más, hubo una tormenta. El barco empezó a tambalearse y parecía que en cualquier momento Poseidón engulliría aquél pedazo de madera que se atrevía a inmiscuirse en sus dominios. El barco zozobró y se elevó demasiado por estribor, y Spanky, que estaba sentado en el lado opuesto, cayó al agua. Intentó mantenerse a flote como pudo pero le costaba horrores, era demasiado pesado. El capitán al darse cuenta de lo ocurrido intentó virar para recogerle pero Skinny se lo impidió.

-No podemos perder más tiempo, continúa.

-¡Pero se va a ahogar!

-Eso no es problema tuyo, que no se hubiera caído.

El capitán asintió y el barco continuó su trayectoria original dejando a Spanky solo entre la espuma. Spanky, demasiado cansado para mantenerse a flote, tuvo que soltar a Tizona, le pesaba demasiado y su vida tenía una ligera prioridad que su arma, y vio como se perdía entre las profundidades aquella pieza de metal que tantas vidas había arrebatado. Intentó nadar para alcanzar el barco pero era inútil, cuanto más corría, más lejos estaba. Las esperanzas de Spanky se habían hundido junto con Tizona pero la diosa Fortuna se apiadó de él y decidió darle una oportunidad. Una sacudida brutal azotó al barco provocando que se quebrara el mástil y cayera al mar. El barco quedó a la deriva y Spanky pudo alcanzarlo tras una hora de intenso esfuerzo físico nadando. Cuando lo alcanzó, quedó inconsciente por el esfuerzo realizado y se quedó tumbado en la cubierta. Después de un tiempo, que podría ir desde los pocos minutos hasta los varios días, despertó, pero nada había cambiado. El barco seguía a la deriva y seguían rodeados por el gran azul. Tras dos días a la deriva, el capitán divisó lo que parecía ser una isla, por lo que Skinny y Spanky se alegraron, pero el capitán mantenía un semblante serio.

-No sé de qué os alegráis, idiotas, más de la mitad de las islas de estos mares están pobladas por horrores peores de lo que podráis imaginar, rezar porque hayamos tenido suerte y esté desierta.

Como la corriente les alejaba de la isla, no tuvieron más remedio que lanzarse al agua y nadar hasta la orilla, y quedaron allí tumbados, indefensos ante lo que albergaba aquél montículo de tierra que sobresalía del agua.








































viernes, 19 de abril de 2013

Capítulo decimotercero

CAPÍTULO DECIMOTERCERO

Skinny y Spanky tuvieron que abandonar el aeropuerto, por llamarlo de alguna forma, y cogieron una antigua carretera abandonada que les llevaría a la playa. Fue una larga caminata de más de tres horas de duración, y se hizo más larga aún porque nuestros personajes no intercambiaron palabra alguna, pero al final, consiguieron llegar sin estar demasiado cansados, y sin más dilación, fueron a preguntar donde podrían encontrar una embarcación que les llevara al otro lado del Gran Charco. Por la calle paseaba un hombre campechano, en chanclas, pantalón corto, y una camisa sucia abierta, al igual que el resto de su cuerpo, y la mayoría de sus dientes habían emigrado de su boca en busca de un mejor lugar donde vivir. Skinny pensó que aquél desgraciado no debía poseer demasiado nivel adquisitivo, pero aun así, se acercó y le preguntó.

-Disculpe caballero, ¿podría usted indicarme a mi y a mi compañero dónde podríamos encontrar un lugar donde se alquilen embarcaciones de largo recorrido?

-Está bien, pero antes tendréis que responderme una sencilla pregunta, ¿vale?

Skinny miró a Spanky con inseguridad.

-Vale.

-Bien, ¿cuánto es tres más dos?

Skinny titubeó.

-Podría decir con toda seguridad que cinco.

-¡Y POR EL CULO TE LA INCO!

El hombre pobre echó a reir. Skinny dedujo que estaba borracho, y no sabía si propinarle una buena paliza o darle una segunda oportunidad.

-Sí, vale, sin duda un chiste muy ingenioso que denota a todas luces su clase social pero... ¿podría indicarme como llegar al lugar que le he preguntado?

-Pues no sé, vete hacia el puerto, allí es donde se supone que se guardan los barcos en la mayoría de las sociedades.

A Skinny le molestó que ese ser se le riera en la cara.

-Está bien, deja que te haga una pregunta más y permitiré que vuelvas a tu mundo de alcoholismo y drogadicción, ¿llevas algo de valor encima?

-Pues llevo la cadenita de oro que me regaló mi madre al nacer, es lo único que llevo siempre.

Skinny sonrió.

-Me servirá.

Spanky agarró al borracho por detrás y Skinny le arrancó la cadena de oro, luego Spanky le pegó un rodillazo en las lumbares y se quedó tirado en el suelo, jadeando, mientras Skinny y Spanky se alejaban con su nuevo botín. Al cabo de unos minutos llegaron al puerto y pararon en el primer anuncio de viajes express que vieron. Inmediatamente salió el encargado.

-Buenos días señores, soy el Capitán Litt, ¿cuál de nuestras ofertas desean?

-Queríamos viajar a España.-dijo Skinny.

-Muy bien, tenemos a nuestra disposición sólo un barco de momento, los demás están en viajes actualmente, quieren esperar a que lleguen y poder elegir o prefieren salir cuanto antes?

-Saldremos cuanto antes.

-Bien, el barco que tenemos en puerto es un fsjal, construído hace cuatro años con madera de pino, sus viajes en él son un poco incómodos si les soy sincero.

-Da igual, viajaremos en esa cosa.

-Bien, ¿qué van a ofrecer como pago?

-Nuestra gratitud.

-Lo siento, es sin duda un intercambio interesante pero la política de la empresa solo nos permite aceptar objetos en metálico.

-Entiendo, pues tengo esta cadena de oro.

-Eso valdrá, suban a bordo.

Una hora más tarde, al anochecer, Skinny, Spanky y el Capitán Litt se lanzaron a la mar.




Al salir del instituto, Betty y Allison fueron juntas a casa, cosa que hacían la gran mayoría de los días no festivos. Eran amigas desde la infancia, y habían pasado juntas todos los momentos felices y, en mayor parte tristes, de cada una de sus tristes vidas. Betty era pelirroja, con pecas que le cubrían la cara y los brazos, y una tez blanca, típica de las islas británicas. En contraposición, Allison presentaba rasgos sudamericanos, es decir, tez morena, cara redonda, y esas facciones tan características de dicha raza. El denominador común de ambas señoritas era su sobrepeso, ambas poseían esa incómoda cualidad. Pero no era el típico sobrepeso que aparece cada vez más en las mujeres sedentarias de la sociedad actual, aquél que se conoce como "llevar unos kilitos de más", debido a la falta de ejercicio y la incontrolada ingesta de grasas de dudosa procedencia sin duda nocivas para el organismo, no, su sobrepeso era más que eso, llegaba incluso a rozar la obesidad. Betty y Allison achacaban sus fracasos sentimentales exclusivamente a su apariencia física, y culpaban casi a diario a la sociedad, que establecía sin miramientos que la belleza no era directamente proporcional al peso, y que fomentaba que las chicas estuvieran delgadas. Pero, en el fondo, tanto Betty como Allison pagarían lo que fuera por lucir el tipo de las mujeres que desfilan por las pasarelas, por sentirse deseadas, por poder quitarse la camiseta en verano sin pasar ninguna vergüenza por su aspecto físico.

-¿Te has enterado?-dijo Betty.

-¿Enterarme de qué?

-Pues de que ahora Zack Niggerson está saliendo con Paula Modestias, la zorra esa de la clase de al lado.

-Joder, que injusto es el mundo, esa chica no se lo merece, Zack es muy buena persona como para estar con ese bicho, no sé, estaría mucho mejor contigo o conmigo.

-Ya lo sé, pero los chicos de hoy en día solo se fijan en el exterior cuando lo que importa es lo de dentro.

-Toda la razón, vamos, parece que con estar buena, llevar escotes sugerentes y minifalda que se ve medio culo ya te puedes ligar a cualquiera, es que de verdad, que imbéciles son los hombres, solo piensan en el sexo, y no se dan cuenta de que están con una tía subnormal perdida.

-Ya ves, menuda mierda de sociedad, pero bueno, yo sigo creyendo que algún día llegará mi príncipe azul, y todo lo demás me dará igual...

-¿Y cómo es tu príncipe azul?

-Pues no sé, guapo, que sea buena persona, inteligente, irnos todas las noches en su coche a lo alto de la montaña y quedarnos allí mirando la Luna... Podría ser Zack Niggerson perfectamente, es tan mono...

-Pero ya lo has visto, se van con las de siempre, en este mundo no hay hombres para las mujeres de verdad como tú o como yo...

Al fin llegaron al cruce que separaba sus caminos, Allison se fue por la izquierda y Betty siguió recto. Al final Betty llegó al bloque de pisos donde vivía, eran unos apartamentos pequeños, sin piscina, descuidados, y poco acogedores. Al entrar a casa vio a su padre, Ralph, en calzoncillos con un ventilador rotando sus aspas a toda máquina para intentar liberar del sudor y refrescar su cuerpo grasiento y fofo, producto de años de malas comidas, y tardes enteras de cerveza en cerveza pasadas delante del televisor. Betty le dijo un escueto "hola", y su padre le respondió con un vago gesto con la mano, y se dirigió a su cuarto. El cuarto de Betty estaba pintado de rosa, y tenía posters por las paredes de personajes famosos del mundo del cine y de la música, adolescentes que les había llegado el éxito demasiado pronto y causaban furor entre las mujeres adolescentes de la mentalidad de Betty y Allison. Betty soñaba con ser la novia de alguna de aquellas celebridades y salir por todas las televisiones del mundo, ir a eventos, en fin, creo que no hace falta explicar cuáles son los deseos platónicos de quinceañeras mediocres sin muchas aspiraciones en la vida. Al cabo de un rato subió su madre de pasear al perro, también poseía sobrepeso, y tenía el pelo igual que Betty, pero su cara era totalmente distinta. Cuando le quitó el collar al perro empezó a gimotear, salir a la calle era el único anhelo de libertad que tenía, lo único que lo sacaba de aquella prisión psicológica, de esa familia, de la dejadez personificada, pero bueno, un perro no puede pensar mucho más que eso, todavía no se ha dado el caso de que "el mejor amigo del hombre" llegue a pensamientos muy profundos. 

-¡Berta, tráeme una cerveza de la nevera, haz el favor!-dijo Ralph entre gritos para que le oyera su mujer, a varias habitaciones de distancia.

-¡Voy!

Ralph estaba viendo el campeonato mundial de rugby, uno de antes de la guerra, ni siquiera sabía de qué año era. Estaba grabado en una cinta VHS que a veces daba problemas, pero menos era nada. El partido era Inglaterra contra Argentina, y cada día veía el partido con la vaga esperanza de que alguna vez el partido cambiara, pero no, día tras día veía como Inglaterra aplastaba a los pobres argentinos. Betty se puso a hacer los deberes, era una estudiante mediocre, de media suspendía una o dos asignaturas por evaluación, pero las recuperaba sin problema, su peor pesadilla eran las matemáticas y la física, y en cuanto pudiera se cambiaría a letras para liberarse de tan terrible agonía. En resumidas cuentas, esa era su rutina diaria, día tras día el mismo despertar, el mismo malestar general, las mismas conversaciones con Allison, todo era igual, y así transcurría el tiempo a la espera de que algún hecho utópico pudiera cambiar su rutinaria y triste vida que poco a poco la mataba por dentro, pero ese hecho no parecía llegar nunca...



































domingo, 24 de marzo de 2013

Capítulo duodécimo

CAPÍTULO DUODÉCIMO

Ginecólogo, ante el estruendo que provenía del exterior, se despertó de su cama sobresaltado y se asomó a la ventana. Para su sorpresa vio una auténtica batalla campal, con gente en el suelo, otros heridos, algunos muertos... y pensó que a lo mejor era por culpa suya, y decidió largarse de ahí cuanto antes. Cuando bajó a recepción, no vio al recepcionista, así que dejó las llaves encima de la mesa y salió de allí. Intentó aprovechar la oscuridad para pasar desapercibido, pero notó que alguien le estaba persiguiendo. Cada vez andaba más deprisa y más deprisa, y su perseguidor igual, hasta que al final, se dio rápidamente la vuelta desenfundando su valioso revólver con capacidad de cinco balas y disparó hábilmente a su perseguidor, acertándole en el vientre. Cuando se acercó, vio que se trataba de Madame y no pudo contener las lágrimas. 

-Lo.. lo siento Madame... lo siento mucho...creí que ibas a matarme.
-No te preocupes hijo, da igual...
-¡Por favor no te mueras, por favor!
-Hazme un último favor hijo, tienes que llevarle esta carta a mi hija Roslin, estará por algún prostíbulo de Tennesse, por favor, tienes que dársela...
-Yo..yo se la daré Madame, usted no se preocupe...
-Júramelo.
-¿Qué?
-¡JÚRAMELO!
-Se lo juro, Madame.

Unos instantes después murió, y Ginecólogo se fue de allí entre sollozos. Siguió escondiéndose entre la oscuridad de la noche, evadiendo a sus presuntos "perseguidores", hasta que alcanzó una antigua carretera abandonada que se metía en un bosque. Al cabo de cinco minutos andando por allí, el pueblo quedaba muy atrás y ni se oían los gritos de la gente muriendo. Siguió caminando y caminando pero nadie pasaba por allí. Probablemente incluso desde antes de la Guerra. Se acurrucó en la cuneta convencido de pasar allí la noche pero el frío pronto le hizo cambiar de opinión, y se adentró en el bosque, con la esperanza de encontrar un cobertizo donde descansar a salvo de las inclemencias del tiempo. Pero tampoco tuvo suerte y volvió a la cuneta, donde se tumbó en el suelo esperando a quedarse dormido. Una vez hubo conciliado el sueño, un claxon infernal le despertó, y cuando abrió los ojos vio dos luces amarillas acercándose hacia él a toda velocidad. El vehículo frenó en seco y un hombre enfurecido abrió la puerta y se bajó.

-¿Pero tú eres tonto, que haces ahí tumbado?
-Disculpe señor, no quería hacerle detener su marcha.
-¡Pues quita de ahí antes de que decida pasar con mi Chevrolet sobre tu trasero!
-Está bien señor, no se enfade, por cierto, ¿no se dirigirá usted hacia el sur?
-Pues la verdad es que sí, me dirijo hacia el sur, ¿por qué?
-Me preguntaba si sería tan amable de llevarme, al menos una parte del trayecto, hasta Tennesse.
-Pues has tenido suerte chaval, mis chicos y yo teníamos pensado pasar por allí antes de llegar a la frontera, para, ya sabes, lo que se hace en Tennesse...
-Me temo que no sé qué es lo que se hace allí, es que yo soy un forastero, no entiendo mucho las costumbres sureñas.

El hombre rió.

-Pues verás, en Tennesse se para por las putas, el alcohol, el póker, ya sabes, las costumbres americanas.
-Entiendo, pues encantado de poder acompañarle hasta allí, por cierto, estoy buscando a una tal Roslin, trabaja en un prostíbulo de allí, ¿no le sonará por algún casual?
-Pues me temo que no, chico, pero ya preguntarás por allí, por cierto, me llamo Ben Dyk Jameson, aunque con frecuencia me llaman El Guitarras, y mis chicos se llaman Jerry Dallas, que es el que está ahí metido, y Johny Carter, el que va en la parte de atrás, ya les llamo...
-No, no es necesar...
-¡Ey chicos, venid, tenemos compañía! 

Dos hombres jóvenes de alrededor de veinticinco años se acercaron.

-Mira, éste es Jerry y él es Johny, y tú eres...
-Ginecólogo.
-Eso, Ginecólogo.
-Encantado -dijo Jerry.
-Un placer -dijo Johny.
-Verás Ginecólogo, mis chicos y yo nos dedicamos a la compraventa de herramientas en México, la verdad es un negocio bastante rentable, yo estaba desesperado en el paro hasta que salió aquella bendita "Ley de la herramienta".
-¿De qué trata esa ley? -quiso saber Ginecólogo.
Pues verás, hará un par de años, el gobierno mexicano prohibió la distribución de herramientas debido a la alta subida del crimen tras la prohibición de las armas de fuego, es decir, los "malos" se pasaron de la pistola al destornillador, lo cuál es mucho más macabro, pero más barato y más práctico.
-Entiendo, y vosotros les proporcionáis las armas...
-No, no, a ver, que un montón de chusma use las herramientas para desatornillar huesos no quiere decir que no haya gente honrada que las necesite para trabajar, bien, pues nosotros se las llevamos a la gente honrada.
-¿Y cómo sabéis que van a usarlas con buen propósito?
-Pues verás, nosotros conocemos a los clientes, eran amigos nuestros y vecinos antes de que pusieran la Valla, así que confiamos en ellos... Bueno, ya nos hemos demorado mucho, sube a la parte de atrás, Johny te hará compañía.



Cuando Skinny despertó todo le daba vueltas, le dolía un montón la cabeza pero más le dolía la humillación por haber caído a las primeras de cambio. Todo el pueblo estaba yéndose, parecían los miles de judíos que abandonaron Egipto y deambularon por el desierto, solo que con gentuza peor. Skinny y Spanky se reunieron y dedujeron que era mejor seguirles antes que quedarse en aquél pueblo sombrío a la espera de que les cazaran los salvajes. No tardaron en darse cuenta de que se dirigían a un aeródromo situado a tres días de allí, y un vecino les dijo que volarían con "Aerolíneas Iveria", hasta la remota ciudad de Madrid, al otro lado del gran charco. En la marcha se unieron con los habitantes de Villaverde, que también sufrieron el acoso de los salvajes, y Skinny reconoció a los de la OTAN, pero fingió que no se daba cuenta y no les hizo el menor caso. Al llegar al aeródromo había dos aviones del mismo modelo, eran de ala alta, con cuatro motores de hélice y un gran tamaño. Cuando empezaron a embarcar, a Skinny le inundó un mal presentimiento.

-No vamos a poder pagarlo -le dijo a Spanky.
-Tiene toda la pinta, pero por probar no perdemos nada.

Pero al llegar la azafata no les dejó entrar y amenazó con llamar a seguridad si no se iban. Skinny le propuso a Spanky ir a la playa y coger allí un barco express que les llevaría hasta allí por un precio razonable. Spanky asintió y ambos salieron del lugar cabizbajos, y luego se quedaron a ver como despegaban los dos aviones hasta que se perdieron en el gran cielo azul.

















Capítulo undécimo

CAPÍTULO UNDÉCIMO

Aquél día Skinny se despertó por un alboroto y unos ruidos que procedían de la plaza mayor del pueblo. Picado por la curiosidad, se vistió tan rápido como pudo y fue a indagar, como de costumbre. Al llegar, vio a un montón de gente rodeando una plataforma donde se encontraba un hombre malherido y el nuevo asesor fiscal del pueblo, ese tal Leonardo, dando un discurso.

-¡Este hombre que veis aquí no sólo tiene la poca vergüenza de venir aquí sin pedir permiso siquiera, sino que nos amenaza diciendo que entreguemos el pueblo a esa panda de vándalos para que puedan robar y destruir a placer mientras nosotros agachamos la cabeza y lo consentimos! ¡Ni hablar! ¡Esos salvajes sabrán de qué madera estamos hechos, y ahora les enviaremos un mensaje! ¡Por votación popular! ¿Cómo declaráis a este individuo?

"¡Culpable, culpable!", rugía de manera ensordecedora el populacho.

-¡Bien, pues yo te sentencio a morir, joven bárbaro! ¡Ahorcadle!

Mans Ryder le puso la soga al cuello al mensajero, mientras suplicaba piedad, y Manuel Iborra tiró de la palanca haciendo que cayera y sonara un golpe seco. Todo el mundo vitoreaba y aplaudía la sentencia que había impuesto Leonardo ignorantes de que ya estaban condenados todos.

Por la tarde Mans Ryder reunió a todos los hombres del pueblo en la plaza mayor para prepararles contra el ataque. 

-Bien, los bárbaros acechan tras las colinas y atacarán esta noche, así que más vale que estemos preparados. En el pueblo sólo quedan tres rifles, y un total de noventa balas, y un revólver, con un total de seis balas. Esas son las armas de la policía. Supongo que muchos de vosotros tendréis escopetas en vuestras casas, así que nos vendría bien que lo dijerais. 

Media docena de ciudadanos alzaron sus brazos.

-De acuerdo, pues vosotros llevaréis vuestras escopetas, Leonardo llevará un rifle y treinta balas, Esqualo portará otro y Manuel Iborra el último. Yo llevaré el revólver. Los demás, fabricad cualquier arma casera que podáis, algo con lo que defenderos, si es que queréis tener alguna oportunidad de vivir. Id a vuestras casas a armaros, y al anochecer nos reuniremos todos aquí. Buenas tardes.

Skinny y Spanky se dirigieron a sus respectivas casas para armarse. Spanky no tuvo que pensarlo demasiado, se ató una plancha de acero al torso y blandiría a Tizona aquella noche. Skinny prefirió ir sin armadura, y solamente cogió una daga afilada. Más tarde se reunieron para hacer una catapulta y lanzarles "sorpresitas". Tardaron unas cuantas horas en hacerla, con materiales de los garajes de Skinny, Spanky, y alguna que otra casa abandonada del pueblo. Como munición cogieron botellas rellenas de gasolina y que posteriormente se incendiarían, una variante del famoso "cóctel Molotov". Después de los intensos preparativos, llegó al fin la noche y todos se reunieron en la plaza mayor. 

-El centinela me ha dicho que están todos situados al oeste, osea que caerán por esa montaña en sus caballos al galope, y tardarán antes de llegar hasta aquí, así que tendremos que aprovechar para dispararles todo cuanto podamos y matar a todos los posibles. Una vez lleguen aquí, que sea lo que Dios quiera.

La improvisada milicia se situó hacia el oeste y se quedaron esperando. Pasó una hora, y otra, pero no había el menor movimiento. Al cabo de un tiempo, se divisó una luz en lo alto de la montaña. De repente, un mal olor inundó el campamento, y Skinny cayó en la cuenta de que muchos estarían tan nerviosos y asustados que se habrían cagado encima. Al fin llegó el momento y se vieron un montón de luces bajando a gran velocidad la montaña.

-¡Aguantad!-decía Mans Ryder.

Leonardo, impaciente, acabó disparando, y su disparo se perdió en la oscuridad, y nunca sabría si había impactado a alguien.

-¡He dicho que aguantéis!

Las luces cada vez estaban más y más cerca hasta que pudieron divisarse los caballos y los salvajes encima, armados con arcos y flechas, lanzas y antorchas.

-¡Fuego!

Se escuchó un ruido ensordecedor y Skinny vio cómo un disparo le dio a un caballo que cayó redondo al suelo llevándose a su jinete con él. Los demás disparos le dieron al suelo.

-¡Fuego!

Un disparo le dio a un salvaje y perdió su brazo, otro le dio a un caballo y su jinete corrió la misma suerte, y el tercero le acertó entre ceja y ceja al que iba detrás. Skinny y Spanky dispararon uno de sus cócteles con la catapulta pero se quedó muy corto. Mientras recargaban, un silbido se escuchó por el aire hasta que Mans Ryder se dio cuenta de que eran flechas. Las saetas cogieron desprevenido a la milicia. Una pasó rozando la cabeza de Skinny, una se clavó en la catapulta, otra le dio a Esqualo en el pecho y le salió la punta por la espalda, y una última se calvó en la fachada de una casa de madera. Un ciudadano cogió el rifle de Esqualo y volvieron a disparar. Skinny y Spanky, en medio del intercambio de flechas y balas, volvieron a cargar la catapulta, y dispararon pero de nuevo sin éxito, la botella fue a parar entre dos caballos, sin alcanzar a ninguno. Volvieron a cargar un nuevo disparo pero al lanzar el brazo de la catapulta se partió por la mitad y la botella salió con tan poca fuerza que cayó entre sus tropas y prendió fuego a dos aldeanos. Mans Ryder fue a regañar a Skinny y Spanky pero justo antes de pronunciar una palabra un bárbaro le clavó una lanza en el cuello y fue a parar al suelo. Se levantó enfurecido y le disparó hasta que se quedó sin munición. Dos tiros le dieron al aire, uno al caballo y otro al brazo del salvaje. Después una lanza de un nuevo salvaje le travesó el pecho. Skinny esquivó hábilmente una flecha que se dirigía a su vientre pero un salvaje le golpeó en la cabeza con la lanza, a modo de maza, y le dejó inconsciente y con una brecha. Spanky le retiró a un lugar seguro donde los caballos no pudieran pisarle y se fue a la batalla. 

-¡Me he quedado sin munición! -gritaba desesperado Manuel Iborra.

Spanky salió de su escondite y le asestó un fuerte golpe en el vientre a un jinete con Tizona, derribándole del caballo, y cuando estaba en el suelo le dio otro en el cráneo, abriéndoselo. Cogió el arco de aquél jinete, cargó una flecha y la lanzó contra otro salvaje, pero erró por milímetros, y la flecha se perdió en la oscuridad. Spanky se giró y vio como Leonardo le reventaba la cabeza de un balazo con su rifle a otro salvaje. Tras unos minutos más de lucha, los salvajes se retiraron y volvieron a la montaña de donde habían salido, pero en su retirada Leonardo acabó con la vida de dos más. 

Al final amaneció y se hizo un recuento de bajas. Leonardo habló.

-Bien, el recuento es este: Hemos perdido veintidós hombres, entre ellos el sheriff, Mans Ryder, y otros como Esqualo Matasaurios, Diego de León Blackbird, y otros cuyos nombres no conozco. En cambio, hemos acabo con dieciséis bastardos, dieciséis bastardos que no nos molestarán más, y entre ellos su jefe.

A pesar de todo, la estadística salía negativa, y encima los salvajes eran mucho más numerosos, así que Spanky no veía mucha estrategia por ahí. Skinny seguía inconsciente. Todo indicaba que a duras penas podrían aguantar otro asalto, así que Spanky le propuso la idea a Leonardo de abandonar el pueblo. Leonardo le prometío que lo consideraría pero que sería muy peligroso con esos salvajes acechando por las montañas.

Spanky volvió a su casa y se quedó dormido en menos de un minuto.











jueves, 7 de marzo de 2013

Capítulo décimo

CAPÍTULO DÉCIMO

Ginecólogo despertó de un sueño profundo y sentía un malestar por todo el cuerpo dado que había dormido más de diez horas en el suelo y probablemente hubiera adquirido malas posturas. Se desnudó y fue a la ducha, pero al abrir el grifo el agua no fluía, lo cuál era algo que en mayor o menor medida se esperaba, en esos tiempos encontrar agua corriente era sólo propio de los ricos o los privilegiados. Se vistió de nuevo y bajó a recepción, donde hacía guardia el personaje que le atendió la noche pasada.

-Buenos días -dijo Ginecólogo en tono amable.
-Buenos días señor, ¿qué desea?
-Me preguntaba si había desayuno.
-El desayuno no está incluído en la oferta, me temo que tendrá que abonar cierta cantidad de dinero para hacer uso de ese servicio.
-Ah bueno, pues entonces déjelo, bueno, hasta luego.
-Hasta luego.

Ginecólogo salió del hotel con la intención de encontrar un bar para desayunar y de paso visitar el pueblo. A penas cruzó la calle le asaltó una mujer ostentosa y bien dotada.

-Buenos días buen hombre, ¿cómo va todo?
-Bi....Bien-dijo Ginecólogo con la voz entrecortada.
-He visto que tienes una habitación en ese hotel, ¿te gustaría que subamos y pasemos un buen rato?
-Hombre, pues acabo de salir para dar un paseo, vente conmigo si quieres y desayunamos.

La señora se quedó pensativa ante esa inesperada respuesta.

-Está bien, vayamos a desayunar.
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Madame, ¿y tú?
-Yo soy Ginecólogo, encantado.
-¿Y qué te trae por aquí, Ginecólogo?
-Asuntos personales.
-¿Y a qué te dedicas?
-Mmmmm.... A la construcción, ¿y tú?
-Pues básicamente a mantener contenta a la gente en estos tiempos que corren.
-Una bonita profesión, si señor, ¿y está bien remunerada?
-Pues depende de lo bueno que sea el cliente hijo -dijo Madame entre risas.
-Entiendo.
-Bueno chato, me has caído muy bien, si quieres nos podemos ver mañana a esta misma hora, si es que todavía estás por aquí.
-Si, todo parece indicar que seguiré estando, así que mañana nos vemos.
-Pues hasta mañana, adiós.
-Adiós.

Al despedirse, se dieron un beso en la mejilla.




La noticia de la llegada del Hambre había traído consecuencias devastadoras para el pueblo. Se habían perdido negocios, cosechas, puestos de trabajo, en general, un montón de dinero. Skinny y Spanky, al no tener padres ya, y en consecuencia, una fuente de ingresos, necesitaban buscarse algunos quehaceres para no tener que estar robando la comida día tras día y conseguir un poco de estabilidad. Aquél día habían asistido a clase, después de meses enteros de ausencia, aunque las cosas seguían más o menos igual que antes. Nadie interaccionaba con Skinny y Spanky, y Skinny y Spanky no interaccionaban con nadie. A última hora tenían inglés, y cuando estaban a punto de padecer de hastío, el profesor Don Manuel Iborra, que había sido fichado como nuevo profesor de inglés, dado que el otro había huído por la llegada del Hambre, ordenó la salida. Cuando Skinny y Spanky se disponían a salir, Iborra les hizo un gesto indicando que se pararan.

-Chicos, una preguntilla.
-Dinos-dijo Skinny.
-Como bien sabéis, las cosas en el pueblo están muy mal, mi propia carnicería ha quebrado debido a que nadie compraba una mierda, y gracias a Dios que conseguí este trabajo, pero aun así no me llega y necesito hacer trabajitos extra.
-Ve al grano.
-Bien, os voy a ser sinceros, como trabajo extra me estoy dedicando al narcotráfico, el problema que tengo es que en el colegio ya no quedan materiales químicos y los necesito para seguir fabricando mi mercancía, así que si me traéis lo que os pida, os pagaré bien, muy bien, y vamos, no es que esteis en condiciones de rechazarlo, que sé que os hace falta el dinero.
-Parece una oferta interesante, cobrar por hacer lo que más nos gusta, bien, trato hecho.
-Vale, lo primero que tendréis que conseguirme es sulfato de cobre (II), ¿Sabéis donde conseguirlo?
-Sabemos.
-Pues perfecto, no tardéis más de cuatro días y seréis recompensados con cincuenta dólares cada uno.
-De acuerdo, no le fallaremos Don Manuel.

Al salir de clase Spanky le preguntó a Skinny.
-Skinny, ¿sabes donde conseguirlo?
-Si quieres que te sea sincero Spanky, no tengo ni puta idea.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Pues no lo sé, podemos ir a Villaverde y robarlo allí.
-Tengo una idea mejor, y si usamos el Portal y lo robamos en ese colegio?
-Pues Spanky, por fín tienes una jodida buena idea, estoy sorprendido, vamos mañana si te parece bien.
-Mañana por la noche.
-Claro está, no quiero que me vean más de mil niños como me agencio sus productos de cocina.



-Estamos aquí reunidos Leonardo, Dragone Matasaurios "el Aqueménida", y Mans Ryder, además del Consejo Superior de Justicia del distrito. El tema a tratar será la destitución del actual Sheriff Dragone Matasaurios, por su incompetitividad y malversación de fondos, y al mismo tiempo la contratación de Sir Mans Ryder como nuevo Sheriff del pueblo. Bien, ahora se pasará a la recogida de firmas para la destitución de Dragone Matasaurios, ¿tiene algo que opinar el susodicho?
-¡No pueden echarme, llevo más de diez años de Sheriff en este pueblo, todo el mundo me quiere, es absurdo todo esto!
-Bien, Dragone Matasaurios, usted admite que durante estos últimos tiempos el nivel de criminalidad del pueblo ha crecido exponencialmente hasta límites insospechados que rozan lo absurdo, y usted no ha hecho nada por impedirlo ya sea por cobardía o por no damnificar a sus más allegados, ¿no es así?
-Es cierto que últimamente ha habido algún que otro problemilla, pero nada que no tenga solución, vamos a ver, estoy muy experimentado en mi puesto y nadie podría hacer esto mejor que yo.

El jurado mirada desconfiadamente a Dragone.

-Bien, si ya ha terminado sus inconvincentes declaraciones, pasemos a la recogida de firmas.

Leonardo entregó un papel a cada uno de los miembros del jurado y los recogió al cabo de un minuto.

-Bien, el resultado es de ocho votos a favor y uno en contra, Dragone, a partir de ahora queda usted oficialmente destituído del cargo de Sheriff, así que por favor, entregue su placa y su pistola en la comisaría.

Dragone salió llorando de la sala.

-Bien, el siguiente punto del día es la contratación de Mans Ryder como nuevo Sheriff, yo mismo le he propuesto, su historial en la Gran Guerra es impecable y estoy seguro de que reconducirá con puño de hierro a este caótico pueblo hacia la legalidad vigente impuesta por el Estado Mayor. Ahora procederemos a la votación.

Leonardo llevó a cabo el mismo proceso.

-Bien, el resultado es de cinco votos a favor y cuatro en contra, Sir Mans Ryder, a partir de ahora es usted el nuevo Sheriff de este pueblo, enhorabuena.
-Es un honor, juro que reconduciré este pueblo hacia un futuro mejor.
-Bien, si no hay nada más que aclarar, se levanta la sesión, gracias por asistir.

Al acabar el acta, Leonardo se fue a hacerse un corte de pelo. Al llegar no vio a nadie en la peluquería, hasta que llegó una chica bajita con el pelo rojizo y una voz dulce y agradable.

-Buenos días señor, ¿qué desea?
-Un corte de pelo, cortito.
-¿A máquina o tijera?
-No fantasmees que sé que no tenéis máquina.

La chica se sonrojó.

-Muy bien, pues a tijera pues, si me acompaña...

La chica llevó a Leonardo hacia el lavabo. Leonardo era esa clase de hombre que le gustaba hablar con quien sea, incluídas las peluqueras, una asombrosa habilidad dado que pocos hombres encuentran temas de conversación o interés para hacerlo.

-No hay nada como un buen lavado de cabeza después de un acta.
-¿Es usted abogado?
-No exactamente, me dedico a lo jurídico, pero no soy abogado exactamente, estoy a medio camino entre juez y asesor.
-Suena muy interesante, ¿dónde estudió?
-Pues en la Universidad Carlos III de Madrid, doble grado en Derecho y Administración y Dirección de empresas.
-Suena muy difícil, ¿le costó mucho?
-Pues para qué te voy a mentir chata, el primer año sí, pero los demás fue coser y cantar, nada del otro mundo.
-A mi siempre me llamó la atención hacer una carrera, pero mi sueño desde pequeña era ser peluquera.
-Todavía no sé tu nombre...
-Arsene.
-Qué nombre más curioso, ¿de dónde proviene?
-Del francés creo, o eso me decían mis padres, no lo sé con seguridad.
-Y bueno Arsene, ¿piensas ser peluquera toda tu vida o tienes otras metas?
-Pues no me lo he planteado todavía, con dieciséis años... aún me queda mucho por delante.
-Sí bueno, en la vid..¡Au! ¡Me has cortado!
-Lo siento, se me fue la mano...




Ataúlfo y Emilio eran dos personas que técnicamente padecían "una especie de retraso extraño". Cuando volvía de la universidad de los encontraba en el autobús que me acercaba de la parada de Mar de Cristal a mi casa, iban los dos pegados a la puerta hablando de sus cosas. Ataúlfo tenía el pelo blanco, los ojos azules, y era alto y delgado, en cambio Emilio era bajito, con sobrepeso, y ojos marrones. Si os soy sincero llevaba días observándoles e incluso había desarrollado un estudio estadístico de cuándo tocaba verles y cuando no. Pero cierto día, esos estudios se rompieron, cuando vi a Ataúlfo volver sólo, sin Emilio al lado, lo que provocó que me picara la curiosidad. Durante un tiempo seguí viendo a Ataúlfo sólo, hasta que cierto día le dejé de ver para siempre.












martes, 12 de febrero de 2013

Capítulo noveno

CAPÍTULO NOVENO

-Muy bien, dígame su nombre si es tan amable -dijo el recepcionista.
-Soy Ginecólogo.
-¿Y apellidos?
-No tengo.
-Entiendo, bien, pues la habitación serían unos cien dólares la noche, con todo incluído.
-Perfecto, pues aquí va para unas tres noches.
-A ver... cien, doscientos, trescientos... sí, está todo, muchas gracias, bienvenido y esperemos que tenga una feliz estancia.
-Muchas gracias, por cierto, ¿cuánto le pagan actualmente en su puesto de trabajo?
-¿Por?
-Nada, sólo era curiosidad.
-Lo suficiente para mantenerme a mi y a la pobre de mi mujer, que desde que quedó pentapléjica al intentar suicidarse no tenemos para muchos gastos.
-El suicidio no renta.
-No.
-Adiós.

Ginecólogo subió las escaleras de aquél maltrecho hotel y se dirigió a su habitación. Era la número doce. Ginecólogo se quedó pensativo y bajó de nuevo las escaleras.

-Disculpe señor.
-¿Sí? ¿Hay algún problema?
-Creí haber dejado por escrito que quería una habitación impar.
-Lo siento mucho señor, pero a mi no me llegó ninguna información, pero si le place, se la podemos cambiar, ¿cuál desearía?
-Deme la once si puede ser.

El recepcionista se puso a buscar entre el armario hasta que al cabo de un minuto se dio la vuelta.

-Ha tenido suerte, la once era la única que nos quedaba impar.
-Ya lo sabía, buenas noches.

Ginecólogo se dio media vuelta, y empezó a caminar rumbo a su habitación, ante la cara pensativa de aquél simple recepcionista. Ginecólogo alcanzó su habitación y dejó la mochila con sus efectos personales encima de la cama, y acto seguido empezó a investigar su nuevo cuarto. Movió la cama y vio que había un agujero en la pared que conectaba con la habitación número doce, y lo tapó con un sucio calcetín que sacó de su mochila. Después intentó encender sin éxito la antigua televisión, y al cabo de numerosos intentos fallidos, se tumbó en el suelo y quedó allí dormido.




Skinny se levantó de su cama dolorido, había pasado muy mala noche y apenas había conseguido dormir un par de horas. Después de asearse, salió a la calle en ayunas y fue directo a la casa de Spanky. Skinny llamó a la puerta pero no hubo respuesta. Pensó en volver a llamar pero consideró que era mejor no hacerlo, Spanky saldría cuando tuviera que salir. Al cabo de tres horas Spanky salió a la calle, y juntos se fueron a donde habían estado la última vez, lo llamaban "El Intercambiador". Estaba en lo alto de la montaña, en un bosque frondoso, mas concretamente en una antigua cueva donde supuestamente antes pasaba un río. Se adentraron en dicha cueva hasta que llegaron al final, donde había pintada una boca demoníaca en una pared. Skinny y Spanky apoyaron en el interior de la boca su mano izquierda aplicando una presión constante, y notaron cómo el mundo giraba alrededor suyo y acabaron en la misma posición pero todo estaba del revés, como si de un espejo se tratara. Al salir de la cueva seguía habiendo un bosque, pero ligeramente distinto al original, y más allá del bosque la realidad cambiaba completamente. Skinny y Spanky avanzaron hacia los límites de aquél bosque bajo un frío intenso y llegaron a un complejo de edificios vallado. La valla estaba compuesta de un metal pintado de verde, desgastado, y la parte de arriba acababa en afilados pinchos. Skinny y Spanky rodearon el perímetro vallado hasta que llegaron a una puerta que se encontraba abierta, y decidieron entrar por ahí. Caminaron por una senda que estaba situada entre un campo abandonado y otro de fútbol, posteriormente se encontraron con uno de baloncesto, techado, y unas escaleras. Subieron las escaleras y se encontraron un edificio blanco, bastante alto, y con unas escaleras rojas que llevaban desde el suelo al piso superior. Skinny y Spanky intentaron subir por ahí pero una puerta cerrada se lo impedía. 

-Spanky, ya sabes qué hacer.
-No creo que sea buena idea, este sitio no es por donde habitamos nosotros, deberíamos ser cautelosos.
-Menudo cagado...

Skinny y Spanky siguieron caminando y se encontraron de nuevo unas escaleras, con una gran puerta roja metálica de barras impidiendo el paso a la parte superior. 

-Skinny, creo que estamos en un colegio.

Skinny, ante semejante obviedad, hizo caso omiso y saltó la valla. Se encontró de nuevo en un patio, con unos grandes bloques de edificios interconectados al frente, y un pasillo a mano derecha. decidió ir por el pasillo y llegó a un jardín, con un montón de árboles de distintas especies. Siguiendo el caminito que había por el jardín, llegó a un nuevo edificio, más pequeño que los anteriores, y con muchas ventanas. Se asomó por una de ellas y vio a un señor durmiendo. Skinny dio dos toques a la ventana provocando que el señor se despertara y se asomara. Skinny se agachó e impidió ser visto, y permaneció escondido hasta que aquél señor abrió la puerta de ese edificio y empezó a ver quién andaba por ahí.

-¿Quién anda ahí? ¡Sal de donde estés!

Skinny, aprovechando, se coló sigilosamente dentro de aquél edificio y vio que había muchas habitaciones. Vio que una estaba con la puerta abierta y dedujo que se trataba de la del señor que acababa de salir. Entró y cerró con pestillo. Había una estantería con un montón de libros sobre religión, una cámara de fotos, la Biblia, y un ordenador portátil. Skinny conocía la existencia de aquellos aparatos, que apenas unos pocos quedaban en funcionamiento en el mundo actual, y conocedor de su valía, lo llevó consigo. Salió de la habitación y entre las sombras llegó a la puerta roja donde había dejado a Spanky. 

-Mira lo que he conseguido.

Le pasó el ordenador entre los barrotes y saltó la valla. 

-Imagina lo que podremos ganar con esto.
-Tenemos que volver más veces.

Ambos regresaron a aquél bosque y metiéndose por aquella cueva regresaron a su realidad.

Al día siguiente Skinny desayunaba leyendo un periódico que acababa de robar al repartidor. En él se anunciaba el fichaje de Leonardo por parte de la comisaría, para ayudarles en la ejecución de las leyes y establecer el orden. Leonardo era licenciado en un doble grado de dirección y administración de empresas, la famosa ADE, y derecho, por la universidad Carlos III de Madrid. Debido a razones que sólo él conoce, aunque se cree que era para operarse de su rodilla, emigró a los Estados Unidos y se quedó allí trabajando. Después de la guerra quedó sin trabajo, al quedar su edificio destruido del impacto de un proyectil perdido, y como es lógico, en la postguerra, donde triunfaba la anarquía, nadie necesitaba un licenciado en ADE y derecho, por lo que la de la comisaría era una oferta que no podía rechazar. Además, se le pagaba una casa, un elevado sueldo, y un par de muchachos que le ayudarían en lo que creyera conveniente. Skinny pensó que Eric Wiseman, el redactor-jefe (y único) del periódico local, había elogiado demasiado a Leonardo, pero no le dio mucha importancia, al fin y al cabo, a él qué coño le importaba, aunque a partir de ahora debería tener más cuidado, no podría disfrutar tanto de aquél vacío legal en el que hasta ahora se encontraba.

Mientras seguía leyendo el periódico, de repente escuchó un montón de gente gritando y saliendo de sus casas. Todos salían con las maletas hechas y con sus familias corriendo despavoridos. Skinny paró a un viejo de la calle.

-¿Qué pasa, viejo? ¿Por qué corre todo el mundo?
-Es el Hambre, viene el Hambre.

Skinny le dejó ir y se retiró a su casa sorprendido.

-No me puedo creer que todavía se sigan creyendo esas gilipolleces.

Aquello era una leyenda urbana, desde niño le habían dicho que antes de la guerra, el Hambre era el mayor azote del mundo, el problema de la mayoría de los seres humanos y todos le tenían un pavor espeluznante. El Hambre se fue expandiendo, invadiendo primero África, Sudamérica, y fue adentrándose en Europa, Asia y América del Norte, arrasando ciudades enteras, cobrándose millones de víctimas.

Skinny no se creía esas patrañas, al igual que Spanky, era imposible que algo así existiera, y además, muchos habían hecho un buen negocio "precidiendo" por donde iba a atacar el Hambre y como defenderse de él, aunque en su época, nadie le había llegado a ver. Se decía que el Hambre estaba por sitios lejanos, arrasaba aldeas de países lejanos, pero no conocía a nadie que la hubiera visto con sus propios ojos. Simplemente era una tontería, como los fantasmas. Siempre le habían caído mal esos falsos profetas que anunciaban la llegada del Hambre y se forraban vivos aprovechándose de la ignorancia de la gente común, se les ofrecía dinero, tierras, pertenencias, mujeres, incluso algunos hombres llegaban a ofrecer a sus esposas e hijas que pasaban a formar parte del harén privado del profeta. 

Después de pensar sobre este tema, se dirigió a la cocina y vio una nota:

"Hijo, hemos huído con los demás del pueblo por la llegada del Hambre, no te hemos avisado porque consideramos que eres mayor como para tomar tu propia decisión, si decides venir con nosotros nos podrás pillar fácilmente, hemos tomado rumbo hacia el norte, y si no... que sepas que aunque tengas todos esos problemas siempre te querremos y nunca te olvidaremos.

                                                           Con amor, papá y mamá"

Skinny se apenó por la marcha de sus padres, a los que tenía un ligero aprecio y un sentimiento de deuda, dado que le habían dado la vida, y también tuvo un sentimiento de rabia por ser tan imbéciles de creerse ese cuento chino. Pero no pensó más en ello, y se fue a la cama. Ahora sólo tenía a Spanky.

















domingo, 3 de febrero de 2013

Capítulo octavo

CAPÍTULO OCTAVO

-Me desperté. Era domingo. Odio los domingos. Tener que pasar todo el dichoso día con la alienación colegial, es decir, todo el día pensando en que mañana vuelves a la rutina y vuelves a cumplir obligaciones, tu libertad vuelve a desaparecer durante, en mi caso, cuatro días, pero la mayoría de la gente no tiene tanta suerte como yo y les desaparece cinco, un eterno ciclo de malestar donde lo único que nos hace seguir para adelante es el advenimiento de algún evento importante, donde en la mayoría de las personas son las llamadas vacaciones, pero en mi caso espero algo más importante e inesperado. Terminé de desayunar, me duché, me vestí, hice todas esas cosas que suelen hacer las personas normales, hasta que decidí sentarme delante de la pantalla del ordenador y escribir un nuevo capítulo de "Skinny & Spanky", esa especie de novela que estaba escribiendo. Cuando me conecté a Twitter, lo que vi me dejó de piedra. Tenía una nueva notificación, algo que rompía todos los esquemas que concebían mi mente. "Skinny Jeans te ha seguido." Aquello era imposible. Era simplemente imposible, un personaje que yo mismo he creado no puede pasarse a la dimensión del mundo real, no podía ser. Esa situación me recordó bastante a la que aparece al final de "Niebla", de Miguel de Unamuno, donde el protagonista y el autor se encuentran y dialogan. Al principio pensé que eso era una chuminada, sólo era un simple libro, era una idea novedosa pero no dejaba de ser un libro. Pero más tarde pensé: "¿Y si a Don Miguel de Unamuno le ocurrió lo mismo que a mi?" Desde luego era una premisa interesante. Sería una especie de unión entre esas dos dimensiones, porque, ¿cuál sería la real? ¿la del protagonista en la cual habla con el autor, o la nuestra, donde el autor habla con el protagonista? Es decir, ese diálogo ocurre en el libro, en nuestro mundo, ¿o en ambos a la vez? La cabeza me empezaba a dar vueltas. Me surgían un montón de paradojas, similares a las de los viajes en el tiempo, sí, las típicas de: "¿Si viajas en el tiempo al pasado y matas a tu abuelo, luego al volver como podrías existir?". Apagué el ordenador. Tenía miedo por dos razones, una era que me estaba volviendo loco, y la otra era que a lo mejor Skinny y Spanky andaban sueltos por el mundo real. Sinceramente, no sé cual de las dos era peor. No me hacía a la idea de que hubiera un par de esquizofrénicos con instintos homicidas circulando libremente por las calles de algún pueblo de Estados Unidos. Pensando sobre este tema se me ocurrió otra pregunta interesante. ¿Si decido acabar en el libro con la vida de Skinny y Spanky, acabaré con ellos también en la realidad, en el caso de que existan? Decidí no hacer la prueba. Tenía miedo de que, si salía mal, vinieran a por mi y que la cosa acabase como el rosario de la aurora, porque no había duda de que sabían de mi existencia, porque me estaban siguiendo en Twitter, lo que no sabía era si ellos conocían que yo era el autor de esa novela, yo decidía lo que hacían, lo que no hacían, lo que decían, a quién pegaban... Pero claro, en el mundo real eso ya no era así, porque yo no había escrito que ellos iban a salir del libro para seguirme en Twitter, aunque, pensándolo bien, lo estoy escribiendo ahora. Entonces, ¿pueden los personajes hacer cosas antes de que yo las escriba? Es decir, la idea es que yo escribo algo y ellos lo hacen, pero ahora soy yo el que está sometido, ahora se cambian las tornas, ahora ellos hacen algo y luego yo lo escribo. Es un cambio de la relación causa-efecto, ahora es efecto-causa. Aquellos pensamientos estaban haciendo que me entraran escalofríos y empezara a sudar, así que intenté olvidarme del tema. Por la tarde en teoría iba a repasar algo de lo visto en clase, ponerme al día con las asignaturas, pero no sé si todo lo que está pasando me va a permitir concentrarme. Me gustaría poderle preguntar a Don Miguel de Unamuno qué fue lo que él hizo, como solucionó su problema, bueno, si lo sé, decide acabar con la vida del protagonista, y seguramente yo debería hacer lo mismo, pero tengo la duda de qué pasaría si Skinny me arranca la cabeza antes de que acabe con su vida. Quiero ver hasta donde llega la madriguera de conejo. Ésto es algo que cambia las tornas de como los humanos conciben el mundo. Por ahora, sólo compartiré ésto con mis lectores, y esperaré hasta que escriba un nuevo capítulo de "Skinny & Spanky" a ver como evoluciona el asunto. Madre mía, quién sabe como acabará esto...













lunes, 28 de enero de 2013

Capítulo séptimo


CAPÍTULO SÉPTIMO

Spanky salió corriendo de aquél lugar. Empezó a callejear por las estrechas calles de Villaverde hasta que llegó al polígono industrial abandonado, y se refugió en una antigua fábrica de muebles. Aquella fábrica de muebles era un lugar tétrico, con tablones de madera por el suelo llenos de telaraña y suciedad, las ventanas negras por el polvo sin limpiar de años y años y un olor asqueroso que incomodaba bastante a nuestro querido Spanky. Corrió hacia el fondo de la fábrica pero alguien le hizo la zancadilla y cayó de bruces contra el suelo. El agresor saltó encima suyo y le tapo fuerte la boca con la mano.

-¿Quieres que nos maten a los dos, osito? -Dijo el agresor.

Acto seguido, entraron cinco encapuchados armados con palos afilados y se desplegaron silenciosamente por toda la fábrica. Spanky y su nuevo compañero seguían escondidos, cuando un encapuchado pisó un cable que accionaba una trampa y un enorme piano cayó a escasos milímetros de su cabeza, pero quedó ileso. El nuevo compañero de Spanky salió de su escondite gritando y cargó contra un encapuchado, le quitó el palo afilado y se lo ensartó en las costillas, luego cargó contra otro con un golpe vertical descendente pero el encapuchado lo bloqueó, y otro que venía por detrás le golpeó fuertemente en la nuca, con lo que fue directamente al suelo y allí se reunieron todos e hicieron que el Dios de la Muerte tuviera un afiliado más. Spanky permaneció en su escondite hasta que los encapuchados restantes se acercaron lo suficiente y saltó contra uno de ellos, pero su pierna herida le jugó una mala pasada y se golpeó contra una mesa. Los encapuchados se quedaron mirando y le empezaron a propinar una gran cantidad de golpes hasta que Spanky quedara inconsciente. 

Spanky despertó al lado de Skinny, ambos estaban amordazados y no podían moverse. Skinny estaba inconsciente. Spanky intentó soltarse pero era inútil. Cuando agotó todas sus fuerzas intentó que apareciera Hungaro pero tampoco lo consiguió y se desesperó. Al cabo de tres horas entró el Darescais con dos de sus hombres en la salita donde se encontraban, y les quitó la cinta de la boca para que hablaran.

-Hola mis queridos amigos -dijo el Darescais- seguramente os preguntaréis que por qué os hemos capturado y dentro de poco torturado. Me caéis mal. Simplemente. Yo no quiero en mi pueblo gente que me cae mal. Y además gente que habla con la OTAN. No, no, no, no saldréis vivos de aquí, vuestra muerte será lenta y agónic...

-Oh venga, tío -interrumpió Skinny - ¿acaso se puede ser mas cliché? "Vuestra muerte será lenta y agónica" pero vamos no me jodas, ¿estamos acaso en una puta película de James Bond? Es que joder, no sabes qué patético queda, madre mía, no sabes la vergüenza ajena que estoy sintiendo, joder, es que ahora mismo soy tú y yo qué sé, me tiro por la puta ventana de lo mal que estoy quedando, no me jodas...

El Darescais se quedó bastante pensativo y dijo:
-Sí, pues como quieras, Rug, córtale la cabeza.

-Oh tío, ahora no me jodas que vas a cambiar de opinión porque te lo diga yo, es que no se puede ser más homosexual, vamos, que un prisionero tuyo al que vas a matar te manipule, vale que antes parecías patético, pero es que ahora lo acabas de demostrar, no sé como los dos payasos que llevas de guardaespaldas dejan que una maricona negra como tú les pueda dar órdenes, yo es que flipo colega, lo tonta que puede ser la gente...

-¡Dios, ahora sí que la has cagado, vas a morir entre terribles sufrimientos!

-Joder, y ahora se copia de Antonio Recio, mira que he conocido gente con poca personalidad, pero es que la tuya parece una puta caja de Kentucky Fried Chicken en medio de una tribu africana en época de sequía, macho, impón un poco, que pena das...

-¡Rug, córtale la cabeza ya!

-Lo siento maestro -dijo Rug- pero tiene razón, yo creo que podría ser mucho mejor líder que tú, soy más fuerte, tengo más personalidad, los soldados me quieren más...

-Oh Dios lo que me faltaba por oir, ahora mi hombre más leal se amotina, ¿sabes qué? Eso es alta traición y se paga con la muerte, Chetto, acaba con Rug.

El otro hombre desenvainó una fina pero consistente barra de hierro y Rug sacó de su bota una pequeña daga plateada. Ambos se encararon y empezaron a dar vueltas mirándose fíjamente uno al otro. Después de unos segundos, Rug llevó la iniciativa e intentó asestarle una fuerte puñalada en el pecho a Chetto, pero éste la esquivó hábilmente e impactó su barra de hierro contra el cuello de Rug. Rug pegó un fuerte grito y se lanzó salvajemente contra Chetto y empezó a darle una puñalada tras otra hasta que acabó abriéndole la tripa y sacando al aire libre todas sus vísceras. Ante esta situación, Darescais salió corriendo de la habitación y Rug desató a nuestros protagonistas, que estaban contemplando felizmente aquella pintoresca escena.

Salieron a las afueras del pueblo y cuando fueron al párking vieron que el Spanker estaba en llamas. Skinny pudo sentir el odio que estaba generando Spanky en ese mismo momento así que le calmó un poco y ambos fueron caminando a casa. Las fiestas de Villaverde habían sido una ruina. Skinny le prometió a Spanky que volverían.

Capítulo sexto


CAPÍTULO SEXTO

Se acercaban una de las fechas del año que más le gustaba a nuestros queridos antagonistas, y no eran ni más ni menos que las fiestas de Villaverde. Villaverde era un pueblo situado no muy lejos del de Skinny y Spanky, y fue creado en honor al famoso barrio madrileño. Para ser sinceros, Villaverde no gozaba de muy buena fama, según Skinny estaba lleno de "kinkis", "zorras", "prostitutas" y "guanches". A pesar de esto, Skinny y Spanky disfrutaban un montón aquellas fiestas, y no se las perderían por nada del mundo. El día antes Spanky terminó de construir su famoso "Spanker", que no era más que un vehículo construído a partir de coches y materiales usados. Estaba reforzado con unas planchas de acero, descapotable y portaba un "lanzapatatas", es decir, una especie de cañón que consistía en un tubo que se recargaba con gas inflamable que se prendía, y expulsaba a toda velocidad el objeto que se metía por el otro orificio. 

Al día siguiente, Skinny y Spanky madrugaron y Spanky arrancó su peculiar vehículo. Skinny en vez de colocarse en el asiento del copiloto, se puso de artillero y cargó el cañón. Spanky inició la marcha y rápidamente se puso a la que él consideraba la velocidad de crucero del Spanker. Mientras atravesaban el desértico paisaje Skinny divisó un poblado de chabolas, así que calibró el cañón, y disparó el cóctel molotov que había metido, impactando de lleno en una de aquellas chabolas y haciéndola saltar por los aires. 

Al cabo de diez minutos llegaron ya al famoso poblado y Spanky aparcó en un sitio reservado para minusválidos pero ya abandonado. Antes de ir donde estaba la fiesta, Skinny le dijo a Spanky que le esperara, que tenía que ir a la autoescuela a preguntar unas cosas. Cuando Skinny llegó, se puso a hablar con María Villalobos, la secretaria.

-Hola, ¿qué desea?
-Quería apuntarme en el curso básico.
-Muy bien, ¿Cómo desea pagarlo?
-Por trueque.
-De acuerdo, ¿qué puede ofrecer?
-Un kilogramo de heroína.
-Por menos de cuatro no puedo negociar.
-¿Está de coña? A ver quienes te pueden conseguir tanta mercancía junta...
-Yo lo siento, pero es lo que me dice mi jefe.
-¿Quién es tu jefe?
-Se llama Javier Blazaro.
-Pues joder, a ver donde consigo tres kilos de heroína...
-Si yo te entiendo, las cosas están muy mal...
-Es que cada vez vivimos peor.
-Si, tenemos a esta especie de gobierno que no hace nada, sólo forrarse y vivir del cuento y exprimir a sus ciudadanos.
-Pues sí, es una putada trabajar ocho horas diarias y con sólo tres semanas de vacaciones...
-Toda la razón, mira, yo si fuera del gobierno haría esto, obligaría que por cada puesto de trabajo se obligara a contratar a una persona que esté en el paro, que uno trabaje por ejemplo de lunes a jueves, y el otro viernes, sábado y domingo, así el negocio estaría abierto todos los días de la semana y se aumentaría la productividad.
-Ya, pero tendrías que pagar dos sueldos en vez de uno...
-Bueno, pues porque el empresario deje de ganar un poco menos de dinero no pasa nada, que ellos ganan mucho, hay que hacer más chicha al empresario.
-Ya pero no sé, no puedes obligarle a contratar a alguien, es su local, el tiene que contratar a quien le dé la gana ¿no?
-Bueno, pero no pasa nada porque se les dé un poco de caña.
-Yo lo que creo es que deberían reducirse los horarios laborales y aumentarse las vacaciones, y que el empresario sea el que decida si le renta contratar a otro o no hacerlo.
-Si, puede ser una buena medida eso, pero bueno, nos estamos desviando del tema, ¿al final te interesa la oferta o no?
-Está bien, la acepto, ¿puedo pagarle mañana?
-Por supuesto, yo te apunto aquí y ya mañana vienes y te doy las cosas.
-Está bien, bueno, pues hasta luego, muchas gracias.
-Hasta luego.

Skinny volvió donde había dejado a Spanky y éste le dijo:
-Joder Skinny, ya era hora.
-Lo sé, pero me he enrollado hablando con la miserable de la dependienta.
-Tío, todavía no entiendo muy bien por qué haces eso, si sabes de sobra que no vas a ir jajaja.
-Lo sé, pero me gusta, me hace sentir bien.

Cuando caminaban a la plaza mayor, se cruzaron con un par de "zorras".

-Hola guapos, ¿tenéis un piti?-dijo una de ellas.
-Dime quien cojones te crees que eres para hablarme así-respondió agresivamente Skinny.
-A que te llevas una ostia, pipa de mierda.
-Haz tan siquiera el amago de tocarme y esta noche cenas bajo tierra zupia.
-¿Qué me has llamado?

La chica se acercó a Skinny y sin dudarlo Spanky le soltó un guantazo con el reverso de su mano que la tiró al suelo. Posteriormente se levantó con la boca sangrando y dijo:

-Panda de pringados, la habéis cagado, voy a llamar al Bocamazorca.
-¿Quién es ese puto toli?-respondió Spanky.
-Uno que os va a dejar las cosas claras, panda de niñatos.

Las zorras se fueron por su camino y Skinny y Spanky reanudaron su marcha sin comentar lo sucedido. En realidad ambos se preguntaban en su interior quién podría ser ese tal Bocamazorca, pero no llegaron a comentarlo con el otro.

Siguieron caminando por la calle y vieron una pelea, eran cuatro adolescentes apaleando a un negro con un ligero sobrepeso. Skinny se acercó a uno, que llevaba una camisa de cuadros y una gorra que ponía "OBEY", y le dijo:
-¿Puedo colaborar yo también?
-Si ya hemos acabado casi, no te preocupes tío.
-Una pena, por cierto, ¿por qué le pegáis?
-Porque quería amenzarnos el negro este, que encima le envía el Bocamazorca.
-¿Quién es ese tal Bocamazorca?
-Pues verás, es que somos dos bandas, nosotros somos la OTAN, y ellos no tienen nombre pero forman una banda y estamos todo el día matándonos, mira te presento, yo soy Ekru, el chaval de la rasta sin camiseta es Depredador, el de la sudadero de que pone "VANS" es Rapid, y el de las botas es Facas, o "el niño borracho", como quieras llamarle.
-Entiendo, ¿y sólo sois vosotros?
-Qué va, somos nueve, quedan Pepo, Sora, Cabrón, Polikarpo y Cuervo.
-Entiendo, ¿y vuestros enemigos quiénes son?
-Pues verás, son unos pocos pero tienen contratada mucha chusma que les hace el trabajo sucio, como este negro de aquí, pero la banda la forman el Bocamazorca, la princesa Alien, Fermín el Fiero, el Darescais y el Diablo.
-¿Quién pone los motes aquí? Vaya nombres más raros por Dios...
-Pues no sé jajaja pero bueno, también hay otra banda que se hacen llamar Equalia, y están el Chocovarro y el Equalizer sólo, sus demás efectivos han muerto ya pero esos dos son muy jodidos de matar, y nos putean un huevo.
-Está bien, bueno chico con la gorra de Obey, me tengo que ir, ya nos vemos si eso, hasta nunca.

Para su sorpresa, cuando llegaron a la plaza mayor, que se supone que era donde estaba la fiesta, encontraron una veintena de cadáveres, cada uno con una rosa negra en la boca. A todos les habían sacado los ojos y yacían boca arriba. Skinny y Spanky se alarmaron y sacaron sus armas, Skinny su cuchillo y Spanky a Tizona. De repente, una flecha con punta de hierro silbó el aire y se clavó en la pierna de Spanky, y a Skinny le envolvió el cuello una fina cuerda que le estrangulaba y que en poco tiempo le haría perder el conocimiento. Spanky se retorcía de dolor en el suelo viendo como dos hombres encapuchados se llevaban a Skinny y se percató de que alguien le observaba desde el balcón con una mirada profunda. Tenía el pelo rojo óxido, una nariz pronunciada y un abrigo que le llegaba hasta los talones. Hungaro apareció de la nada y le indicó que aquél era el Darescais, y que si no espabilaba en pocos minutos vendrían a por él y correría la misma suerte que los cadáveres que cubrían la plaza mayor.

Capítulo quinto


CAPÍTULO QUINTO


Hoy era un día muy especial para Skinny y Spanky, estábamos a 31 de octubre, y es tradición en los países anglosajones celebrar la fiesta de halloween, celebración que encandilaba sobremanera a nuestros protagonistas, más incluso, que nochebuena o el día de sus cumpleaños. Pero en el pueblo donde se desarrolla nuestra historia no se celebraba exactamente igual que en la actualidad, cada uno lo celebraba a su manera, por ejemplo, los redentores (grupo nazi católico) se dedicaban a la caza de negros, latinos o demás razas inferiores y debido a que era halloween la policía no les decía nada (aunque siendo francos tampoco lo hubieran hecho en cualquier otro día), los niños pequeños, como era costumbre desde hacía años, pasaban por las casas pidiendo caramelos con el famoso "¿truco o trato?". En su niñez, Skinny también celebraba halloween así, y la gente siempre le daba caramelos porque no querían correr la misma suerte que el ex-alcalde del pueblo, que en vez de decirle trato y darle caramelos, le dijo truco, y Skinny le metió un balazo entre ceja y ceja. Pero ya había crecido y consideraba ridículo y humillante ir pasándose por las casas en busca de una recompensa gastronómica. Ahora se dedicaba junto con Spanky a su pasatiempos favorito, asustar y pegar a gente, solo que como era halloween se disfrazaba de algo que diese miedo. El disfraz que había conseguido Skinny para este año era el de un oficial de las SS y el de Spanky consistía en una mera sábana blanca con agujeros en los ojos y en la boca, pero sus trazos imperfectos le daban un aspecto aterrador. Ya estaban los dos en casa de Skinny casi listos para salir a la aventura cuando llamaron a la puerta. Eran tres niños y una niña disfrazados, uno de vampiro, otro de Frankenstein, otro de esqueleto y la niña iba de bruja.

-¿Truco o trato? -preguntaron inocentemente.
Skinny se quedó pensativo unos segundos y dijo:
-Truco.

Acto seguido, el niño que iba disfrazado de vampiro sacó un huevo de una bolsa y lo lanzó contra la casa, y acabó impactando en la ventana de la buhardilla, quedando toda empapada. El chaval que tiró el huevo salió corriendo mientras Skinny contemplaba como desaparecía entre la noche, después se acercó a los chavales.

-¿Queréis pasar miedo?
-¡Por supuesto! -dijeron los chavales entusiasmados.
-Bien, pues pasad adentro.
Los chavales entraron lentamente en la casa, y Spanky les indicó que subieran a la buhardilla.
-Decidme, niños, ¿sabéis jugar a la ouija?
-No sabemos qué es eso.
-Veréis, os contaré una historia, hace mucho tiempo, cuando el emperador Constantino I de Roma se enfrentó en la Batalla del Puente Milvio al emperador Majencio, tenía todas las de perder, pero la leyenda cuenta que la noche antes  vio en las estrellas un mensaje que decía, "Con este signo vencerás" y una cruz cristiana, entonces pintó ese símbolo en los escudos de sus hombres y ganó la batalla. Eso es lo que dice la leyenda. Pero la realidad fue distinta. En realidad, Constantino hizo un pacto con Dios, un acuerdo, un trato, y a cambio de no se sabe qué Dios le concedió la victoria en esa batalla. ¿Queréis saber cómo se comunicó con Dios?

-Sí, queremos saberlo.
-Bien, cuando los romanos perseguían a los cristianos, y se metían en las catacumbas, que eran sus refugios, encontraban una especie de tableros y libros con conjuros que según ellos servían para comunicarse con su Dios. Los romanos obviamente no se lo creyeron, pero el emperador Constantino, viendo inminente su derrota, desesperado, recurrió a todo aquello que pudiera ayudarle a ganar aquella batalla, y se interesó por estos tableros. Se encerró en su cuarto, y estuvo allí dentro durante tres días. Casualmente después, pinta la cruz en los escudos y hace que el cristianismo sea la religión oficial del imperio. ¿No os parece raro? Lo es. De ahí viene el interes por este juego, el interes por hablar con Dios y los espíritus. ¿Seguís queriendo jugar?
-Sí, claro que sí, yo no me creo esas patrañas -dijo el chaval que iba vestido de esqueleto.
-Bien, pues me tenéis que decir vuestros nombres.
Los chavales no dudaron. El que iba disfrazado de esqueleto se llamaba Wäster Whether, el que iba de Frankenstein Deif Viladosmil, y la chica Cuqui Olmos.

-Empecemos -susurró Skinny mientras cogía las manos de los chicos y las ponía sobre el tablero.
-Aquí nos encontramos Wäster Whether, Deif Viladosmil, Cuqui Olmos, Spanky Chulobear y Skinny Jeans. Queremos hacer un pacto.
Wäster Whether interrumpió diciendo:

-¡No, no queremos hacer ningún pacto, no les mientas joder, yo me piro de aquí!
Acto seguido Wäster se levantó y abandonó corriendo la habitación.
Skinny suspiró y dijo:
-Venga, volvamos a empezar, y ahora al que me interrumpa le arranco el estómago, vamos a ello. Aquí nos encontramos Deif Viladosmil, Cuqui Olmos, Spanky Chulobear y Skinny Jeans. Queremos hacer un pacto.
El vaso sobre el que apoyaban las manos comenzó a moverse sobre las letras y dijo "Yo soy Pánfilo de Narváez, conquistador español. Decidme qué queréis".
-Tu no nos sirves puto inútil, queremos hablar con un apóstol.
-Eso no va a ser posible, y controla tus formas o será lo último que digas.
-Nada, éste no nos sirve, es más tonto que las piedras.

De repente Skinny comenzó a gritar y dar alaridos de dolor y los chavales, temerosos, salieron corriendo de la habitación. Skinny seguía retorciéndose en el suelo hasta que Spanky le dijo:

-Skinny, amigo, sobreactuas demasiado, hay que ser muy tonto para creerse eso.
-Cállate, que parece que ha colado.
-Salir, han salido corriendo, pero vamos, llegan a ser un poco más mayores y se descojonan en tu cara.
-Anda payaso, ni que tú seas un teleco.
-Pues de pequeño actúe en varias pantomimas, así que te callas la puta boca.
-Que sí, que sí... putos niños...¿sabes? Me gustaría pillar al típico niño de cinco años de estos que iban a programas de televisión y que se creían graciosos haciendo chistes que no tenían ni puta gracia, y darle una somanta de ostias, ahogarle en agua durante un minuto, cosas así hasta que se de cuenta de que el mundo es un lugar hostil, que nunca se está protegido, que esté siempre en guardia y viva con miedo, y que sepa que la gente no tiene por qué aguantar sus gilipolleces y su prepotencia.
-Qué razón tienes Skinny...
-Y que lo digas... Tendrían que cambiar el sistema educativo, convertirlo en uno más violento que prepare a los niños para defenderse ante cualquier peligro, así se conseguiría un mundo mejor.
-Lo sé Skinny... Bueno creo que ya va siendo hora de salir, ¿dónde quieres ir?
-Pues la verdad, no me decido, podríamos pillar gente para destruir la casa de Jack Rakeyflood's Maqueta o aprovechar y cargarnos al inútil de Cabezapartida Halloween, que sólo sale hoy.
-A mi me renta más ir a por lo de Cabezapartida Halloween, aunque por esa zona fijo que está el capullo del Aqueménida tocando los huevos.
-No importa, se le aparta y listo.
-Bien, pues vamos a ello.

Cabezapartida Halloween era un enajenado caníbal que vivía en su madrigüera y sólo salía la noche de Halloween para recolectar cuerpos que se iría comiendo durante el año. Al principio ésto era sólo una leyenda, pero curiosamente pasó a ser real un tiempo más tarde, al contrario de lo que suele pasar, que es que ocurra el hecho y luego se convierta en leyenda. Los padres contaban la historia de un hombre que se comía a los niños la noche de Halloween si llegaban muy tarde a casa, y con el tiempo alguien decidió convertirse en esa leyenda y hacerla realidad, por eso la noche de Halloween estaba el Aqueménida rondando por esa zona, para vigilar que Cabezapartida Halloween no hiciera de las suyas. Skinny y Spanky se acercaron al barrio donde se encontraba este personaje, y vieron al Aqueménida hablando con su primo, Esqualo Matasaurios.

-Tú te encargas del "tonto" y yo del Aqueménida -dijo Skinny por lo bajo.
Spanky tiró una piedra y rompió el cristal de una casa abandonada. El Aqueménida y Esqualo miraron hacia allí, y entre la confusión Spanky salió de la nada con Tizona en lo alto y le dio un fuerte golpe en la cabeza al "tonto". El Aqueménida se giró para ver qué ocurría pero Skinny le clavó su navaja en un riñón y cayó al suelo inconsciente al acto.

-¿Crees que nos han reconocido? -dijo Spanky con la voz un poco temblorosa.
-No, tú llevas el disfraz ese que es imposible averiguar quién hay tras él, y a mí no me han visto.
-Cierto, bueno, vamos a ésto.
La entrada a la madriguera de Cabezapartida Halloween era un simple agujero en el suelo, como el de una mina, solo que lo había construído él sin ninguna herramienta y obviamente carecía de la seguridad e instalación eléctrica que había en las minas normales. 
-Ahí dentro no vamos a ver un carajo, ¿y si nos ataca cuando estemos desprevenidos? -dijo Spanky.
-Tranquilo, a estas horas estará cazando niños, nos meteremos y le estaremos esperando a su regreso, y el susto se lo llevará él, así que venga, entrando.

Skinny y Spanky entraron cautelosamente en aquél lugar. No veían nada e iban tanteando el camino palpando las paredes y con cuidado de no pisar nada que les pusiera en peligro. El problema era que no conocían el lugar y había muchísimos túneles dentro de la madriguera, era como un laberinto tridimensional. Tras pasar un par de horas caminando por la guarida, encontraron lo que parecía ser la "sala de estar", porque había una televisión rota sin señal, un sofa viejo, una bombilla rota que colgaba del techo (aunque nunca se llegó a encender, dado que no había electricidad), y un montón de latas de cerveza de antes de la guerra vacías por el suelo. También encontraron una especie de banco de trabajo manchado de sangre, con herramientas contundentes y punzantes, y una puerta que comunicaba la sala de estar con otra sala que parecía ser importante, dado que había puerta e incluso había pestillo. 
Spanky reventó el picaporte de la mesa con un fuerte golpe de Tizona y al entrar Skinny se puso a vomitar. Se encontraban en lo que parecía ser la despensa, porque estaba lleno de cuerpos mutilados, muchos de ellos putrefactos, que parecían ser la dieta regular de Cabezapartida Halloween. De repente, Hungaro se le apareció a Spanky y le dijo:

-Ten cuidado Spanky, ya viene.
Spanky se sobresaltó y avisó a Skinny.
-¡Skinny, corre, prepárate, que ya ha vuelto!
-¿Cómo cojones lo sabes, tienes superpoderes o algo así?
-No, que me lo ha dicho Hungaro.
-¿Quién? Ah, ese amigo imaginario que te has hecho, vale tío, pues dile que a ver si le entretiene un poco.
-¡En serio Skinny, que Hungaro nunca me falla, si lo dice él seguro que es verdad!
-Sí, seguro que siempre dice la verdad un producto de tu imaginación enferma y podrida por el consumo de LSD en tu infancia.
-Skinny coño que te juro que está viniendo, es que como venga y Hungaro tenga razón te reviento.
-Está bien, te haré caso, pero como sea mentira más le vale al Hungaro ese no volver a acercarse por aquí porque le voy a sacar los oj...

Antes de que Skinny acabara la frase apareció Cabezapartida Halloween, con un saco cargado de cadáveres, diciendo:

-¿Qué, se está bien aquí?
Spanky rápidamente blandió a Tizona pero no consiguió ver donde estaba, así que lanzó el golpe al aire y acabó dándole en el brazo a Skinny.
-¡Gilipollas! ¡Mira un poco antes de golpear subnormal!

Acto seguido vino el silencio. No sabían donde se había escondido y no se oía nada. Skinny y Spanky estaban clavados en su sitio, sin moverse, y sin respirar casi. Por arte de magia, Hungaro se le apreció a Spanky de nuevo y le dijo:

-Avanza tres pasos en diagonal hacia alante y un poco a la derecha, espera dos segundos y golpea con todas tus fuerzas.

Spanky obedeció, avanzó lo que le digo Hungaro, esperó y dio un fuerte golpe que impactó contra algo y sonó un fuerte "crack". Spanky encadenó una secuencia de golpes a cada cual más fuerte que el anterior sobre el cuerpo de Cabezapartida Halloween. Cuando le pareció que ya ni respiraba, se marcharon. 
Al llegar a casa, Skinny se escayoló el brazo con ayuda de Spanky. Todo indicaba que se había fracturado el brazo.

-Joder Spanky en serio, eres lo más patoso del puto mundo.
-Tío Skinny lo siento, estaba todo oscuro y me puse nervioso.
-Venga tú, que da igual, no te rayes, vete a dormir.
-Lo siento socio, bueno, hasta mañana.
-Hasta mañana vampiro.