domingo, 24 de marzo de 2013

Capítulo duodécimo

CAPÍTULO DUODÉCIMO

Ginecólogo, ante el estruendo que provenía del exterior, se despertó de su cama sobresaltado y se asomó a la ventana. Para su sorpresa vio una auténtica batalla campal, con gente en el suelo, otros heridos, algunos muertos... y pensó que a lo mejor era por culpa suya, y decidió largarse de ahí cuanto antes. Cuando bajó a recepción, no vio al recepcionista, así que dejó las llaves encima de la mesa y salió de allí. Intentó aprovechar la oscuridad para pasar desapercibido, pero notó que alguien le estaba persiguiendo. Cada vez andaba más deprisa y más deprisa, y su perseguidor igual, hasta que al final, se dio rápidamente la vuelta desenfundando su valioso revólver con capacidad de cinco balas y disparó hábilmente a su perseguidor, acertándole en el vientre. Cuando se acercó, vio que se trataba de Madame y no pudo contener las lágrimas. 

-Lo.. lo siento Madame... lo siento mucho...creí que ibas a matarme.
-No te preocupes hijo, da igual...
-¡Por favor no te mueras, por favor!
-Hazme un último favor hijo, tienes que llevarle esta carta a mi hija Roslin, estará por algún prostíbulo de Tennesse, por favor, tienes que dársela...
-Yo..yo se la daré Madame, usted no se preocupe...
-Júramelo.
-¿Qué?
-¡JÚRAMELO!
-Se lo juro, Madame.

Unos instantes después murió, y Ginecólogo se fue de allí entre sollozos. Siguió escondiéndose entre la oscuridad de la noche, evadiendo a sus presuntos "perseguidores", hasta que alcanzó una antigua carretera abandonada que se metía en un bosque. Al cabo de cinco minutos andando por allí, el pueblo quedaba muy atrás y ni se oían los gritos de la gente muriendo. Siguió caminando y caminando pero nadie pasaba por allí. Probablemente incluso desde antes de la Guerra. Se acurrucó en la cuneta convencido de pasar allí la noche pero el frío pronto le hizo cambiar de opinión, y se adentró en el bosque, con la esperanza de encontrar un cobertizo donde descansar a salvo de las inclemencias del tiempo. Pero tampoco tuvo suerte y volvió a la cuneta, donde se tumbó en el suelo esperando a quedarse dormido. Una vez hubo conciliado el sueño, un claxon infernal le despertó, y cuando abrió los ojos vio dos luces amarillas acercándose hacia él a toda velocidad. El vehículo frenó en seco y un hombre enfurecido abrió la puerta y se bajó.

-¿Pero tú eres tonto, que haces ahí tumbado?
-Disculpe señor, no quería hacerle detener su marcha.
-¡Pues quita de ahí antes de que decida pasar con mi Chevrolet sobre tu trasero!
-Está bien señor, no se enfade, por cierto, ¿no se dirigirá usted hacia el sur?
-Pues la verdad es que sí, me dirijo hacia el sur, ¿por qué?
-Me preguntaba si sería tan amable de llevarme, al menos una parte del trayecto, hasta Tennesse.
-Pues has tenido suerte chaval, mis chicos y yo teníamos pensado pasar por allí antes de llegar a la frontera, para, ya sabes, lo que se hace en Tennesse...
-Me temo que no sé qué es lo que se hace allí, es que yo soy un forastero, no entiendo mucho las costumbres sureñas.

El hombre rió.

-Pues verás, en Tennesse se para por las putas, el alcohol, el póker, ya sabes, las costumbres americanas.
-Entiendo, pues encantado de poder acompañarle hasta allí, por cierto, estoy buscando a una tal Roslin, trabaja en un prostíbulo de allí, ¿no le sonará por algún casual?
-Pues me temo que no, chico, pero ya preguntarás por allí, por cierto, me llamo Ben Dyk Jameson, aunque con frecuencia me llaman El Guitarras, y mis chicos se llaman Jerry Dallas, que es el que está ahí metido, y Johny Carter, el que va en la parte de atrás, ya les llamo...
-No, no es necesar...
-¡Ey chicos, venid, tenemos compañía! 

Dos hombres jóvenes de alrededor de veinticinco años se acercaron.

-Mira, éste es Jerry y él es Johny, y tú eres...
-Ginecólogo.
-Eso, Ginecólogo.
-Encantado -dijo Jerry.
-Un placer -dijo Johny.
-Verás Ginecólogo, mis chicos y yo nos dedicamos a la compraventa de herramientas en México, la verdad es un negocio bastante rentable, yo estaba desesperado en el paro hasta que salió aquella bendita "Ley de la herramienta".
-¿De qué trata esa ley? -quiso saber Ginecólogo.
Pues verás, hará un par de años, el gobierno mexicano prohibió la distribución de herramientas debido a la alta subida del crimen tras la prohibición de las armas de fuego, es decir, los "malos" se pasaron de la pistola al destornillador, lo cuál es mucho más macabro, pero más barato y más práctico.
-Entiendo, y vosotros les proporcionáis las armas...
-No, no, a ver, que un montón de chusma use las herramientas para desatornillar huesos no quiere decir que no haya gente honrada que las necesite para trabajar, bien, pues nosotros se las llevamos a la gente honrada.
-¿Y cómo sabéis que van a usarlas con buen propósito?
-Pues verás, nosotros conocemos a los clientes, eran amigos nuestros y vecinos antes de que pusieran la Valla, así que confiamos en ellos... Bueno, ya nos hemos demorado mucho, sube a la parte de atrás, Johny te hará compañía.



Cuando Skinny despertó todo le daba vueltas, le dolía un montón la cabeza pero más le dolía la humillación por haber caído a las primeras de cambio. Todo el pueblo estaba yéndose, parecían los miles de judíos que abandonaron Egipto y deambularon por el desierto, solo que con gentuza peor. Skinny y Spanky se reunieron y dedujeron que era mejor seguirles antes que quedarse en aquél pueblo sombrío a la espera de que les cazaran los salvajes. No tardaron en darse cuenta de que se dirigían a un aeródromo situado a tres días de allí, y un vecino les dijo que volarían con "Aerolíneas Iveria", hasta la remota ciudad de Madrid, al otro lado del gran charco. En la marcha se unieron con los habitantes de Villaverde, que también sufrieron el acoso de los salvajes, y Skinny reconoció a los de la OTAN, pero fingió que no se daba cuenta y no les hizo el menor caso. Al llegar al aeródromo había dos aviones del mismo modelo, eran de ala alta, con cuatro motores de hélice y un gran tamaño. Cuando empezaron a embarcar, a Skinny le inundó un mal presentimiento.

-No vamos a poder pagarlo -le dijo a Spanky.
-Tiene toda la pinta, pero por probar no perdemos nada.

Pero al llegar la azafata no les dejó entrar y amenazó con llamar a seguridad si no se iban. Skinny le propuso a Spanky ir a la playa y coger allí un barco express que les llevaría hasta allí por un precio razonable. Spanky asintió y ambos salieron del lugar cabizbajos, y luego se quedaron a ver como despegaban los dos aviones hasta que se perdieron en el gran cielo azul.

















Capítulo undécimo

CAPÍTULO UNDÉCIMO

Aquél día Skinny se despertó por un alboroto y unos ruidos que procedían de la plaza mayor del pueblo. Picado por la curiosidad, se vistió tan rápido como pudo y fue a indagar, como de costumbre. Al llegar, vio a un montón de gente rodeando una plataforma donde se encontraba un hombre malherido y el nuevo asesor fiscal del pueblo, ese tal Leonardo, dando un discurso.

-¡Este hombre que veis aquí no sólo tiene la poca vergüenza de venir aquí sin pedir permiso siquiera, sino que nos amenaza diciendo que entreguemos el pueblo a esa panda de vándalos para que puedan robar y destruir a placer mientras nosotros agachamos la cabeza y lo consentimos! ¡Ni hablar! ¡Esos salvajes sabrán de qué madera estamos hechos, y ahora les enviaremos un mensaje! ¡Por votación popular! ¿Cómo declaráis a este individuo?

"¡Culpable, culpable!", rugía de manera ensordecedora el populacho.

-¡Bien, pues yo te sentencio a morir, joven bárbaro! ¡Ahorcadle!

Mans Ryder le puso la soga al cuello al mensajero, mientras suplicaba piedad, y Manuel Iborra tiró de la palanca haciendo que cayera y sonara un golpe seco. Todo el mundo vitoreaba y aplaudía la sentencia que había impuesto Leonardo ignorantes de que ya estaban condenados todos.

Por la tarde Mans Ryder reunió a todos los hombres del pueblo en la plaza mayor para prepararles contra el ataque. 

-Bien, los bárbaros acechan tras las colinas y atacarán esta noche, así que más vale que estemos preparados. En el pueblo sólo quedan tres rifles, y un total de noventa balas, y un revólver, con un total de seis balas. Esas son las armas de la policía. Supongo que muchos de vosotros tendréis escopetas en vuestras casas, así que nos vendría bien que lo dijerais. 

Media docena de ciudadanos alzaron sus brazos.

-De acuerdo, pues vosotros llevaréis vuestras escopetas, Leonardo llevará un rifle y treinta balas, Esqualo portará otro y Manuel Iborra el último. Yo llevaré el revólver. Los demás, fabricad cualquier arma casera que podáis, algo con lo que defenderos, si es que queréis tener alguna oportunidad de vivir. Id a vuestras casas a armaros, y al anochecer nos reuniremos todos aquí. Buenas tardes.

Skinny y Spanky se dirigieron a sus respectivas casas para armarse. Spanky no tuvo que pensarlo demasiado, se ató una plancha de acero al torso y blandiría a Tizona aquella noche. Skinny prefirió ir sin armadura, y solamente cogió una daga afilada. Más tarde se reunieron para hacer una catapulta y lanzarles "sorpresitas". Tardaron unas cuantas horas en hacerla, con materiales de los garajes de Skinny, Spanky, y alguna que otra casa abandonada del pueblo. Como munición cogieron botellas rellenas de gasolina y que posteriormente se incendiarían, una variante del famoso "cóctel Molotov". Después de los intensos preparativos, llegó al fin la noche y todos se reunieron en la plaza mayor. 

-El centinela me ha dicho que están todos situados al oeste, osea que caerán por esa montaña en sus caballos al galope, y tardarán antes de llegar hasta aquí, así que tendremos que aprovechar para dispararles todo cuanto podamos y matar a todos los posibles. Una vez lleguen aquí, que sea lo que Dios quiera.

La improvisada milicia se situó hacia el oeste y se quedaron esperando. Pasó una hora, y otra, pero no había el menor movimiento. Al cabo de un tiempo, se divisó una luz en lo alto de la montaña. De repente, un mal olor inundó el campamento, y Skinny cayó en la cuenta de que muchos estarían tan nerviosos y asustados que se habrían cagado encima. Al fin llegó el momento y se vieron un montón de luces bajando a gran velocidad la montaña.

-¡Aguantad!-decía Mans Ryder.

Leonardo, impaciente, acabó disparando, y su disparo se perdió en la oscuridad, y nunca sabría si había impactado a alguien.

-¡He dicho que aguantéis!

Las luces cada vez estaban más y más cerca hasta que pudieron divisarse los caballos y los salvajes encima, armados con arcos y flechas, lanzas y antorchas.

-¡Fuego!

Se escuchó un ruido ensordecedor y Skinny vio cómo un disparo le dio a un caballo que cayó redondo al suelo llevándose a su jinete con él. Los demás disparos le dieron al suelo.

-¡Fuego!

Un disparo le dio a un salvaje y perdió su brazo, otro le dio a un caballo y su jinete corrió la misma suerte, y el tercero le acertó entre ceja y ceja al que iba detrás. Skinny y Spanky dispararon uno de sus cócteles con la catapulta pero se quedó muy corto. Mientras recargaban, un silbido se escuchó por el aire hasta que Mans Ryder se dio cuenta de que eran flechas. Las saetas cogieron desprevenido a la milicia. Una pasó rozando la cabeza de Skinny, una se clavó en la catapulta, otra le dio a Esqualo en el pecho y le salió la punta por la espalda, y una última se calvó en la fachada de una casa de madera. Un ciudadano cogió el rifle de Esqualo y volvieron a disparar. Skinny y Spanky, en medio del intercambio de flechas y balas, volvieron a cargar la catapulta, y dispararon pero de nuevo sin éxito, la botella fue a parar entre dos caballos, sin alcanzar a ninguno. Volvieron a cargar un nuevo disparo pero al lanzar el brazo de la catapulta se partió por la mitad y la botella salió con tan poca fuerza que cayó entre sus tropas y prendió fuego a dos aldeanos. Mans Ryder fue a regañar a Skinny y Spanky pero justo antes de pronunciar una palabra un bárbaro le clavó una lanza en el cuello y fue a parar al suelo. Se levantó enfurecido y le disparó hasta que se quedó sin munición. Dos tiros le dieron al aire, uno al caballo y otro al brazo del salvaje. Después una lanza de un nuevo salvaje le travesó el pecho. Skinny esquivó hábilmente una flecha que se dirigía a su vientre pero un salvaje le golpeó en la cabeza con la lanza, a modo de maza, y le dejó inconsciente y con una brecha. Spanky le retiró a un lugar seguro donde los caballos no pudieran pisarle y se fue a la batalla. 

-¡Me he quedado sin munición! -gritaba desesperado Manuel Iborra.

Spanky salió de su escondite y le asestó un fuerte golpe en el vientre a un jinete con Tizona, derribándole del caballo, y cuando estaba en el suelo le dio otro en el cráneo, abriéndoselo. Cogió el arco de aquél jinete, cargó una flecha y la lanzó contra otro salvaje, pero erró por milímetros, y la flecha se perdió en la oscuridad. Spanky se giró y vio como Leonardo le reventaba la cabeza de un balazo con su rifle a otro salvaje. Tras unos minutos más de lucha, los salvajes se retiraron y volvieron a la montaña de donde habían salido, pero en su retirada Leonardo acabó con la vida de dos más. 

Al final amaneció y se hizo un recuento de bajas. Leonardo habló.

-Bien, el recuento es este: Hemos perdido veintidós hombres, entre ellos el sheriff, Mans Ryder, y otros como Esqualo Matasaurios, Diego de León Blackbird, y otros cuyos nombres no conozco. En cambio, hemos acabo con dieciséis bastardos, dieciséis bastardos que no nos molestarán más, y entre ellos su jefe.

A pesar de todo, la estadística salía negativa, y encima los salvajes eran mucho más numerosos, así que Spanky no veía mucha estrategia por ahí. Skinny seguía inconsciente. Todo indicaba que a duras penas podrían aguantar otro asalto, así que Spanky le propuso la idea a Leonardo de abandonar el pueblo. Leonardo le prometío que lo consideraría pero que sería muy peligroso con esos salvajes acechando por las montañas.

Spanky volvió a su casa y se quedó dormido en menos de un minuto.











jueves, 7 de marzo de 2013

Capítulo décimo

CAPÍTULO DÉCIMO

Ginecólogo despertó de un sueño profundo y sentía un malestar por todo el cuerpo dado que había dormido más de diez horas en el suelo y probablemente hubiera adquirido malas posturas. Se desnudó y fue a la ducha, pero al abrir el grifo el agua no fluía, lo cuál era algo que en mayor o menor medida se esperaba, en esos tiempos encontrar agua corriente era sólo propio de los ricos o los privilegiados. Se vistió de nuevo y bajó a recepción, donde hacía guardia el personaje que le atendió la noche pasada.

-Buenos días -dijo Ginecólogo en tono amable.
-Buenos días señor, ¿qué desea?
-Me preguntaba si había desayuno.
-El desayuno no está incluído en la oferta, me temo que tendrá que abonar cierta cantidad de dinero para hacer uso de ese servicio.
-Ah bueno, pues entonces déjelo, bueno, hasta luego.
-Hasta luego.

Ginecólogo salió del hotel con la intención de encontrar un bar para desayunar y de paso visitar el pueblo. A penas cruzó la calle le asaltó una mujer ostentosa y bien dotada.

-Buenos días buen hombre, ¿cómo va todo?
-Bi....Bien-dijo Ginecólogo con la voz entrecortada.
-He visto que tienes una habitación en ese hotel, ¿te gustaría que subamos y pasemos un buen rato?
-Hombre, pues acabo de salir para dar un paseo, vente conmigo si quieres y desayunamos.

La señora se quedó pensativa ante esa inesperada respuesta.

-Está bien, vayamos a desayunar.
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Madame, ¿y tú?
-Yo soy Ginecólogo, encantado.
-¿Y qué te trae por aquí, Ginecólogo?
-Asuntos personales.
-¿Y a qué te dedicas?
-Mmmmm.... A la construcción, ¿y tú?
-Pues básicamente a mantener contenta a la gente en estos tiempos que corren.
-Una bonita profesión, si señor, ¿y está bien remunerada?
-Pues depende de lo bueno que sea el cliente hijo -dijo Madame entre risas.
-Entiendo.
-Bueno chato, me has caído muy bien, si quieres nos podemos ver mañana a esta misma hora, si es que todavía estás por aquí.
-Si, todo parece indicar que seguiré estando, así que mañana nos vemos.
-Pues hasta mañana, adiós.
-Adiós.

Al despedirse, se dieron un beso en la mejilla.




La noticia de la llegada del Hambre había traído consecuencias devastadoras para el pueblo. Se habían perdido negocios, cosechas, puestos de trabajo, en general, un montón de dinero. Skinny y Spanky, al no tener padres ya, y en consecuencia, una fuente de ingresos, necesitaban buscarse algunos quehaceres para no tener que estar robando la comida día tras día y conseguir un poco de estabilidad. Aquél día habían asistido a clase, después de meses enteros de ausencia, aunque las cosas seguían más o menos igual que antes. Nadie interaccionaba con Skinny y Spanky, y Skinny y Spanky no interaccionaban con nadie. A última hora tenían inglés, y cuando estaban a punto de padecer de hastío, el profesor Don Manuel Iborra, que había sido fichado como nuevo profesor de inglés, dado que el otro había huído por la llegada del Hambre, ordenó la salida. Cuando Skinny y Spanky se disponían a salir, Iborra les hizo un gesto indicando que se pararan.

-Chicos, una preguntilla.
-Dinos-dijo Skinny.
-Como bien sabéis, las cosas en el pueblo están muy mal, mi propia carnicería ha quebrado debido a que nadie compraba una mierda, y gracias a Dios que conseguí este trabajo, pero aun así no me llega y necesito hacer trabajitos extra.
-Ve al grano.
-Bien, os voy a ser sinceros, como trabajo extra me estoy dedicando al narcotráfico, el problema que tengo es que en el colegio ya no quedan materiales químicos y los necesito para seguir fabricando mi mercancía, así que si me traéis lo que os pida, os pagaré bien, muy bien, y vamos, no es que esteis en condiciones de rechazarlo, que sé que os hace falta el dinero.
-Parece una oferta interesante, cobrar por hacer lo que más nos gusta, bien, trato hecho.
-Vale, lo primero que tendréis que conseguirme es sulfato de cobre (II), ¿Sabéis donde conseguirlo?
-Sabemos.
-Pues perfecto, no tardéis más de cuatro días y seréis recompensados con cincuenta dólares cada uno.
-De acuerdo, no le fallaremos Don Manuel.

Al salir de clase Spanky le preguntó a Skinny.
-Skinny, ¿sabes donde conseguirlo?
-Si quieres que te sea sincero Spanky, no tengo ni puta idea.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Pues no lo sé, podemos ir a Villaverde y robarlo allí.
-Tengo una idea mejor, y si usamos el Portal y lo robamos en ese colegio?
-Pues Spanky, por fín tienes una jodida buena idea, estoy sorprendido, vamos mañana si te parece bien.
-Mañana por la noche.
-Claro está, no quiero que me vean más de mil niños como me agencio sus productos de cocina.



-Estamos aquí reunidos Leonardo, Dragone Matasaurios "el Aqueménida", y Mans Ryder, además del Consejo Superior de Justicia del distrito. El tema a tratar será la destitución del actual Sheriff Dragone Matasaurios, por su incompetitividad y malversación de fondos, y al mismo tiempo la contratación de Sir Mans Ryder como nuevo Sheriff del pueblo. Bien, ahora se pasará a la recogida de firmas para la destitución de Dragone Matasaurios, ¿tiene algo que opinar el susodicho?
-¡No pueden echarme, llevo más de diez años de Sheriff en este pueblo, todo el mundo me quiere, es absurdo todo esto!
-Bien, Dragone Matasaurios, usted admite que durante estos últimos tiempos el nivel de criminalidad del pueblo ha crecido exponencialmente hasta límites insospechados que rozan lo absurdo, y usted no ha hecho nada por impedirlo ya sea por cobardía o por no damnificar a sus más allegados, ¿no es así?
-Es cierto que últimamente ha habido algún que otro problemilla, pero nada que no tenga solución, vamos a ver, estoy muy experimentado en mi puesto y nadie podría hacer esto mejor que yo.

El jurado mirada desconfiadamente a Dragone.

-Bien, si ya ha terminado sus inconvincentes declaraciones, pasemos a la recogida de firmas.

Leonardo entregó un papel a cada uno de los miembros del jurado y los recogió al cabo de un minuto.

-Bien, el resultado es de ocho votos a favor y uno en contra, Dragone, a partir de ahora queda usted oficialmente destituído del cargo de Sheriff, así que por favor, entregue su placa y su pistola en la comisaría.

Dragone salió llorando de la sala.

-Bien, el siguiente punto del día es la contratación de Mans Ryder como nuevo Sheriff, yo mismo le he propuesto, su historial en la Gran Guerra es impecable y estoy seguro de que reconducirá con puño de hierro a este caótico pueblo hacia la legalidad vigente impuesta por el Estado Mayor. Ahora procederemos a la votación.

Leonardo llevó a cabo el mismo proceso.

-Bien, el resultado es de cinco votos a favor y cuatro en contra, Sir Mans Ryder, a partir de ahora es usted el nuevo Sheriff de este pueblo, enhorabuena.
-Es un honor, juro que reconduciré este pueblo hacia un futuro mejor.
-Bien, si no hay nada más que aclarar, se levanta la sesión, gracias por asistir.

Al acabar el acta, Leonardo se fue a hacerse un corte de pelo. Al llegar no vio a nadie en la peluquería, hasta que llegó una chica bajita con el pelo rojizo y una voz dulce y agradable.

-Buenos días señor, ¿qué desea?
-Un corte de pelo, cortito.
-¿A máquina o tijera?
-No fantasmees que sé que no tenéis máquina.

La chica se sonrojó.

-Muy bien, pues a tijera pues, si me acompaña...

La chica llevó a Leonardo hacia el lavabo. Leonardo era esa clase de hombre que le gustaba hablar con quien sea, incluídas las peluqueras, una asombrosa habilidad dado que pocos hombres encuentran temas de conversación o interés para hacerlo.

-No hay nada como un buen lavado de cabeza después de un acta.
-¿Es usted abogado?
-No exactamente, me dedico a lo jurídico, pero no soy abogado exactamente, estoy a medio camino entre juez y asesor.
-Suena muy interesante, ¿dónde estudió?
-Pues en la Universidad Carlos III de Madrid, doble grado en Derecho y Administración y Dirección de empresas.
-Suena muy difícil, ¿le costó mucho?
-Pues para qué te voy a mentir chata, el primer año sí, pero los demás fue coser y cantar, nada del otro mundo.
-A mi siempre me llamó la atención hacer una carrera, pero mi sueño desde pequeña era ser peluquera.
-Todavía no sé tu nombre...
-Arsene.
-Qué nombre más curioso, ¿de dónde proviene?
-Del francés creo, o eso me decían mis padres, no lo sé con seguridad.
-Y bueno Arsene, ¿piensas ser peluquera toda tu vida o tienes otras metas?
-Pues no me lo he planteado todavía, con dieciséis años... aún me queda mucho por delante.
-Sí bueno, en la vid..¡Au! ¡Me has cortado!
-Lo siento, se me fue la mano...




Ataúlfo y Emilio eran dos personas que técnicamente padecían "una especie de retraso extraño". Cuando volvía de la universidad de los encontraba en el autobús que me acercaba de la parada de Mar de Cristal a mi casa, iban los dos pegados a la puerta hablando de sus cosas. Ataúlfo tenía el pelo blanco, los ojos azules, y era alto y delgado, en cambio Emilio era bajito, con sobrepeso, y ojos marrones. Si os soy sincero llevaba días observándoles e incluso había desarrollado un estudio estadístico de cuándo tocaba verles y cuando no. Pero cierto día, esos estudios se rompieron, cuando vi a Ataúlfo volver sólo, sin Emilio al lado, lo que provocó que me picara la curiosidad. Durante un tiempo seguí viendo a Ataúlfo sólo, hasta que cierto día le dejé de ver para siempre.