lunes, 28 de enero de 2013

Capítulo séptimo


CAPÍTULO SÉPTIMO

Spanky salió corriendo de aquél lugar. Empezó a callejear por las estrechas calles de Villaverde hasta que llegó al polígono industrial abandonado, y se refugió en una antigua fábrica de muebles. Aquella fábrica de muebles era un lugar tétrico, con tablones de madera por el suelo llenos de telaraña y suciedad, las ventanas negras por el polvo sin limpiar de años y años y un olor asqueroso que incomodaba bastante a nuestro querido Spanky. Corrió hacia el fondo de la fábrica pero alguien le hizo la zancadilla y cayó de bruces contra el suelo. El agresor saltó encima suyo y le tapo fuerte la boca con la mano.

-¿Quieres que nos maten a los dos, osito? -Dijo el agresor.

Acto seguido, entraron cinco encapuchados armados con palos afilados y se desplegaron silenciosamente por toda la fábrica. Spanky y su nuevo compañero seguían escondidos, cuando un encapuchado pisó un cable que accionaba una trampa y un enorme piano cayó a escasos milímetros de su cabeza, pero quedó ileso. El nuevo compañero de Spanky salió de su escondite gritando y cargó contra un encapuchado, le quitó el palo afilado y se lo ensartó en las costillas, luego cargó contra otro con un golpe vertical descendente pero el encapuchado lo bloqueó, y otro que venía por detrás le golpeó fuertemente en la nuca, con lo que fue directamente al suelo y allí se reunieron todos e hicieron que el Dios de la Muerte tuviera un afiliado más. Spanky permaneció en su escondite hasta que los encapuchados restantes se acercaron lo suficiente y saltó contra uno de ellos, pero su pierna herida le jugó una mala pasada y se golpeó contra una mesa. Los encapuchados se quedaron mirando y le empezaron a propinar una gran cantidad de golpes hasta que Spanky quedara inconsciente. 

Spanky despertó al lado de Skinny, ambos estaban amordazados y no podían moverse. Skinny estaba inconsciente. Spanky intentó soltarse pero era inútil. Cuando agotó todas sus fuerzas intentó que apareciera Hungaro pero tampoco lo consiguió y se desesperó. Al cabo de tres horas entró el Darescais con dos de sus hombres en la salita donde se encontraban, y les quitó la cinta de la boca para que hablaran.

-Hola mis queridos amigos -dijo el Darescais- seguramente os preguntaréis que por qué os hemos capturado y dentro de poco torturado. Me caéis mal. Simplemente. Yo no quiero en mi pueblo gente que me cae mal. Y además gente que habla con la OTAN. No, no, no, no saldréis vivos de aquí, vuestra muerte será lenta y agónic...

-Oh venga, tío -interrumpió Skinny - ¿acaso se puede ser mas cliché? "Vuestra muerte será lenta y agónica" pero vamos no me jodas, ¿estamos acaso en una puta película de James Bond? Es que joder, no sabes qué patético queda, madre mía, no sabes la vergüenza ajena que estoy sintiendo, joder, es que ahora mismo soy tú y yo qué sé, me tiro por la puta ventana de lo mal que estoy quedando, no me jodas...

El Darescais se quedó bastante pensativo y dijo:
-Sí, pues como quieras, Rug, córtale la cabeza.

-Oh tío, ahora no me jodas que vas a cambiar de opinión porque te lo diga yo, es que no se puede ser más homosexual, vamos, que un prisionero tuyo al que vas a matar te manipule, vale que antes parecías patético, pero es que ahora lo acabas de demostrar, no sé como los dos payasos que llevas de guardaespaldas dejan que una maricona negra como tú les pueda dar órdenes, yo es que flipo colega, lo tonta que puede ser la gente...

-¡Dios, ahora sí que la has cagado, vas a morir entre terribles sufrimientos!

-Joder, y ahora se copia de Antonio Recio, mira que he conocido gente con poca personalidad, pero es que la tuya parece una puta caja de Kentucky Fried Chicken en medio de una tribu africana en época de sequía, macho, impón un poco, que pena das...

-¡Rug, córtale la cabeza ya!

-Lo siento maestro -dijo Rug- pero tiene razón, yo creo que podría ser mucho mejor líder que tú, soy más fuerte, tengo más personalidad, los soldados me quieren más...

-Oh Dios lo que me faltaba por oir, ahora mi hombre más leal se amotina, ¿sabes qué? Eso es alta traición y se paga con la muerte, Chetto, acaba con Rug.

El otro hombre desenvainó una fina pero consistente barra de hierro y Rug sacó de su bota una pequeña daga plateada. Ambos se encararon y empezaron a dar vueltas mirándose fíjamente uno al otro. Después de unos segundos, Rug llevó la iniciativa e intentó asestarle una fuerte puñalada en el pecho a Chetto, pero éste la esquivó hábilmente e impactó su barra de hierro contra el cuello de Rug. Rug pegó un fuerte grito y se lanzó salvajemente contra Chetto y empezó a darle una puñalada tras otra hasta que acabó abriéndole la tripa y sacando al aire libre todas sus vísceras. Ante esta situación, Darescais salió corriendo de la habitación y Rug desató a nuestros protagonistas, que estaban contemplando felizmente aquella pintoresca escena.

Salieron a las afueras del pueblo y cuando fueron al párking vieron que el Spanker estaba en llamas. Skinny pudo sentir el odio que estaba generando Spanky en ese mismo momento así que le calmó un poco y ambos fueron caminando a casa. Las fiestas de Villaverde habían sido una ruina. Skinny le prometió a Spanky que volverían.

Capítulo sexto


CAPÍTULO SEXTO

Se acercaban una de las fechas del año que más le gustaba a nuestros queridos antagonistas, y no eran ni más ni menos que las fiestas de Villaverde. Villaverde era un pueblo situado no muy lejos del de Skinny y Spanky, y fue creado en honor al famoso barrio madrileño. Para ser sinceros, Villaverde no gozaba de muy buena fama, según Skinny estaba lleno de "kinkis", "zorras", "prostitutas" y "guanches". A pesar de esto, Skinny y Spanky disfrutaban un montón aquellas fiestas, y no se las perderían por nada del mundo. El día antes Spanky terminó de construir su famoso "Spanker", que no era más que un vehículo construído a partir de coches y materiales usados. Estaba reforzado con unas planchas de acero, descapotable y portaba un "lanzapatatas", es decir, una especie de cañón que consistía en un tubo que se recargaba con gas inflamable que se prendía, y expulsaba a toda velocidad el objeto que se metía por el otro orificio. 

Al día siguiente, Skinny y Spanky madrugaron y Spanky arrancó su peculiar vehículo. Skinny en vez de colocarse en el asiento del copiloto, se puso de artillero y cargó el cañón. Spanky inició la marcha y rápidamente se puso a la que él consideraba la velocidad de crucero del Spanker. Mientras atravesaban el desértico paisaje Skinny divisó un poblado de chabolas, así que calibró el cañón, y disparó el cóctel molotov que había metido, impactando de lleno en una de aquellas chabolas y haciéndola saltar por los aires. 

Al cabo de diez minutos llegaron ya al famoso poblado y Spanky aparcó en un sitio reservado para minusválidos pero ya abandonado. Antes de ir donde estaba la fiesta, Skinny le dijo a Spanky que le esperara, que tenía que ir a la autoescuela a preguntar unas cosas. Cuando Skinny llegó, se puso a hablar con María Villalobos, la secretaria.

-Hola, ¿qué desea?
-Quería apuntarme en el curso básico.
-Muy bien, ¿Cómo desea pagarlo?
-Por trueque.
-De acuerdo, ¿qué puede ofrecer?
-Un kilogramo de heroína.
-Por menos de cuatro no puedo negociar.
-¿Está de coña? A ver quienes te pueden conseguir tanta mercancía junta...
-Yo lo siento, pero es lo que me dice mi jefe.
-¿Quién es tu jefe?
-Se llama Javier Blazaro.
-Pues joder, a ver donde consigo tres kilos de heroína...
-Si yo te entiendo, las cosas están muy mal...
-Es que cada vez vivimos peor.
-Si, tenemos a esta especie de gobierno que no hace nada, sólo forrarse y vivir del cuento y exprimir a sus ciudadanos.
-Pues sí, es una putada trabajar ocho horas diarias y con sólo tres semanas de vacaciones...
-Toda la razón, mira, yo si fuera del gobierno haría esto, obligaría que por cada puesto de trabajo se obligara a contratar a una persona que esté en el paro, que uno trabaje por ejemplo de lunes a jueves, y el otro viernes, sábado y domingo, así el negocio estaría abierto todos los días de la semana y se aumentaría la productividad.
-Ya, pero tendrías que pagar dos sueldos en vez de uno...
-Bueno, pues porque el empresario deje de ganar un poco menos de dinero no pasa nada, que ellos ganan mucho, hay que hacer más chicha al empresario.
-Ya pero no sé, no puedes obligarle a contratar a alguien, es su local, el tiene que contratar a quien le dé la gana ¿no?
-Bueno, pero no pasa nada porque se les dé un poco de caña.
-Yo lo que creo es que deberían reducirse los horarios laborales y aumentarse las vacaciones, y que el empresario sea el que decida si le renta contratar a otro o no hacerlo.
-Si, puede ser una buena medida eso, pero bueno, nos estamos desviando del tema, ¿al final te interesa la oferta o no?
-Está bien, la acepto, ¿puedo pagarle mañana?
-Por supuesto, yo te apunto aquí y ya mañana vienes y te doy las cosas.
-Está bien, bueno, pues hasta luego, muchas gracias.
-Hasta luego.

Skinny volvió donde había dejado a Spanky y éste le dijo:
-Joder Skinny, ya era hora.
-Lo sé, pero me he enrollado hablando con la miserable de la dependienta.
-Tío, todavía no entiendo muy bien por qué haces eso, si sabes de sobra que no vas a ir jajaja.
-Lo sé, pero me gusta, me hace sentir bien.

Cuando caminaban a la plaza mayor, se cruzaron con un par de "zorras".

-Hola guapos, ¿tenéis un piti?-dijo una de ellas.
-Dime quien cojones te crees que eres para hablarme así-respondió agresivamente Skinny.
-A que te llevas una ostia, pipa de mierda.
-Haz tan siquiera el amago de tocarme y esta noche cenas bajo tierra zupia.
-¿Qué me has llamado?

La chica se acercó a Skinny y sin dudarlo Spanky le soltó un guantazo con el reverso de su mano que la tiró al suelo. Posteriormente se levantó con la boca sangrando y dijo:

-Panda de pringados, la habéis cagado, voy a llamar al Bocamazorca.
-¿Quién es ese puto toli?-respondió Spanky.
-Uno que os va a dejar las cosas claras, panda de niñatos.

Las zorras se fueron por su camino y Skinny y Spanky reanudaron su marcha sin comentar lo sucedido. En realidad ambos se preguntaban en su interior quién podría ser ese tal Bocamazorca, pero no llegaron a comentarlo con el otro.

Siguieron caminando por la calle y vieron una pelea, eran cuatro adolescentes apaleando a un negro con un ligero sobrepeso. Skinny se acercó a uno, que llevaba una camisa de cuadros y una gorra que ponía "OBEY", y le dijo:
-¿Puedo colaborar yo también?
-Si ya hemos acabado casi, no te preocupes tío.
-Una pena, por cierto, ¿por qué le pegáis?
-Porque quería amenzarnos el negro este, que encima le envía el Bocamazorca.
-¿Quién es ese tal Bocamazorca?
-Pues verás, es que somos dos bandas, nosotros somos la OTAN, y ellos no tienen nombre pero forman una banda y estamos todo el día matándonos, mira te presento, yo soy Ekru, el chaval de la rasta sin camiseta es Depredador, el de la sudadero de que pone "VANS" es Rapid, y el de las botas es Facas, o "el niño borracho", como quieras llamarle.
-Entiendo, ¿y sólo sois vosotros?
-Qué va, somos nueve, quedan Pepo, Sora, Cabrón, Polikarpo y Cuervo.
-Entiendo, ¿y vuestros enemigos quiénes son?
-Pues verás, son unos pocos pero tienen contratada mucha chusma que les hace el trabajo sucio, como este negro de aquí, pero la banda la forman el Bocamazorca, la princesa Alien, Fermín el Fiero, el Darescais y el Diablo.
-¿Quién pone los motes aquí? Vaya nombres más raros por Dios...
-Pues no sé jajaja pero bueno, también hay otra banda que se hacen llamar Equalia, y están el Chocovarro y el Equalizer sólo, sus demás efectivos han muerto ya pero esos dos son muy jodidos de matar, y nos putean un huevo.
-Está bien, bueno chico con la gorra de Obey, me tengo que ir, ya nos vemos si eso, hasta nunca.

Para su sorpresa, cuando llegaron a la plaza mayor, que se supone que era donde estaba la fiesta, encontraron una veintena de cadáveres, cada uno con una rosa negra en la boca. A todos les habían sacado los ojos y yacían boca arriba. Skinny y Spanky se alarmaron y sacaron sus armas, Skinny su cuchillo y Spanky a Tizona. De repente, una flecha con punta de hierro silbó el aire y se clavó en la pierna de Spanky, y a Skinny le envolvió el cuello una fina cuerda que le estrangulaba y que en poco tiempo le haría perder el conocimiento. Spanky se retorcía de dolor en el suelo viendo como dos hombres encapuchados se llevaban a Skinny y se percató de que alguien le observaba desde el balcón con una mirada profunda. Tenía el pelo rojo óxido, una nariz pronunciada y un abrigo que le llegaba hasta los talones. Hungaro apareció de la nada y le indicó que aquél era el Darescais, y que si no espabilaba en pocos minutos vendrían a por él y correría la misma suerte que los cadáveres que cubrían la plaza mayor.

Capítulo quinto


CAPÍTULO QUINTO


Hoy era un día muy especial para Skinny y Spanky, estábamos a 31 de octubre, y es tradición en los países anglosajones celebrar la fiesta de halloween, celebración que encandilaba sobremanera a nuestros protagonistas, más incluso, que nochebuena o el día de sus cumpleaños. Pero en el pueblo donde se desarrolla nuestra historia no se celebraba exactamente igual que en la actualidad, cada uno lo celebraba a su manera, por ejemplo, los redentores (grupo nazi católico) se dedicaban a la caza de negros, latinos o demás razas inferiores y debido a que era halloween la policía no les decía nada (aunque siendo francos tampoco lo hubieran hecho en cualquier otro día), los niños pequeños, como era costumbre desde hacía años, pasaban por las casas pidiendo caramelos con el famoso "¿truco o trato?". En su niñez, Skinny también celebraba halloween así, y la gente siempre le daba caramelos porque no querían correr la misma suerte que el ex-alcalde del pueblo, que en vez de decirle trato y darle caramelos, le dijo truco, y Skinny le metió un balazo entre ceja y ceja. Pero ya había crecido y consideraba ridículo y humillante ir pasándose por las casas en busca de una recompensa gastronómica. Ahora se dedicaba junto con Spanky a su pasatiempos favorito, asustar y pegar a gente, solo que como era halloween se disfrazaba de algo que diese miedo. El disfraz que había conseguido Skinny para este año era el de un oficial de las SS y el de Spanky consistía en una mera sábana blanca con agujeros en los ojos y en la boca, pero sus trazos imperfectos le daban un aspecto aterrador. Ya estaban los dos en casa de Skinny casi listos para salir a la aventura cuando llamaron a la puerta. Eran tres niños y una niña disfrazados, uno de vampiro, otro de Frankenstein, otro de esqueleto y la niña iba de bruja.

-¿Truco o trato? -preguntaron inocentemente.
Skinny se quedó pensativo unos segundos y dijo:
-Truco.

Acto seguido, el niño que iba disfrazado de vampiro sacó un huevo de una bolsa y lo lanzó contra la casa, y acabó impactando en la ventana de la buhardilla, quedando toda empapada. El chaval que tiró el huevo salió corriendo mientras Skinny contemplaba como desaparecía entre la noche, después se acercó a los chavales.

-¿Queréis pasar miedo?
-¡Por supuesto! -dijeron los chavales entusiasmados.
-Bien, pues pasad adentro.
Los chavales entraron lentamente en la casa, y Spanky les indicó que subieran a la buhardilla.
-Decidme, niños, ¿sabéis jugar a la ouija?
-No sabemos qué es eso.
-Veréis, os contaré una historia, hace mucho tiempo, cuando el emperador Constantino I de Roma se enfrentó en la Batalla del Puente Milvio al emperador Majencio, tenía todas las de perder, pero la leyenda cuenta que la noche antes  vio en las estrellas un mensaje que decía, "Con este signo vencerás" y una cruz cristiana, entonces pintó ese símbolo en los escudos de sus hombres y ganó la batalla. Eso es lo que dice la leyenda. Pero la realidad fue distinta. En realidad, Constantino hizo un pacto con Dios, un acuerdo, un trato, y a cambio de no se sabe qué Dios le concedió la victoria en esa batalla. ¿Queréis saber cómo se comunicó con Dios?

-Sí, queremos saberlo.
-Bien, cuando los romanos perseguían a los cristianos, y se metían en las catacumbas, que eran sus refugios, encontraban una especie de tableros y libros con conjuros que según ellos servían para comunicarse con su Dios. Los romanos obviamente no se lo creyeron, pero el emperador Constantino, viendo inminente su derrota, desesperado, recurrió a todo aquello que pudiera ayudarle a ganar aquella batalla, y se interesó por estos tableros. Se encerró en su cuarto, y estuvo allí dentro durante tres días. Casualmente después, pinta la cruz en los escudos y hace que el cristianismo sea la religión oficial del imperio. ¿No os parece raro? Lo es. De ahí viene el interes por este juego, el interes por hablar con Dios y los espíritus. ¿Seguís queriendo jugar?
-Sí, claro que sí, yo no me creo esas patrañas -dijo el chaval que iba vestido de esqueleto.
-Bien, pues me tenéis que decir vuestros nombres.
Los chavales no dudaron. El que iba disfrazado de esqueleto se llamaba Wäster Whether, el que iba de Frankenstein Deif Viladosmil, y la chica Cuqui Olmos.

-Empecemos -susurró Skinny mientras cogía las manos de los chicos y las ponía sobre el tablero.
-Aquí nos encontramos Wäster Whether, Deif Viladosmil, Cuqui Olmos, Spanky Chulobear y Skinny Jeans. Queremos hacer un pacto.
Wäster Whether interrumpió diciendo:

-¡No, no queremos hacer ningún pacto, no les mientas joder, yo me piro de aquí!
Acto seguido Wäster se levantó y abandonó corriendo la habitación.
Skinny suspiró y dijo:
-Venga, volvamos a empezar, y ahora al que me interrumpa le arranco el estómago, vamos a ello. Aquí nos encontramos Deif Viladosmil, Cuqui Olmos, Spanky Chulobear y Skinny Jeans. Queremos hacer un pacto.
El vaso sobre el que apoyaban las manos comenzó a moverse sobre las letras y dijo "Yo soy Pánfilo de Narváez, conquistador español. Decidme qué queréis".
-Tu no nos sirves puto inútil, queremos hablar con un apóstol.
-Eso no va a ser posible, y controla tus formas o será lo último que digas.
-Nada, éste no nos sirve, es más tonto que las piedras.

De repente Skinny comenzó a gritar y dar alaridos de dolor y los chavales, temerosos, salieron corriendo de la habitación. Skinny seguía retorciéndose en el suelo hasta que Spanky le dijo:

-Skinny, amigo, sobreactuas demasiado, hay que ser muy tonto para creerse eso.
-Cállate, que parece que ha colado.
-Salir, han salido corriendo, pero vamos, llegan a ser un poco más mayores y se descojonan en tu cara.
-Anda payaso, ni que tú seas un teleco.
-Pues de pequeño actúe en varias pantomimas, así que te callas la puta boca.
-Que sí, que sí... putos niños...¿sabes? Me gustaría pillar al típico niño de cinco años de estos que iban a programas de televisión y que se creían graciosos haciendo chistes que no tenían ni puta gracia, y darle una somanta de ostias, ahogarle en agua durante un minuto, cosas así hasta que se de cuenta de que el mundo es un lugar hostil, que nunca se está protegido, que esté siempre en guardia y viva con miedo, y que sepa que la gente no tiene por qué aguantar sus gilipolleces y su prepotencia.
-Qué razón tienes Skinny...
-Y que lo digas... Tendrían que cambiar el sistema educativo, convertirlo en uno más violento que prepare a los niños para defenderse ante cualquier peligro, así se conseguiría un mundo mejor.
-Lo sé Skinny... Bueno creo que ya va siendo hora de salir, ¿dónde quieres ir?
-Pues la verdad, no me decido, podríamos pillar gente para destruir la casa de Jack Rakeyflood's Maqueta o aprovechar y cargarnos al inútil de Cabezapartida Halloween, que sólo sale hoy.
-A mi me renta más ir a por lo de Cabezapartida Halloween, aunque por esa zona fijo que está el capullo del Aqueménida tocando los huevos.
-No importa, se le aparta y listo.
-Bien, pues vamos a ello.

Cabezapartida Halloween era un enajenado caníbal que vivía en su madrigüera y sólo salía la noche de Halloween para recolectar cuerpos que se iría comiendo durante el año. Al principio ésto era sólo una leyenda, pero curiosamente pasó a ser real un tiempo más tarde, al contrario de lo que suele pasar, que es que ocurra el hecho y luego se convierta en leyenda. Los padres contaban la historia de un hombre que se comía a los niños la noche de Halloween si llegaban muy tarde a casa, y con el tiempo alguien decidió convertirse en esa leyenda y hacerla realidad, por eso la noche de Halloween estaba el Aqueménida rondando por esa zona, para vigilar que Cabezapartida Halloween no hiciera de las suyas. Skinny y Spanky se acercaron al barrio donde se encontraba este personaje, y vieron al Aqueménida hablando con su primo, Esqualo Matasaurios.

-Tú te encargas del "tonto" y yo del Aqueménida -dijo Skinny por lo bajo.
Spanky tiró una piedra y rompió el cristal de una casa abandonada. El Aqueménida y Esqualo miraron hacia allí, y entre la confusión Spanky salió de la nada con Tizona en lo alto y le dio un fuerte golpe en la cabeza al "tonto". El Aqueménida se giró para ver qué ocurría pero Skinny le clavó su navaja en un riñón y cayó al suelo inconsciente al acto.

-¿Crees que nos han reconocido? -dijo Spanky con la voz un poco temblorosa.
-No, tú llevas el disfraz ese que es imposible averiguar quién hay tras él, y a mí no me han visto.
-Cierto, bueno, vamos a ésto.
La entrada a la madriguera de Cabezapartida Halloween era un simple agujero en el suelo, como el de una mina, solo que lo había construído él sin ninguna herramienta y obviamente carecía de la seguridad e instalación eléctrica que había en las minas normales. 
-Ahí dentro no vamos a ver un carajo, ¿y si nos ataca cuando estemos desprevenidos? -dijo Spanky.
-Tranquilo, a estas horas estará cazando niños, nos meteremos y le estaremos esperando a su regreso, y el susto se lo llevará él, así que venga, entrando.

Skinny y Spanky entraron cautelosamente en aquél lugar. No veían nada e iban tanteando el camino palpando las paredes y con cuidado de no pisar nada que les pusiera en peligro. El problema era que no conocían el lugar y había muchísimos túneles dentro de la madriguera, era como un laberinto tridimensional. Tras pasar un par de horas caminando por la guarida, encontraron lo que parecía ser la "sala de estar", porque había una televisión rota sin señal, un sofa viejo, una bombilla rota que colgaba del techo (aunque nunca se llegó a encender, dado que no había electricidad), y un montón de latas de cerveza de antes de la guerra vacías por el suelo. También encontraron una especie de banco de trabajo manchado de sangre, con herramientas contundentes y punzantes, y una puerta que comunicaba la sala de estar con otra sala que parecía ser importante, dado que había puerta e incluso había pestillo. 
Spanky reventó el picaporte de la mesa con un fuerte golpe de Tizona y al entrar Skinny se puso a vomitar. Se encontraban en lo que parecía ser la despensa, porque estaba lleno de cuerpos mutilados, muchos de ellos putrefactos, que parecían ser la dieta regular de Cabezapartida Halloween. De repente, Hungaro se le apareció a Spanky y le dijo:

-Ten cuidado Spanky, ya viene.
Spanky se sobresaltó y avisó a Skinny.
-¡Skinny, corre, prepárate, que ya ha vuelto!
-¿Cómo cojones lo sabes, tienes superpoderes o algo así?
-No, que me lo ha dicho Hungaro.
-¿Quién? Ah, ese amigo imaginario que te has hecho, vale tío, pues dile que a ver si le entretiene un poco.
-¡En serio Skinny, que Hungaro nunca me falla, si lo dice él seguro que es verdad!
-Sí, seguro que siempre dice la verdad un producto de tu imaginación enferma y podrida por el consumo de LSD en tu infancia.
-Skinny coño que te juro que está viniendo, es que como venga y Hungaro tenga razón te reviento.
-Está bien, te haré caso, pero como sea mentira más le vale al Hungaro ese no volver a acercarse por aquí porque le voy a sacar los oj...

Antes de que Skinny acabara la frase apareció Cabezapartida Halloween, con un saco cargado de cadáveres, diciendo:

-¿Qué, se está bien aquí?
Spanky rápidamente blandió a Tizona pero no consiguió ver donde estaba, así que lanzó el golpe al aire y acabó dándole en el brazo a Skinny.
-¡Gilipollas! ¡Mira un poco antes de golpear subnormal!

Acto seguido vino el silencio. No sabían donde se había escondido y no se oía nada. Skinny y Spanky estaban clavados en su sitio, sin moverse, y sin respirar casi. Por arte de magia, Hungaro se le apreció a Spanky de nuevo y le dijo:

-Avanza tres pasos en diagonal hacia alante y un poco a la derecha, espera dos segundos y golpea con todas tus fuerzas.

Spanky obedeció, avanzó lo que le digo Hungaro, esperó y dio un fuerte golpe que impactó contra algo y sonó un fuerte "crack". Spanky encadenó una secuencia de golpes a cada cual más fuerte que el anterior sobre el cuerpo de Cabezapartida Halloween. Cuando le pareció que ya ni respiraba, se marcharon. 
Al llegar a casa, Skinny se escayoló el brazo con ayuda de Spanky. Todo indicaba que se había fracturado el brazo.

-Joder Spanky en serio, eres lo más patoso del puto mundo.
-Tío Skinny lo siento, estaba todo oscuro y me puse nervioso.
-Venga tú, que da igual, no te rayes, vete a dormir.
-Lo siento socio, bueno, hasta mañana.
-Hasta mañana vampiro.

Capítulo cuarto


CAPÍTULO CUARTO


El día siguiente amaneció con la desaparición de Mario Breburda ocupando la portada de todos los periódicos. El muy loco se metió en la casa de Jack Rakeyflood's Maqueta. La casa de Jack Rakeyflood's Maqueta era un asunto tabú en el pueblo. También se le conocía como "la casa de los gritos", porque los que pasaban por allí siempre oían chillidos aterradores entre el rugir de una motosierra. La policía no se atrevía a entrar ahí y hacía siempre oídos sordos a las denuncias que habían puesto los habitantes del pueblo contra esa casa. La casa de los gritos era la típica choza estereotipada del Mississipi pero estaba destartalada, sucia y olía mal. En la entrada colgaba un cartel donde había escrito con una caligrafía pésima en tiza negra "Jack Rakeyflood's" y sólo el hecho de ver aquello ya espantaba a la mayoría de visitantes. Pero siempre estaban los típicos niños que jugaban a hacerse los héroes y se retaban entre ellos a entrar en la casa de los gritos, y muchos de éstos desaparecían. El joven Mario Breburda corrió la misma suerte. La gente que pasaba por allí oyó lo de siempre, alaridos de dolor y un terrorífico sonido de motor de gasolina de una motosierra. La gente siempre deseaba que alguien entrara allí, que se descubriera lo que pasaba ahí dentro, pero claro, siempre tenían que ser otros los que entraran, la mera idea de entrar uno mismo ahí dentro echaba por tierra todos los intentos de hacerse el héroe y que se hiciera justicia. La gente se volvía muy apática respecto a ese tema y simplemente "lo dejaban estar". Pero con la desaparición de Mario Breburda, Skinny y Spanky decidieron infiltrarse en aquel matadero y castigar al que se dedicaba a realizar tales fechorías. La razón probablemente fue que Mario fue un amigo de la infancia de Spanky, y Spanky siempre guardaba cierto aprecio por los primeros amigos que tuvo en vida, por lo que decidió vengarse. Quedaron por la madrugada en la plaza mayor, ya que la casa de los gritos se encontraba a tan sólo dos calles de ahí, del punto más concurrido del pueblo. Una vez se reunieron allí comprobaron su equipo, ya que consideraron necesario traer cierto armamento por los posibles peligros que encontraran allí dentro. Spanky trajo a Tizona, unas botas de hierro y una plancha de acero que le protegía el pecho, y Skinny llevaba un bate de béisbol, un casco de moto y una navaja afilada fabricada en Albacete, ya que él consideraba que allí se hacían las mejores del mundo. Se aproximaron a la casa silenciosamente y cuando Spanky fue a derribar la puerta se percataron de que ya estaba abierta. Entraron y estaba todo oscuro, no había ni una mísera lámpara. Empezaron a andar y la madera del suelo crugía a cada pisada que daban. Cuando caminaron unos pasos la pierna de Spanky se metió en un agujero que había en el suelo y al rozarse con los bordes astillados de éste, le empezó a sangrar. Intentaron sin éxito sacar la pierna de Spanky de ahí hasta que se oyeron unos pasos. Skinny dejó a Spanky y se preparó para el combate. De repente sonó el estruendo de una motosierra y Skinny a penas pudo ver una enorme sombra corriendo hacia él. Intentó esquivarla como pudo pero fue muy torpe y la sombra le hizo un corte en el brazo. La sombra le atacó de nuevo, esta vez a la cabeza, pero Skinny consiguió parar la motosierra con el bate, pero se rompió y quedó desarmado. Sacó su navaja del bolsillo y empezaron a dar círculos mirándose el uno al otro.

-Estás muerto hijo de puta -dijo Skinny mientras blandía su navaja.
La sombra respondió con un gemido inentendible a la vez que se lanzaba de nuevo a por Skinny, pero fue hábil y esquivó la motosierra, y aprovechando la bajada de guardia de la sombra, le profirió una puñalada mortífera en el estómago. La sombra siguió de pie, aunque le costaba mantener el equilibrio. La navaja de Skinny se había quedado incrustada en el cuerpo de la sombra, y cuando parecía que se iba a lanzar de nuevo a por él, apareció Spanky y le dio con Tizona en la espina dorsal, haciendo que cayera al suelo de bruces, y una vez en él, le abrió el cráneo a golpes con su preciada tubería. Una vez hubieron acabado, notaron pasos que se acercaban hacia ellos de más de una persona.

-Mejor vámonos de aquí -dijo Skinny mientras recuperaba su navaja.
Ambos lograron salir de aquella casa siniestra sin que las otras sombras les alcanzaran.
-Tenemos que formar un comando y hacer otra incursión -dijo Skinny.
-Estoy de acuerdo, me he quedado con ganas de reventar a los demás.
-Bien, pues más adelante reclutaremos a una media docena de hombres y neutralizaremos a los habitantes de la casa.
-Me parece bien, por cierto Skinny, dentro de un par de horas va a amanecer, podríamos colarnos en la pantomima de las seis y media.
-La verdad es que me apetece bastante, hace mucho tiempo que no me excito y me río al mismo tiempo.

Ambos se dirigieron al teatro municipal, que estaba con aforo máximo. En aquél pueblo las pantomimas eran muy populares, y siempre que había una las entradas se agotaban en menos de una hora. Skinny y Spanky saltaron la valla y se colaron por la puerta de atrás. Entraron dentro y vieron el espectáculo. Siete hombres con aspecto viril, es decir, peludos y gordos, maquillados y vestidos de mujer, formando un corro masturbándose delante de una sordomuda ciega que no tenía ni brazos ni piernas. Miraron al público y vieron al señor Iborra riéndose a carcajada limpia con la cara roja como un tomate. Al ver la escena, Skinny y Spanky se echaron a reír también. En aquél espectáculo, la pobre ciega sordomuda era llamada la "mantissa", y los demás hombres se conocían como "telecos". El encargado del teatro irrumpió en escena y se llevó a la mantissa, y acto seguido los telecos se pusieron a besarse entre ellos. La escena resultaba cómica, ya que había siete telecos, por lo que uno se quedaba sin pareja, y se ponía celoso e intentaba como podía romper una pareja para meterse él y dejar a otro sin pareja. Miraron a Iborra y seguía riéndose a carcajada limpia, su cara seguía roja, e incluso lloraba de la risa. Después de media hora de peleas pasionales entre telecos, el encargado del teatro indicó que la actuación había terminado y el público le dio un fuerte aplauso y le empezaron a llover monedas. Los telecos saludaron al público y desaparecieron entre el telón. El aplauso duró mas de diez minutos, y cuando acabó la gente empezó a levantarse para irse a su casa. A la salida existía la llamada "zona de alivio", tenía forma de un baño público pero la gente iba allí para masturbarse si se habían quedado excitados viendo la obra. Skinny y Spanky se metieron y vieron adentro al señor Iborra, que seguía con la cara roja.

-Hola chicos -les dijo con tono amable el señor Iborra.
- Hola - dijeron al unísono Skinny y Spanky.
-¿Sabéis una cosa chicos? Me han contratado para el colegio municipal como profesor de lengua inglesa. Me van a pagar un sueldazo, ¿no es genial?
-Enhorabuena -le dijo Skinny.
-Empiezo las clases mañana. Creo que os voy a dar clase a vostros, así que no me deis mucha guerra ¿eh?, que si no me enfado, y no queréis verme enfadado.
-Tu tranquilo socio, nosotros nos ocupamos de que esté toda la clase silenciosa.
-Muchas gracias, puf, que nervioso estoy, hace ya mucho que no doy una clase, bueno chicos, tengo que irme ya a casa, nos vemos mañana,venga, hasta luego.
-Hasta luego Don Manuel.

Skinny y Spanky sequedaron al espectáculo siguiente. Era un duelo. En aquél pueblo estaban permitidos los duelos, pero no eran a muerte, eran una pelea, donde los contrincantes estaban desnudos, y se pegaban hasta que no pudieran más, y el ganador podía abusar sexualmente del perdedor. El duelo que iba a tener lugar era entre Mónstruo y el Máster, su mala relación era conocida por todos y por fín habían acordado un duelo en el teatro, el ganador se llevaba la mitad del dinero recolectado en las entradas, y el perdedor era sometido a las humillaciones, abucheos y vejaciones del público. Por fin salieron los contrincantes, y el encargado del teatro dio por empezada la pelea. Se acercaron el uno al otro, titubeantes, hasta que Mónster le lanzó un derechazo que impactó en la mandíbula del Máster, el cuál perdió el conocimiento durante unos segundos y cayó al suelo. Sin pensárselo, Mónster se lanzó encima suyo pero el Máster consiguió apresarle el cuello con sus piernas, y le hizo un candado asfixiante. La cara de Mónster empezó a ponerse roja pero consiguió erguirse, y con una fuerza sobrenatural levantó al Máster y luego le estampó contra el suelo rompiéndole la espalda. Con la fuerte caída, el Máster deshizo el candado que tenía apresado a Monster y éste le hizo uno con sus brazos, y entre el dolor de la caída y el cansancio, el Máster acabó rindiéndose, y quedó inmóvil, en el suelo. La gente empezó a vitorear a Mónster, que empezó a violar al pobre Máster, que no podía casi moverse. La gente no cabía en sí de júbilo y empezaron a descargar su rabia con el Máster. Al final acabó el combate y el Máster se retiró entre escupitajos e insultos por la puerta de atrás. Spanky le tiró una litrona que se había comprado y le hizo una brecha en la cabeza. Cuando se fue, Skinny y Spanky regresaron a sus respectivas casas, había sido una noche entretenida.

Capítulo tercero


CAPÍTULO TERCERO


- ¡Tappan Kaikki sinä kylässä astrazaigorrea, Stradsgaads!
Skinny miró de reojo a Spanky, y este empezaba a acariciar a Tizona.
-¡Dräs ist zërlieven numia karabetia lakarra!
-¿Le ocurre algo señor? - Preguntó Skinny con aire desafiante.

Manuel pasó de largo pero dejó caer aposta un periódico, el periódico local, cuyo redactor jefe era el ilustre licenciado en ciencias de la información Eric Wiseman. En la portada se podía ver un titular que decía que el ministerio de sanidad iba a investigar la carnicería de Manuel Iborra ya que se habían recibido denuncias anónimas que le acusaban de vender carne humana. Spanky era un consumidor habitual de esa carnicería, incluso tenía bastantes posibilidades de acabar trabajando allí, y le excitó la idea de que hubiera podido haber estado comiendo carne de otros congéneres. Sin más dilación, se dirigieron hacia allí, bajo el efecto de los psicotrópicos, a investigar si era cierto aquello que había publicado el ilustre Eric Wiseman. Por el pueblo se rumoreaba que el ilustre Eric Wiseman no estaba en su sano juicio. Estuvo cautivo durante un año y medio en "La Gran Guerra" en un zulo de dos metros cuadrados de espacio, sin ventanas, y el único contacto que tenía con la raza humana era cuando el encargado venía a traerle la comida. Tras ser liberado, volvió al pueblo donde fundó el periódico local, siendo él el único redactor. Wiseman, como redactor jefe del periódico, debía estar enterado de todos los cotilleos, ya que el periódico cubría todo tipo de información, que estaba dividida en sectores. La parte azul, donde se encontraban las noticias generales del pueblo, la parte amarilla, donde se encontraba la opinión del ilustre Eric Wiseman acerca de los actos llevados a cabo por el alcalde, los políticos y demás personalidades, la parte naranja, donde se encontraban los deportes, la parte rosa, donde se publicaban los cotilleos, tales como enamoramientos, divorcios, infidelidades, peleas, y un largo etcétera relacionado con la vida privada de los habitantes del pueblo. Para rellenar la sección rosa, Wiseman tenía contratadas a un grupo de mujeres de todo tipo, cuarentonas amas de casa, viejas, adolescentes que se enteraban de todo... que le facilitaban la información, aunque el ilustre Eric Wiseman no se preocupaba mucho de comprobar si era verdad o no. Wiseman era un hombre problemático. Había tenido problemas con la gran mayoría de los vecinos, y tenía muchos amigos pero también muchos enemigos. En el pueblo se creía que el ilustre Eric Wiseman padecía de homosexualidad, y se rumoreaba que había mantenido relaciones íntimas con su archienemigo, el ilustre Diego de León Blackbird, aunque Wiseman lo negaba rotundamente. Eric y Diego habían llegado a las manos en numerosas ocasiones, ya fuera en actos públicos, como en foros del ayuntamiento o asambleas, o privados (cuando quedaban a solas para hablar de temas políticos). El origen de su mala relación fue en "La Gran Guerra", donde ambos eran soldados rasos, y en un tiroteo encarnizado, donde estaba cayendo toda la unidad, Diego huyó y dejó vendido a Wiseman, provocando que le capturaran y encerraran en aquel dichoso zulo.

Al cabo de un rato, Skinny y Spanky llegaron a la carnicería, pero estaba cerrada. Spanky le dio con Tizona a la puerta rompiéndola en mil pedazos, y entraron. Les invadió un fuerte olor a putrefacción que venía del sótano, y se dirigieron hacia allí. Pasaron al sótano y verificaron que los rumores del periódico local eran ciertos, ante ellos se hallaban los cuerpos desmembrados de los niños de Baltasar, y un montón de carne embutida. Skinny se fue a una esquina a vomitar mientras Spanky se dejó llevar por el hambre, cogió un trozo de carne y se lo llevó a la boca. Al ver esto, Skinny volvió a vomitar.

-¡Joder, deja de comerte eso, puto subnormal!-decía esquina entre jadeos.
-No he probado una carne más rica en mi vida, está deliciosa, creo que me llevaré un poco a casa- decía Spanky mientras cogía una bolsa y empezaba a meter unos cuantos trozos de carne.
Ya se disponían a salir cuando oyeron a alguien entrar por la puerta. Se escondieron entre la oscuridad del sótano y vieron que esa persona que acababa de entrar empezó a bajar las escaleras. Cuando llegó al sótano vieron que se trataba de Gorgyo Estrellas, su amigo del instituto.
-¿Skinny, Spanky, estáis aquí? - decía Gorgyo mientras iba a ciegas.
- Joder Gorgyo, menudo susto nos has dado, creíamos que eras otra vez el cretino ese de Dragone Matasaurios - dijo Skinny.
- No os preocupéis, bueno, ¿qué habéis estado haciendo, chutándoos como de costumbre o algo más especial?
- Hola Gorgyo - dijo Spanky mientras aprecía de entre la oscuridad con la boca manchada de sangre.
- Ah, hola Spanky, no te había visto, ¿qué tal?
- He de decirte que estás realmente apetecible.
- ¿Cómo dices?
- Que te comería ahora mismo...
Al día siguiente la misteriosa desaparición de Gorgyo Estrellas inundaba las portadas de los periódicos. En el instituto, la delegada de clase, Natalia Hiranandani, se acercó en el recreo a Skinny y Spanky a ver si sabían algo.
-Hey, ustedes dos, ¿no sabrán por causalidad donde se encuentra Gorgyo?
-No, no lo sabemos.
-Venga ya, eran sus mejores amigos, tienen que saber donde está.
Se produjo un silencio. Natalia se quedó mirando a Spanky mientras éste comía su bocadillo mientras la miraba. Natalia se fijaba en cómo Spanky arrancaba trozos de su bocadillo de carne, muy lentamente, y paulatinamente su cara empezó a adoptar una expresión horrorizada mientras se le saltaban las lágrimas.
-Como sueltes algo que no proceda, puede que corras su misma suerte. -Auguró Skinny.
Natalia salió corriendo y Skinny y Spanky siguieron hablando de sus cosas.
- Sabes Skinny, ya estoy casi acabando el "Spanker".
- Eso está muy bien, ¿cuándo lo tendrás listo para su uso?
- En uno o dos días, solo queda añadirle unos detalles técnicos.
- ¿Al final usaste acerco o titanio?
- Acero, es más barato.
- ¿Tanto para el tubo como el revestimiento?
- Así es.
- Bien hecho, prefiero el acero, pesa más pero es muy resistente, ¿al final lo trucaste?
- Sí, he aumentado la potencia en un veinte por ciento más o menos.
- Parece que has hecho un buen trabajo, te felicito.
- Gracias, pero felicita también a mi amigo Hungaro.
- ¿A quién?
- Nada, es una tontería, es como mi "ángel de la guarda".
- Estás como una puta cabra.
- Dirás como un puto cabro.
- "Japish".

Capítulo segundo


CAPÍTULO SEGUNDO

Después de esconder el cuerpo del señor Kruger en el bosque, nuestros protagonistas se pusieron a redactar la carta de despedida de Baltasar por la cual nadie sospecharía nada sobre su desaparición al leerla.
"Queridos amigos, he decidido desvincularme completamente de este pequeño pueblo en el que creía que iba a conseguir disfrutar de una nueva vida alejada de los tormentos de mi pasado. Los motivos que me llevaron a hacerlo son varios, en primer lugar he sentido que no he congeniado con todos los habitantes del lugar, en especial con dos chavales marginales que se negaron a acudir a mi fiesta de inauguración, y, llamarme sensible si queréis, no aguanto el llevarme mal con personas a las que voy a ver con una frecuencia regular, así que ese es uno de los motivos de mi marcha. Otro es el intensivo interrogatorio al que fui sometido por parte del Sheriff, ese tal Dragone Matasaurios, no veo lógico que nada más acomodarme rastree mi casa en busca de drogas, prostitutas o esclavos. Me ofendió fuertemente esa falta de confianza, aunque el siempre alegó que se trataba del protocolo, pero hablé con varios vecinos en la fiesta y ninguno había pasado el "control sorpresa" que tuve que pasar yo. En tercer lugar, mi tío me ha ofrecido ser socio de su empresa de fármacos en Nueva York, lo que supondría un gran aumento de mi nivel de vida, y siento si peco de egoísta, pero es que ganaría diez veces más de lo que gano con el negocio ambulante. Sin más dilación, ha sido un placer haberos conocido, un abrazo, Baltasar"
Skinny y Spanky creyeron que la carta era bastante buena y creíble, por lo que se marcharon de la casa sigilosamente y fueron a sus respectivas casas, tenían que prepararse dado que al día siguiente tenían el llamado "Día de las lamentaciones". Spanky llegó a su casa sin hacer ruido y se metió en la cama. No podía conciliar el sueño. Cuando estaba a punto de dormirse, notó como que estaba alguien en su cuarto, sentía una presencia. Encendió la luz y vió ahí delante suya a Hungaro, el chaval con el que se habían encontrado antes. Spanky se sobresaltó y fue corriendo a por Tizona, pero Hungaro le puso la zancadilla y cayó de bruces contra el suelo. Hungaro saltó encima suyo y le dijo: "Dame las llaves del coche de tu padre". Spanky no sabía por qué pero estaba atemorizado, por lo que accedió a dárselas, fueron sigilosamente al garaje, se las dio y Hungaro le dijo antes de irse: "Perdonar no significa incitar". Spanky se quedo dubitativo, y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Empezo a respirar cada vez más rápido y le dio una taquicardia, que al rato se le pasó.
Al día siguiente Skinny y Spanky se reunieron en lo alto del monte, al alba, para celebrar el "Día de las lamentaciones", cosa que hacían cada año. Consisitía en disculparse ante un Dios que ellos mismos habían creado, y, aunque sabían de sobra que no existía, le consideraban como real, como alguien superior a ellos y al que debían guardar respeto. Skinny empezó con las lamentaciones.
- Zoroastro, ser cruel y vengativo, tú que odias a los débiles y alabas a los superiores, quería que me perdonaras por...-Skinny rompió a llorar. -no ser todo lo grande que puedo ser, por no esforzarme todo lo que puedo, por dejarte de lado cuando mi cabeza se llena de eudaimonía y hedonismo, y acudir a ti sollozando como un ser inferior cuando las cosas me van mal, sé que en este año he cometido muchos errores, demasiados, como los demás, sé que no soy digno de que me dirijas la palabra, solo quería decirte que este año intentaré alcanzar la virtud para ser como tú, por favor, si tienes algo que decirme, dímelo ya, por favor...
No hubo respuesta. Skinny siguió llorando mientras Spanky se arrodillaba para comenzar su oración. 
-Zoroastro, tú que me guías cuando me pierdo en la oscuridad, tú que llevas mi vida por el buen camino, tú que...
Spanky cortó la oración cuando vio entre los árboles aparecer a Hungaro. Sus pulsaciones aumentaron descontroladamente y una sensación de pánico se apoderó de él. 
- Hola Spanky. -Dijo Hungaro.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? Ya te di el coche de mis padres, lárgate de una vez, ¡déjame en paz! - decía Spanky mientras lloraba descontroladamente.
-No llores Spanky, estoy aquí para ayudarte. Soy un enviado de Zoroastro. Yo te llevaré por el buen camino. Te diré qué debes hacer y qué debes no hacer. 
- ¡Oh Zoroastro, gracias, muchas gracias, por fin escuchas mis plegarias!
-Ahora, debo irme, llámame cuando me necesites.
Skinny dejó de llorar y preguntó:
-¿Con quién demonios hablas?
-¿Es que no le has visto?
-¿Ver a quién? ¡Estabas delirando!
-Zoroastro me ha enviado a uno de sus súbditos para que me guíe.
-Deja de mentir, Zoroastro no te ha enviado a nadie, por aquí no ha pasado nadie, estabas hablando tú solo para hacerme creer que hablabas con Él, pero a mí no me engañas.
-Te juro que estaba aquí, pero ya se ha ido...
-Mira, me da igual, vamos a clase, que llegamos tarde.
A primera hora tenían clase de lengua castellana. Skinny y Spanky tenían un especial aprecio por el profesor, Cayestrom Zarajillo, aunque le apodaban "Mónster". Skinny y Spanky disfrutaban la mala relación que tenían él y el profesor de mates, Tony King, apodado "Máster", y su asignatura, en vez de llamarla matemáticas, la llamaban "mastermáticas", debido a las pequeñas diferencias que había con las reales y la obsesión del Máster de descubrir una nueva teoría a la cual poner su nombre y pasar así a la historia, por eso estaba siempre inventándose reglas matemáticas, como la famosa "regla de los cuatro pasos" (Exponía que para realizar una derivada se debían llevar a cabo cuatro pasos esenciales, que en realidad eran tanto inútiles como innecesarios, dado que eran reglas obvias que podían ejecutarse en un sólo paso).
Mónster empezó la clase un poco más enfadado de lo habitual, y en los primeros cinco minutos echó a tres personas de clase. Intentaba como podía enseñar a sus alumnos como resolver una pregunta que caía en todos los exámenes que consistía en exponer las características lingüísticas más sobresalientes del texto en cuestión, pero ninguna persona de la clase había conseguido puntuar algo en esa pregunta durante los exámenes, lo que provocaba que Mónster se desesperara. Le ordenó a Spanky que respondiera esa pregunta del texto de la fotocopia que tenían que traer para ese día. Spanky no lo tenía hecho y estaba  a punto de confesarlo cuando Hungaro apareció de repente y le dijo: "Tranquilo, yo te ayudo".
- Señor, estamos esperándole ¿eh? -dijo en voz alta un impaciente Cayestrom.
-Sí sí ya voy -dijo Spanky mientras intentaba concentrarse -a ver, nivel pragmático textual: Coherencia. El texto se estructura en una tesis y conjuga una serie de argumentos de autoridad y hay una modalización a través del conocimiento implícito y explícito que hay. La cohesión viene definida por el tema central, la física, y las diversas ideas. La función del lenguaje que predomina es la denotativa o representativa. Nivel fonético-fonológico: Predominan...
-Muy bien, muy bien -decía alegre Mónster -lo ha hecho usted de maravilla, el primero que se entera de cómo va esto, tiene usted un punto más en la evaluación.
Spanky miró alegre a Hungaro, y acto seguido desapareció.
Al acabar les tocó ir a clase de dibujo técnico, que la impartía el ilustre profesor Ferdinando de Oso, descendiente de nobles españoles que se asentaron en América en busca de fortuna. Era apodado "Arenillas"(se rumoreaba que cuando era pequeño se abrió la cabeza en la playa y le entró un poco de arenisca en la cabeza, y se le quedó dentro) y "Taburete"(el origen de este apodo es desconocido). Skinny y Spanky odiaban el dibujo, y cada clase se les hacía muy pesada y eterna, en especial el tema que estaban dando, el sistema diédrico, donde casi nadie entendía los razonamientos y se limitaban meramente a copiar. Lo que pareció una eternidad más tarde, acabó el colegio y Skinny y Spanky, como era viernes, se dirigeron a su alijo de droga para meterse una buena dosis que les dejara saciados para el fin de semana. El alijo estaba a las afueras del pueblo, dentro de una tubería en desuso que se usaba para lanzar residuos al río.
- ¿Qué quieres meterte? - Preguntó Skinny.
-Dame una buena dosis de LSD, que hace varias semanas que no lo pruebo.
-Debuti, yo creo que me meteré unas cuantas buenas rayas de coca, como de costumbre.
Cuando terminaron de chutarse, vieron a lo lejos que se acercaba Manuel Iborra, con un largo cuchillo empapado en sangre y cara de pocos amigos.

Capítulo primero


CAPÍTULO PRIMERO

Spanky derribó la puerta del almacén de una fuerte patada. Entraron y estaba todo oscuro, por lo que Skinny buscó el interruptor y al encender la luz vieron que allí había una docena de chavales atados con cadenas, y la mayoría tenían o algún miembro mutilado o múltiples magulladuras por todo el cuerpo. Uno de esos chavales se acercó a Skinny arrastrándose pidiéndole auxilio, y Skinny le dijo: "¿Cómo te llamas?". El chaval se agarró a su pierna y le dijo "Ayúdame por favor". Skinny le dijo "Pero a ver, ¿tú no me entiendes? ¿Que cómo te llamas?". El chaval no contestó y Skinny le propinó una fuerte patada en la cabeza, haciendo que chocara contra la pared y le causó una brecha enorme. El resto de chavales se quedaron mirando a Skinny aterrorizados, mientras veían cómo la cabeza de su compañero sangraba sin parar. Mientras tanto Spanky cogió un pedazo de tubería de plomo del suelo y se quedó blandiéndola. Skinny dijo "A ver, ¿nadie va a decirme cómo se llama?" hasta que uno dijo: "Me llamo Hungaro, Hungaro Chievo".
-¿Húngaro? ¿Es que eres de Hungría? -Dijo Skinny en un tono vacilante.
-No, Húngaro no, Hungaro.
-¿Y esa puta mierda de nombre?
-Será el nombre que acabará con tu horrible vida si no cierras tu puta boca de enajenado mental.
Skinny y Spanky empezaron a reirse a carcajadas.
-Parece que tenemos aquí un valiente, vaya vaya...-dijo Spanky.
Acto seguido Hungaro le escupió y le dio en el brazo. Skinny y Spanky se miraron y le empezaron a propinar una brutal paliza hasta que se desmayó. Skinny se dirigió hacia un muchacho y le dijo:
-Dime tu nombre.
- Me llamo Cierbo Tagliatella- dijo el muchacho de forma entrecortada.
-Dime Cierbo, ¿Qué opinas del comunismo?
-¿De qué?
-Del comunismo, ¿no sabes lo que es?
-Me suena, creo que es una especie de terrorismo ruso...
-¿Y qué más?
-Pues... El gobierno intentó acabar con él hace un tiempo ya pero no estoy muy seguro...
Skinny le miró a los ojos, sonrió, y le dijo:
-¿Por qué te falta un brazo amigo?
-El señor Baltasar nos castiga con frecuencia, y cuando bebe más de la cuenta ocurren estas cosas...
-Entiendo... dime Cierbo, ¿crees que el señor Baltasar merece un castigo?
-Yo creo que sí...
-Dime Cierbo, ¿quieres que castiguemos a Baltasar?
-¡Sí, por favor!
-Está bien, así se hará...justo después de castigarte a ti.
-No espera...-Dijo Cierbo mientras Spanky se acercaba con el trozo de tubería en alto.
-Hazlo. -Le dijo Skinny.
Spanky no dudó y le empezó a golpear en la cabeza repetidas veces hasta que se le hundió el cráneo.
-Vámonos de aquí, tenemos que castigar al señor Kruger. -dijo Skinny.
-La llamaré Tizona. -dijo Spanky.
- ¿A quién?
-A mi espada.
-¿Te refieres a ese trozo oxidado de tubería? Está bien, haz lo que quieras, pero pienso que leer tanto ese libro español te ha afectado al cerebro. 
-No es un simple trozo de tubería, es más que eso...
-Estás como una puta cabra...
Ambos se dirigieron a paso lento hacia la casa del señor Kruger, dado que tenían que esperar a que se quedara la casa sola para poder colarse y darle a Baltasar lo que se merecía. Todavía seguía mucha gente en la fiesta, por lo que decidieron irse a dar una vuelta para matar el tiempo. Fueron a la tienda de chuches, donde se encontraron con Gorgyo, le saludaron y siguieron por su camino. Eran ya las ocho de la tarde y la tienda de chuches había cerrado. Skinny, enfurecido, le pegó una patada a la puerta y logró romper el candado. Sin dudarlo Skinny y Spanky se metieron dentro y se dieron un festín comiendo un montón de caramelos y demás alimentos que había por allí, hasta saciarse. Luego tiraron al suelo la caja registradora, la rompieron y Skinny se llevó todo lo que había dentro, unos cincuenta dólares. Spanky no se llevó nada. No le gustaba el dinero. Tampoco lo necesitaba, todo lo que podía necesitar lo robaba o se lo pedía a sus padres, que siempre accedían a comprarle lo que quisiera, pero ese no era el problema, el problema era que no le gustaba. Ni siquiera el propio Skinny sabía porqué, no sabía si era por el tacto, el color, la forma, la textura, o por motivos más abstractos, como la decadencia que produce en la sociedad por ejemplo. Siempre que le preguntaba sobre esos temas Spanky se mostraba incómodo y se negaba a discutir sobre ese tipo de temas. Spanky era un gran aficionado a la literatura y a la filosofía, al igual que Skinny, pero Spanky era mucho más radical, podía encerrarse días enteros leyendo un mismo libro, intentando averiguar qué es lo que el autor quiere transmitir, comprender todos los puntos de vista posibles y captar todas las ideas que pueda. No veía la literatura como diversión, sino como una herramienta para abrir su mente. Spanky tampoco hablaba nunca de política, decía que no sabía lo suficiente, pese a haber leído muchísimos libros sobre este tema, y ni siquiera se atrevía a opinar sobre si las medidas que toma el Gobierno son acertadas o incorrectas.
Tras pasarse varias horas estando sentados en el bordillo de la acera, sin haberse dirigido la palabra siquiera (cada uno pensaba en sus cosas, lo cuál consideraban mucho más importante que entablar una conversación estúpida sobre temas triviales) se levantaron y se dirigieron hacia la casa del señor Baltasar Kruger. Al llegar allí vieron que se había ido todo el mundo, por lo que se pusieron manos a la obra. La casa del señor Kruger era un chalet con jardín, por lo que después de comprobar que no había nadie vigilando, Spanky subió a Skinny, saltó la valla y luego le abrió a Spanky la puerta desde dentro. Fueron por el jardín muy sigilosos e intentaron abrir la puerta principal, pero estaba bloqueada. Spanky se fijó en que la ventana del piso de arriba estaba abierta, entonces escalaron por el árbol del jardín hasta llegar al tejado y se colaron por ahí. Al saltar dentro, pillaron por sorpresa a Baltasar, que salió corriendo. Skinny le persiguió y con las prisas Baltasar cayó rodando por las escaleras. Skinny y Spanky le capturaron y le subieron al piso de arriba.
-Vamos a matarlo ya y nos dejamos de tonterías, que tengo prisa. -dijo Spanky.
-No te precipites amigo, recuerda el protocolo, tenemos que hacerle un juicio.
-Sigo sin saber el porqué, si sabemos de antemano como va a acabar.
-Ya, pero tenemos que hacerlo, así que deja de refunfuñar y sujétale.
Spanky agarró a Baltasar por detrás, cogiéndole de los brazos e impidiendo que escapara.
Skinny se le acercó y dijo...
-¿Reconoce usted la autoridad de este tribunal?
-¡No!-dijo Baltasar como pudo.
-Bien, tenemos pruebas de que ha secuestrado niños jóvenes y les ha sometido a torturas, ¿es eso cierto?
-¡No!
-¿Y como han llegado entonces todos esos niños al almacén que acaba de alquilar?
-¡No lo sé!
-Estás mintiendo, claro que lo sabes.
-Está bien, sí, son mis ayudantes, ¿qué pasa con eso?
-Les ha usted maltratado y mutilado, ¿tiene algo que alegar en su defensa?
-¡Eran mis esclavos! ¡Yo les poseo! ¡Yo les compré! ¡Puedo hacer con ellos lo que quiera!
-Usted es ciudadano de los Estados Unidos, lo cuál le obliga a obedecer las leyes vigentes del país, y las ha violado, por lo tanto, este tribunal sentencia que el señor Baltasar Kruger debe ser ejecutado, ¿tiene el acusado alguna defensa más?
-¡Socorro!
-Verdugo, proceda.
Skinny sujetó a Baltasar mientras Spanky blandió a Tizona y le asestó un golpe crítico en la cabeza, que le dejó sin vida en el acto.
-Vamos a sacar este cuerpo de aquí-dijo Skinny.

Prólogo


PRÓLOGO

Había una vez, en un pueblo de Estados Unidos, dos amigos, llamados Skinny Jeans y Spanky Chulobear. Estos muchachos solían tener problemas con las autoridades, en especial el Sheriff, Dragone Matasaurios, apodado "el Aqueménida", más adelante os explicaré porqué. El caso es que el Aqueménida había encerrado en el calabozo varias veces a Skinny y Spanky (nunca más de un día seguido) y sus padres no podían más, estaban hartos del comportamiento vandálico de sus hijos, no paraban de romper mobiliario urbano, destrozar automóviles, quemar neumáticos en medio de vías públicas... hasta que les obligaron a realizar trabajos forzosos, con los presos de la cárcel del pueblo. A partir de ahí su rutina diaria consistía en ir al instituto por la mañana, hasta la hora de comer, luego comían, y acto seguido se dirigían a la mina donde estarían varias horas picando piedra sin parar, bajo la atenta mirada del capataz, Esqualo Matasaurios, primo del Sheriff del pueblo. Una vez terminado el trabajo se dirigían al centro médico donde eran tratadas sus enfermedades mentales, Spanky tenía esquizofrenia aguda debido al consumo excesivo de ácido lisérgico en su preadolescencia, y Skinny tenía una conducta paranormal hostil dirigida hacia los débiles.
En el colegio Skinny y Spanky suspendían todas las asignaturas a excepción de educación física y filosofía, donde sacaban matrículas de honor. Todos los alumnos tenían miedo de Skinny y Spanky, cuya mera presencia les atemorizaba. En clase estaban sentados en las esquinas de atrás, y los pupitres que les rodeaban estaban vacíos, por mera precaución y porque nadie quería sentarse allí. En el patio se iban a una esquina, donde debatían sobre todo tipo de temas, aunque nadie sabe de qué hablaban, ya que acercarse a ellos suponía una prueba de valor extremo. La única relación que tenían Skinny y Spanky con el alumnado era con Gorgyo Estrellas, de un año menos que ellos, un niño pelirrojo, con granos, bajito y con un par de kilos de más. Siempre llevaba una gorra azul y era característico por el enorme aparato que llevaba en los dientes, que cuando sonreía reflejaba la luz del sol y cegaba a sus compañeros. Nadie sabe que relación tenían Skinny y Spanky con Gorgyo, aunque por el colegio se rumoreaba que Gorgyo les conseguía droga y les hacía los trabajos sucios, pero no estaba comprobado. Varios profesores habían propuesto al director la expulsión del centro de Skinny y Spanky, pero no se podía llevar a cabo debido a que no había pruebas de que éstos hubieran agredido verbal o físicamente a algún alumno, profesor o personal no docente. El único caso curioso es que una vez Spanky le admitió a Skinny que estaba enamorado de la delegada de clase, Lydia Rotoroaia, y ésta a la semana apareció en silla de ruedas, con los fémures destrozados. Dice que fue agredida en la calle Hornimans, cuando salía de comprar el pan, en una fría noche de invierno, por dos hombres que perfectamente podrían haber sido nuestros protagonistas, pero nunca se llegó a demostrar. El Aqueménida estaba convencido de que habían sido "ese par de payasos", como los llamaba él, pero no encontró evidencias para inculparles y casi perdió su trabajo por no haber sabido resolver ese caso. Otro caso fue cuando encontraron a un hombre de raza negra, llamado Jack Finisterre, destrozado después de haber sido sometido a una brutal paliza (aunque se demostró posteriormente que había sido el grupo neonazi ultraprotestante "Los redentores") o cuando apareció la Señora Fitzgerald, de ochenta años de edad, descuartizada en las vías del tren, pero se llegó a la conclusión de que fue ella misma quien se quitó la vida tras encontrar en su casa la nota de suicidio.

A Skinny y Spanky solo les quedaba un año de clases, estaban ya en último curso preparándose para dar el gran salto al mundo laboral, ya que no irían a la universidad debido a la poca solvencia económica de sus progenitores. Probablemente Spanky ayudaría a su padre en la caza de osos y sus posterior taxidermización, o como ayudante en la carnicería del señor Manuel Iborra, español que emigró a los Estados Unidos debido a que fue despedido de su trabajo de profesor de inglés tras proferir reiteradamente una gran cantidad de insultos antisemitas contra un par de alumnos. Skinny no sabía muy bien donde iba a trabajar, su padre le decía que trabajara con él en su tienda de discos, o que se enrolara en la Armada, pero a Skinny no le atraía ninguna de estas ideas. El sueño de Skinny era fundar un partido político en el cual pudiera proyectar su ideología, un tanto estrafalaria si lo vemos con la perspectiva de la sociedad actual.
Estaba llegando ya el otoño, y un buen día llegó al pueblo un misterioso personaje, que decía que era vendedor ambulante, su nombre era Baltasar Kruger, y vendía cabellos. Skinny y Spanky no veían a Baltasar con buenos ojos, no confiaban en él, tenía algo en su mirada, algo que les inquietaba, y fueron los únicos del pueblo que no fueron a la fiesta de inauguración que el señor Kruger preparó para caer bien a los vecinos del pueblo, ya que tenía pensado instalarse allí. Skinny y Spanky se dirigieron al nuevo almacén donde el señor Kruger guardaría su mercancía y encontraron algo que les dejó boquiabiertos...