Hoy era un día muy especial para Skinny y Spanky, estábamos a 31 de octubre, y es tradición en los países anglosajones celebrar la fiesta de halloween, celebración que encandilaba sobremanera a nuestros protagonistas, más incluso, que nochebuena o el día de sus cumpleaños. Pero en el pueblo donde se desarrolla nuestra historia no se celebraba exactamente igual que en la actualidad, cada uno lo celebraba a su manera, por ejemplo, los redentores (grupo nazi católico) se dedicaban a la caza de negros, latinos o demás razas inferiores y debido a que era halloween la policía no les decía nada (aunque siendo francos tampoco lo hubieran hecho en cualquier otro día), los niños pequeños, como era costumbre desde hacía años, pasaban por las casas pidiendo caramelos con el famoso "¿truco o trato?". En su niñez, Skinny también celebraba halloween así, y la gente siempre le daba caramelos porque no querían correr la misma suerte que el ex-alcalde del pueblo, que en vez de decirle trato y darle caramelos, le dijo truco, y Skinny le metió un balazo entre ceja y ceja. Pero ya había crecido y consideraba ridículo y humillante ir pasándose por las casas en busca de una recompensa gastronómica. Ahora se dedicaba junto con Spanky a su pasatiempos favorito, asustar y pegar a gente, solo que como era halloween se disfrazaba de algo que diese miedo. El disfraz que había conseguido Skinny para este año era el de un oficial de las SS y el de Spanky consistía en una mera sábana blanca con agujeros en los ojos y en la boca, pero sus trazos imperfectos le daban un aspecto aterrador. Ya estaban los dos en casa de Skinny casi listos para salir a la aventura cuando llamaron a la puerta. Eran tres niños y una niña disfrazados, uno de vampiro, otro de Frankenstein, otro de esqueleto y la niña iba de bruja.
-¿Truco o trato? -preguntaron inocentemente.
Skinny se quedó pensativo unos segundos y dijo:
-Truco.
Acto seguido, el niño que iba disfrazado de vampiro sacó un huevo de una bolsa y lo lanzó contra la casa, y acabó impactando en la ventana de la buhardilla, quedando toda empapada. El chaval que tiró el huevo salió corriendo mientras Skinny contemplaba como desaparecía entre la noche, después se acercó a los chavales.
-¿Queréis pasar miedo?
-¡Por supuesto! -dijeron los chavales entusiasmados.
-Bien, pues pasad adentro.
Los chavales entraron lentamente en la casa, y Spanky les indicó que subieran a la buhardilla.
-Decidme, niños, ¿sabéis jugar a la ouija?
-No sabemos qué es eso.
-Veréis, os contaré una historia, hace mucho tiempo, cuando el emperador Constantino I de Roma se enfrentó en la Batalla del Puente Milvio al emperador Majencio, tenía todas las de perder, pero la leyenda cuenta que la noche antes vio en las estrellas un mensaje que decía, "Con este signo vencerás" y una cruz cristiana, entonces pintó ese símbolo en los escudos de sus hombres y ganó la batalla. Eso es lo que dice la leyenda. Pero la realidad fue distinta. En realidad, Constantino hizo un pacto con Dios, un acuerdo, un trato, y a cambio de no se sabe qué Dios le concedió la victoria en esa batalla. ¿Queréis saber cómo se comunicó con Dios?
-Sí, queremos saberlo.
-Bien, cuando los romanos perseguían a los cristianos, y se metían en las catacumbas, que eran sus refugios, encontraban una especie de tableros y libros con conjuros que según ellos servían para comunicarse con su Dios. Los romanos obviamente no se lo creyeron, pero el emperador Constantino, viendo inminente su derrota, desesperado, recurrió a todo aquello que pudiera ayudarle a ganar aquella batalla, y se interesó por estos tableros. Se encerró en su cuarto, y estuvo allí dentro durante tres días. Casualmente después, pinta la cruz en los escudos y hace que el cristianismo sea la religión oficial del imperio. ¿No os parece raro? Lo es. De ahí viene el interes por este juego, el interes por hablar con Dios y los espíritus. ¿Seguís queriendo jugar?
-Sí, claro que sí, yo no me creo esas patrañas -dijo el chaval que iba vestido de esqueleto.
-Bien, pues me tenéis que decir vuestros nombres.
Los chavales no dudaron. El que iba disfrazado de esqueleto se llamaba Wäster Whether, el que iba de Frankenstein Deif Viladosmil, y la chica Cuqui Olmos.
-Empecemos -susurró Skinny mientras cogía las manos de los chicos y las ponía sobre el tablero.
-Aquí nos encontramos Wäster Whether, Deif Viladosmil, Cuqui Olmos, Spanky Chulobear y Skinny Jeans. Queremos hacer un pacto.
Wäster Whether interrumpió diciendo:
-¡No, no queremos hacer ningún pacto, no les mientas joder, yo me piro de aquí!
Acto seguido Wäster se levantó y abandonó corriendo la habitación.
Skinny suspiró y dijo:
-Venga, volvamos a empezar, y ahora al que me interrumpa le arranco el estómago, vamos a ello. Aquí nos encontramos Deif Viladosmil, Cuqui Olmos, Spanky Chulobear y Skinny Jeans. Queremos hacer un pacto.
El vaso sobre el que apoyaban las manos comenzó a moverse sobre las letras y dijo "Yo soy Pánfilo de Narváez, conquistador español. Decidme qué queréis".
-Tu no nos sirves puto inútil, queremos hablar con un apóstol.
-Eso no va a ser posible, y controla tus formas o será lo último que digas.
-Nada, éste no nos sirve, es más tonto que las piedras.
De repente Skinny comenzó a gritar y dar alaridos de dolor y los chavales, temerosos, salieron corriendo de la habitación. Skinny seguía retorciéndose en el suelo hasta que Spanky le dijo:
-Skinny, amigo, sobreactuas demasiado, hay que ser muy tonto para creerse eso.
-Cállate, que parece que ha colado.
-Salir, han salido corriendo, pero vamos, llegan a ser un poco más mayores y se descojonan en tu cara.
-Anda payaso, ni que tú seas un teleco.
-Pues de pequeño actúe en varias pantomimas, así que te callas la puta boca.
-Que sí, que sí... putos niños...¿sabes? Me gustaría pillar al típico niño de cinco años de estos que iban a programas de televisión y que se creían graciosos haciendo chistes que no tenían ni puta gracia, y darle una somanta de ostias, ahogarle en agua durante un minuto, cosas así hasta que se de cuenta de que el mundo es un lugar hostil, que nunca se está protegido, que esté siempre en guardia y viva con miedo, y que sepa que la gente no tiene por qué aguantar sus gilipolleces y su prepotencia.
-Qué razón tienes Skinny...
-Y que lo digas... Tendrían que cambiar el sistema educativo, convertirlo en uno más violento que prepare a los niños para defenderse ante cualquier peligro, así se conseguiría un mundo mejor.
-Lo sé Skinny... Bueno creo que ya va siendo hora de salir, ¿dónde quieres ir?
-Pues la verdad, no me decido, podríamos pillar gente para destruir la casa de Jack Rakeyflood's Maqueta o aprovechar y cargarnos al inútil de Cabezapartida Halloween, que sólo sale hoy.
-A mi me renta más ir a por lo de Cabezapartida Halloween, aunque por esa zona fijo que está el capullo del Aqueménida tocando los huevos.
-No importa, se le aparta y listo.
-Bien, pues vamos a ello.
Cabezapartida Halloween era un enajenado caníbal que vivía en su madrigüera y sólo salía la noche de Halloween para recolectar cuerpos que se iría comiendo durante el año. Al principio ésto era sólo una leyenda, pero curiosamente pasó a ser real un tiempo más tarde, al contrario de lo que suele pasar, que es que ocurra el hecho y luego se convierta en leyenda. Los padres contaban la historia de un hombre que se comía a los niños la noche de Halloween si llegaban muy tarde a casa, y con el tiempo alguien decidió convertirse en esa leyenda y hacerla realidad, por eso la noche de Halloween estaba el Aqueménida rondando por esa zona, para vigilar que Cabezapartida Halloween no hiciera de las suyas. Skinny y Spanky se acercaron al barrio donde se encontraba este personaje, y vieron al Aqueménida hablando con su primo, Esqualo Matasaurios.
-Tú te encargas del "tonto" y yo del Aqueménida -dijo Skinny por lo bajo.
Spanky tiró una piedra y rompió el cristal de una casa abandonada. El Aqueménida y Esqualo miraron hacia allí, y entre la confusión Spanky salió de la nada con Tizona en lo alto y le dio un fuerte golpe en la cabeza al "tonto". El Aqueménida se giró para ver qué ocurría pero Skinny le clavó su navaja en un riñón y cayó al suelo inconsciente al acto.
-¿Crees que nos han reconocido? -dijo Spanky con la voz un poco temblorosa.
-No, tú llevas el disfraz ese que es imposible averiguar quién hay tras él, y a mí no me han visto.
-Cierto, bueno, vamos a ésto.
La entrada a la madriguera de Cabezapartida Halloween era un simple agujero en el suelo, como el de una mina, solo que lo había construído él sin ninguna herramienta y obviamente carecía de la seguridad e instalación eléctrica que había en las minas normales.
-Ahí dentro no vamos a ver un carajo, ¿y si nos ataca cuando estemos desprevenidos? -dijo Spanky.
-Tranquilo, a estas horas estará cazando niños, nos meteremos y le estaremos esperando a su regreso, y el susto se lo llevará él, así que venga, entrando.
Skinny y Spanky entraron cautelosamente en aquél lugar. No veían nada e iban tanteando el camino palpando las paredes y con cuidado de no pisar nada que les pusiera en peligro. El problema era que no conocían el lugar y había muchísimos túneles dentro de la madriguera, era como un laberinto tridimensional. Tras pasar un par de horas caminando por la guarida, encontraron lo que parecía ser la "sala de estar", porque había una televisión rota sin señal, un sofa viejo, una bombilla rota que colgaba del techo (aunque nunca se llegó a encender, dado que no había electricidad), y un montón de latas de cerveza de antes de la guerra vacías por el suelo. También encontraron una especie de banco de trabajo manchado de sangre, con herramientas contundentes y punzantes, y una puerta que comunicaba la sala de estar con otra sala que parecía ser importante, dado que había puerta e incluso había pestillo.
Spanky reventó el picaporte de la mesa con un fuerte golpe de Tizona y al entrar Skinny se puso a vomitar. Se encontraban en lo que parecía ser la despensa, porque estaba lleno de cuerpos mutilados, muchos de ellos putrefactos, que parecían ser la dieta regular de Cabezapartida Halloween. De repente, Hungaro se le apareció a Spanky y le dijo:
-Ten cuidado Spanky, ya viene.
Spanky se sobresaltó y avisó a Skinny.
-¡Skinny, corre, prepárate, que ya ha vuelto!
-¿Cómo cojones lo sabes, tienes superpoderes o algo así?
-No, que me lo ha dicho Hungaro.
-¿Quién? Ah, ese amigo imaginario que te has hecho, vale tío, pues dile que a ver si le entretiene un poco.
-¡En serio Skinny, que Hungaro nunca me falla, si lo dice él seguro que es verdad!
-Sí, seguro que siempre dice la verdad un producto de tu imaginación enferma y podrida por el consumo de LSD en tu infancia.
-Skinny coño que te juro que está viniendo, es que como venga y Hungaro tenga razón te reviento.
-Está bien, te haré caso, pero como sea mentira más le vale al Hungaro ese no volver a acercarse por aquí porque le voy a sacar los oj...
Antes de que Skinny acabara la frase apareció Cabezapartida Halloween, con un saco cargado de cadáveres, diciendo:
-¿Qué, se está bien aquí?
Spanky rápidamente blandió a Tizona pero no consiguió ver donde estaba, así que lanzó el golpe al aire y acabó dándole en el brazo a Skinny.
-¡Gilipollas! ¡Mira un poco antes de golpear subnormal!
Acto seguido vino el silencio. No sabían donde se había escondido y no se oía nada. Skinny y Spanky estaban clavados en su sitio, sin moverse, y sin respirar casi. Por arte de magia, Hungaro se le apreció a Spanky de nuevo y le dijo:
-Avanza tres pasos en diagonal hacia alante y un poco a la derecha, espera dos segundos y golpea con todas tus fuerzas.
Spanky obedeció, avanzó lo que le digo Hungaro, esperó y dio un fuerte golpe que impactó contra algo y sonó un fuerte "crack". Spanky encadenó una secuencia de golpes a cada cual más fuerte que el anterior sobre el cuerpo de Cabezapartida Halloween. Cuando le pareció que ya ni respiraba, se marcharon.
Al llegar a casa, Skinny se escayoló el brazo con ayuda de Spanky. Todo indicaba que se había fracturado el brazo.
-Joder Spanky en serio, eres lo más patoso del puto mundo.
-Tío Skinny lo siento, estaba todo oscuro y me puse nervioso.
-Venga tú, que da igual, no te rayes, vete a dormir.
-Lo siento socio, bueno, hasta mañana.