lunes, 28 de enero de 2013

Capítulo segundo


CAPÍTULO SEGUNDO

Después de esconder el cuerpo del señor Kruger en el bosque, nuestros protagonistas se pusieron a redactar la carta de despedida de Baltasar por la cual nadie sospecharía nada sobre su desaparición al leerla.
"Queridos amigos, he decidido desvincularme completamente de este pequeño pueblo en el que creía que iba a conseguir disfrutar de una nueva vida alejada de los tormentos de mi pasado. Los motivos que me llevaron a hacerlo son varios, en primer lugar he sentido que no he congeniado con todos los habitantes del lugar, en especial con dos chavales marginales que se negaron a acudir a mi fiesta de inauguración, y, llamarme sensible si queréis, no aguanto el llevarme mal con personas a las que voy a ver con una frecuencia regular, así que ese es uno de los motivos de mi marcha. Otro es el intensivo interrogatorio al que fui sometido por parte del Sheriff, ese tal Dragone Matasaurios, no veo lógico que nada más acomodarme rastree mi casa en busca de drogas, prostitutas o esclavos. Me ofendió fuertemente esa falta de confianza, aunque el siempre alegó que se trataba del protocolo, pero hablé con varios vecinos en la fiesta y ninguno había pasado el "control sorpresa" que tuve que pasar yo. En tercer lugar, mi tío me ha ofrecido ser socio de su empresa de fármacos en Nueva York, lo que supondría un gran aumento de mi nivel de vida, y siento si peco de egoísta, pero es que ganaría diez veces más de lo que gano con el negocio ambulante. Sin más dilación, ha sido un placer haberos conocido, un abrazo, Baltasar"
Skinny y Spanky creyeron que la carta era bastante buena y creíble, por lo que se marcharon de la casa sigilosamente y fueron a sus respectivas casas, tenían que prepararse dado que al día siguiente tenían el llamado "Día de las lamentaciones". Spanky llegó a su casa sin hacer ruido y se metió en la cama. No podía conciliar el sueño. Cuando estaba a punto de dormirse, notó como que estaba alguien en su cuarto, sentía una presencia. Encendió la luz y vió ahí delante suya a Hungaro, el chaval con el que se habían encontrado antes. Spanky se sobresaltó y fue corriendo a por Tizona, pero Hungaro le puso la zancadilla y cayó de bruces contra el suelo. Hungaro saltó encima suyo y le dijo: "Dame las llaves del coche de tu padre". Spanky no sabía por qué pero estaba atemorizado, por lo que accedió a dárselas, fueron sigilosamente al garaje, se las dio y Hungaro le dijo antes de irse: "Perdonar no significa incitar". Spanky se quedo dubitativo, y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Empezo a respirar cada vez más rápido y le dio una taquicardia, que al rato se le pasó.
Al día siguiente Skinny y Spanky se reunieron en lo alto del monte, al alba, para celebrar el "Día de las lamentaciones", cosa que hacían cada año. Consisitía en disculparse ante un Dios que ellos mismos habían creado, y, aunque sabían de sobra que no existía, le consideraban como real, como alguien superior a ellos y al que debían guardar respeto. Skinny empezó con las lamentaciones.
- Zoroastro, ser cruel y vengativo, tú que odias a los débiles y alabas a los superiores, quería que me perdonaras por...-Skinny rompió a llorar. -no ser todo lo grande que puedo ser, por no esforzarme todo lo que puedo, por dejarte de lado cuando mi cabeza se llena de eudaimonía y hedonismo, y acudir a ti sollozando como un ser inferior cuando las cosas me van mal, sé que en este año he cometido muchos errores, demasiados, como los demás, sé que no soy digno de que me dirijas la palabra, solo quería decirte que este año intentaré alcanzar la virtud para ser como tú, por favor, si tienes algo que decirme, dímelo ya, por favor...
No hubo respuesta. Skinny siguió llorando mientras Spanky se arrodillaba para comenzar su oración. 
-Zoroastro, tú que me guías cuando me pierdo en la oscuridad, tú que llevas mi vida por el buen camino, tú que...
Spanky cortó la oración cuando vio entre los árboles aparecer a Hungaro. Sus pulsaciones aumentaron descontroladamente y una sensación de pánico se apoderó de él. 
- Hola Spanky. -Dijo Hungaro.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? Ya te di el coche de mis padres, lárgate de una vez, ¡déjame en paz! - decía Spanky mientras lloraba descontroladamente.
-No llores Spanky, estoy aquí para ayudarte. Soy un enviado de Zoroastro. Yo te llevaré por el buen camino. Te diré qué debes hacer y qué debes no hacer. 
- ¡Oh Zoroastro, gracias, muchas gracias, por fin escuchas mis plegarias!
-Ahora, debo irme, llámame cuando me necesites.
Skinny dejó de llorar y preguntó:
-¿Con quién demonios hablas?
-¿Es que no le has visto?
-¿Ver a quién? ¡Estabas delirando!
-Zoroastro me ha enviado a uno de sus súbditos para que me guíe.
-Deja de mentir, Zoroastro no te ha enviado a nadie, por aquí no ha pasado nadie, estabas hablando tú solo para hacerme creer que hablabas con Él, pero a mí no me engañas.
-Te juro que estaba aquí, pero ya se ha ido...
-Mira, me da igual, vamos a clase, que llegamos tarde.
A primera hora tenían clase de lengua castellana. Skinny y Spanky tenían un especial aprecio por el profesor, Cayestrom Zarajillo, aunque le apodaban "Mónster". Skinny y Spanky disfrutaban la mala relación que tenían él y el profesor de mates, Tony King, apodado "Máster", y su asignatura, en vez de llamarla matemáticas, la llamaban "mastermáticas", debido a las pequeñas diferencias que había con las reales y la obsesión del Máster de descubrir una nueva teoría a la cual poner su nombre y pasar así a la historia, por eso estaba siempre inventándose reglas matemáticas, como la famosa "regla de los cuatro pasos" (Exponía que para realizar una derivada se debían llevar a cabo cuatro pasos esenciales, que en realidad eran tanto inútiles como innecesarios, dado que eran reglas obvias que podían ejecutarse en un sólo paso).
Mónster empezó la clase un poco más enfadado de lo habitual, y en los primeros cinco minutos echó a tres personas de clase. Intentaba como podía enseñar a sus alumnos como resolver una pregunta que caía en todos los exámenes que consistía en exponer las características lingüísticas más sobresalientes del texto en cuestión, pero ninguna persona de la clase había conseguido puntuar algo en esa pregunta durante los exámenes, lo que provocaba que Mónster se desesperara. Le ordenó a Spanky que respondiera esa pregunta del texto de la fotocopia que tenían que traer para ese día. Spanky no lo tenía hecho y estaba  a punto de confesarlo cuando Hungaro apareció de repente y le dijo: "Tranquilo, yo te ayudo".
- Señor, estamos esperándole ¿eh? -dijo en voz alta un impaciente Cayestrom.
-Sí sí ya voy -dijo Spanky mientras intentaba concentrarse -a ver, nivel pragmático textual: Coherencia. El texto se estructura en una tesis y conjuga una serie de argumentos de autoridad y hay una modalización a través del conocimiento implícito y explícito que hay. La cohesión viene definida por el tema central, la física, y las diversas ideas. La función del lenguaje que predomina es la denotativa o representativa. Nivel fonético-fonológico: Predominan...
-Muy bien, muy bien -decía alegre Mónster -lo ha hecho usted de maravilla, el primero que se entera de cómo va esto, tiene usted un punto más en la evaluación.
Spanky miró alegre a Hungaro, y acto seguido desapareció.
Al acabar les tocó ir a clase de dibujo técnico, que la impartía el ilustre profesor Ferdinando de Oso, descendiente de nobles españoles que se asentaron en América en busca de fortuna. Era apodado "Arenillas"(se rumoreaba que cuando era pequeño se abrió la cabeza en la playa y le entró un poco de arenisca en la cabeza, y se le quedó dentro) y "Taburete"(el origen de este apodo es desconocido). Skinny y Spanky odiaban el dibujo, y cada clase se les hacía muy pesada y eterna, en especial el tema que estaban dando, el sistema diédrico, donde casi nadie entendía los razonamientos y se limitaban meramente a copiar. Lo que pareció una eternidad más tarde, acabó el colegio y Skinny y Spanky, como era viernes, se dirigeron a su alijo de droga para meterse una buena dosis que les dejara saciados para el fin de semana. El alijo estaba a las afueras del pueblo, dentro de una tubería en desuso que se usaba para lanzar residuos al río.
- ¿Qué quieres meterte? - Preguntó Skinny.
-Dame una buena dosis de LSD, que hace varias semanas que no lo pruebo.
-Debuti, yo creo que me meteré unas cuantas buenas rayas de coca, como de costumbre.
Cuando terminaron de chutarse, vieron a lo lejos que se acercaba Manuel Iborra, con un largo cuchillo empapado en sangre y cara de pocos amigos.

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