CAPÍTULO PRIMERO
Spanky derribó la puerta del almacén de una fuerte patada. Entraron y estaba todo oscuro, por lo que Skinny buscó el interruptor y al encender la luz vieron que allí había una docena de chavales atados con cadenas, y la mayoría tenían o algún miembro mutilado o múltiples magulladuras por todo el cuerpo. Uno de esos chavales se acercó a Skinny arrastrándose pidiéndole auxilio, y Skinny le dijo: "¿Cómo te llamas?". El chaval se agarró a su pierna y le dijo "Ayúdame por favor". Skinny le dijo "Pero a ver, ¿tú no me entiendes? ¿Que cómo te llamas?". El chaval no contestó y Skinny le propinó una fuerte patada en la cabeza, haciendo que chocara contra la pared y le causó una brecha enorme. El resto de chavales se quedaron mirando a Skinny aterrorizados, mientras veían cómo la cabeza de su compañero sangraba sin parar. Mientras tanto Spanky cogió un pedazo de tubería de plomo del suelo y se quedó blandiéndola. Skinny dijo "A ver, ¿nadie va a decirme cómo se llama?" hasta que uno dijo: "Me llamo Hungaro, Hungaro Chievo".
-¿Húngaro? ¿Es que eres de Hungría? -Dijo Skinny en un tono vacilante.
-No, Húngaro no, Hungaro.
-¿Y esa puta mierda de nombre?
-Será el nombre que acabará con tu horrible vida si no cierras tu puta boca de enajenado mental.
Skinny y Spanky empezaron a reirse a carcajadas.
-Parece que tenemos aquí un valiente, vaya vaya...-dijo Spanky.
Acto seguido Hungaro le escupió y le dio en el brazo. Skinny y Spanky se miraron y le empezaron a propinar una brutal paliza hasta que se desmayó. Skinny se dirigió hacia un muchacho y le dijo:
-Dime tu nombre.
- Me llamo Cierbo Tagliatella- dijo el muchacho de forma entrecortada.
-Dime Cierbo, ¿Qué opinas del comunismo?
-¿De qué?
-Del comunismo, ¿no sabes lo que es?
-Me suena, creo que es una especie de terrorismo ruso...
-¿Y qué más?
-Pues... El gobierno intentó acabar con él hace un tiempo ya pero no estoy muy seguro...
Skinny le miró a los ojos, sonrió, y le dijo:
-¿Por qué te falta un brazo amigo?
-El señor Baltasar nos castiga con frecuencia, y cuando bebe más de la cuenta ocurren estas cosas...
-Entiendo... dime Cierbo, ¿crees que el señor Baltasar merece un castigo?
-Yo creo que sí...
-Dime Cierbo, ¿quieres que castiguemos a Baltasar?
-¡Sí, por favor!
-Está bien, así se hará...justo después de castigarte a ti.
-No espera...-Dijo Cierbo mientras Spanky se acercaba con el trozo de tubería en alto.
-Hazlo. -Le dijo Skinny.
Spanky no dudó y le empezó a golpear en la cabeza repetidas veces hasta que se le hundió el cráneo.
-Vámonos de aquí, tenemos que castigar al señor Kruger. -dijo Skinny.
-La llamaré Tizona. -dijo Spanky.
- ¿A quién?
-A mi espada.
-¿Te refieres a ese trozo oxidado de tubería? Está bien, haz lo que quieras, pero pienso que leer tanto ese libro español te ha afectado al cerebro.
-No es un simple trozo de tubería, es más que eso...
-Estás como una puta cabra...
Ambos se dirigieron a paso lento hacia la casa del señor Kruger, dado que tenían que esperar a que se quedara la casa sola para poder colarse y darle a Baltasar lo que se merecía. Todavía seguía mucha gente en la fiesta, por lo que decidieron irse a dar una vuelta para matar el tiempo. Fueron a la tienda de chuches, donde se encontraron con Gorgyo, le saludaron y siguieron por su camino. Eran ya las ocho de la tarde y la tienda de chuches había cerrado. Skinny, enfurecido, le pegó una patada a la puerta y logró romper el candado. Sin dudarlo Skinny y Spanky se metieron dentro y se dieron un festín comiendo un montón de caramelos y demás alimentos que había por allí, hasta saciarse. Luego tiraron al suelo la caja registradora, la rompieron y Skinny se llevó todo lo que había dentro, unos cincuenta dólares. Spanky no se llevó nada. No le gustaba el dinero. Tampoco lo necesitaba, todo lo que podía necesitar lo robaba o se lo pedía a sus padres, que siempre accedían a comprarle lo que quisiera, pero ese no era el problema, el problema era que no le gustaba. Ni siquiera el propio Skinny sabía porqué, no sabía si era por el tacto, el color, la forma, la textura, o por motivos más abstractos, como la decadencia que produce en la sociedad por ejemplo. Siempre que le preguntaba sobre esos temas Spanky se mostraba incómodo y se negaba a discutir sobre ese tipo de temas. Spanky era un gran aficionado a la literatura y a la filosofía, al igual que Skinny, pero Spanky era mucho más radical, podía encerrarse días enteros leyendo un mismo libro, intentando averiguar qué es lo que el autor quiere transmitir, comprender todos los puntos de vista posibles y captar todas las ideas que pueda. No veía la literatura como diversión, sino como una herramienta para abrir su mente. Spanky tampoco hablaba nunca de política, decía que no sabía lo suficiente, pese a haber leído muchísimos libros sobre este tema, y ni siquiera se atrevía a opinar sobre si las medidas que toma el Gobierno son acertadas o incorrectas.
Tras pasarse varias horas estando sentados en el bordillo de la acera, sin haberse dirigido la palabra siquiera (cada uno pensaba en sus cosas, lo cuál consideraban mucho más importante que entablar una conversación estúpida sobre temas triviales) se levantaron y se dirigieron hacia la casa del señor Baltasar Kruger. Al llegar allí vieron que se había ido todo el mundo, por lo que se pusieron manos a la obra. La casa del señor Kruger era un chalet con jardín, por lo que después de comprobar que no había nadie vigilando, Spanky subió a Skinny, saltó la valla y luego le abrió a Spanky la puerta desde dentro. Fueron por el jardín muy sigilosos e intentaron abrir la puerta principal, pero estaba bloqueada. Spanky se fijó en que la ventana del piso de arriba estaba abierta, entonces escalaron por el árbol del jardín hasta llegar al tejado y se colaron por ahí. Al saltar dentro, pillaron por sorpresa a Baltasar, que salió corriendo. Skinny le persiguió y con las prisas Baltasar cayó rodando por las escaleras. Skinny y Spanky le capturaron y le subieron al piso de arriba.
-Vamos a matarlo ya y nos dejamos de tonterías, que tengo prisa. -dijo Spanky.
-No te precipites amigo, recuerda el protocolo, tenemos que hacerle un juicio.
-Sigo sin saber el porqué, si sabemos de antemano como va a acabar.
-Ya, pero tenemos que hacerlo, así que deja de refunfuñar y sujétale.
Spanky agarró a Baltasar por detrás, cogiéndole de los brazos e impidiendo que escapara.
Skinny se le acercó y dijo...
-¿Reconoce usted la autoridad de este tribunal?
-¡No!-dijo Baltasar como pudo.
-Bien, tenemos pruebas de que ha secuestrado niños jóvenes y les ha sometido a torturas, ¿es eso cierto?
-¡No!
-¿Y como han llegado entonces todos esos niños al almacén que acaba de alquilar?
-¡No lo sé!
-Estás mintiendo, claro que lo sabes.
-Está bien, sí, son mis ayudantes, ¿qué pasa con eso?
-Les ha usted maltratado y mutilado, ¿tiene algo que alegar en su defensa?
-¡Eran mis esclavos! ¡Yo les poseo! ¡Yo les compré! ¡Puedo hacer con ellos lo que quiera!
-Usted es ciudadano de los Estados Unidos, lo cuál le obliga a obedecer las leyes vigentes del país, y las ha violado, por lo tanto, este tribunal sentencia que el señor Baltasar Kruger debe ser ejecutado, ¿tiene el acusado alguna defensa más?
-¡Socorro!
-Verdugo, proceda.
Skinny sujetó a Baltasar mientras Spanky blandió a Tizona y le asestó un golpe crítico en la cabeza, que le dejó sin vida en el acto.
-Vamos a sacar este cuerpo de aquí-dijo Skinny.
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