CAPÍTULO DÉCIMO
Ginecólogo despertó de un sueño profundo y sentía un malestar por todo el cuerpo dado que había dormido más de diez horas en el suelo y probablemente hubiera adquirido malas posturas. Se desnudó y fue a la ducha, pero al abrir el grifo el agua no fluía, lo cuál era algo que en mayor o menor medida se esperaba, en esos tiempos encontrar agua corriente era sólo propio de los ricos o los privilegiados. Se vistió de nuevo y bajó a recepción, donde hacía guardia el personaje que le atendió la noche pasada.
-Buenos días -dijo Ginecólogo en tono amable.
-Buenos días señor, ¿qué desea?
-Me preguntaba si había desayuno.
-El desayuno no está incluído en la oferta, me temo que tendrá que abonar cierta cantidad de dinero para hacer uso de ese servicio.
-Ah bueno, pues entonces déjelo, bueno, hasta luego.
-Hasta luego.
Ginecólogo salió del hotel con la intención de encontrar un bar para desayunar y de paso visitar el pueblo. A penas cruzó la calle le asaltó una mujer ostentosa y bien dotada.
-Buenos días buen hombre, ¿cómo va todo?
-Bi....Bien-dijo Ginecólogo con la voz entrecortada.
-He visto que tienes una habitación en ese hotel, ¿te gustaría que subamos y pasemos un buen rato?
-Hombre, pues acabo de salir para dar un paseo, vente conmigo si quieres y desayunamos.
La señora se quedó pensativa ante esa inesperada respuesta.
-Está bien, vayamos a desayunar.
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Madame, ¿y tú?
-Yo soy Ginecólogo, encantado.
-¿Y qué te trae por aquí, Ginecólogo?
-Asuntos personales.
-¿Y a qué te dedicas?
-Mmmmm.... A la construcción, ¿y tú?
-Pues básicamente a mantener contenta a la gente en estos tiempos que corren.
-Una bonita profesión, si señor, ¿y está bien remunerada?
-Pues depende de lo bueno que sea el cliente hijo -dijo Madame entre risas.
-Entiendo.
-Bueno chato, me has caído muy bien, si quieres nos podemos ver mañana a esta misma hora, si es que todavía estás por aquí.
-Si, todo parece indicar que seguiré estando, así que mañana nos vemos.
-Pues hasta mañana, adiós.
-Adiós.
Al despedirse, se dieron un beso en la mejilla.
La noticia de la llegada del Hambre había traído consecuencias devastadoras para el pueblo. Se habían perdido negocios, cosechas, puestos de trabajo, en general, un montón de dinero. Skinny y Spanky, al no tener padres ya, y en consecuencia, una fuente de ingresos, necesitaban buscarse algunos quehaceres para no tener que estar robando la comida día tras día y conseguir un poco de estabilidad. Aquél día habían asistido a clase, después de meses enteros de ausencia, aunque las cosas seguían más o menos igual que antes. Nadie interaccionaba con Skinny y Spanky, y Skinny y Spanky no interaccionaban con nadie. A última hora tenían inglés, y cuando estaban a punto de padecer de hastío, el profesor Don Manuel Iborra, que había sido fichado como nuevo profesor de inglés, dado que el otro había huído por la llegada del Hambre, ordenó la salida. Cuando Skinny y Spanky se disponían a salir, Iborra les hizo un gesto indicando que se pararan.
-Chicos, una preguntilla.
-Dinos-dijo Skinny.
-Como bien sabéis, las cosas en el pueblo están muy mal, mi propia carnicería ha quebrado debido a que nadie compraba una mierda, y gracias a Dios que conseguí este trabajo, pero aun así no me llega y necesito hacer trabajitos extra.
-Ve al grano.
-Bien, os voy a ser sinceros, como trabajo extra me estoy dedicando al narcotráfico, el problema que tengo es que en el colegio ya no quedan materiales químicos y los necesito para seguir fabricando mi mercancía, así que si me traéis lo que os pida, os pagaré bien, muy bien, y vamos, no es que esteis en condiciones de rechazarlo, que sé que os hace falta el dinero.
-Parece una oferta interesante, cobrar por hacer lo que más nos gusta, bien, trato hecho.
-Vale, lo primero que tendréis que conseguirme es sulfato de cobre (II), ¿Sabéis donde conseguirlo?
-Sabemos.
-Pues perfecto, no tardéis más de cuatro días y seréis recompensados con cincuenta dólares cada uno.
-De acuerdo, no le fallaremos Don Manuel.
Al salir de clase Spanky le preguntó a Skinny.
-Skinny, ¿sabes donde conseguirlo?
-Si quieres que te sea sincero Spanky, no tengo ni puta idea.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Pues no lo sé, podemos ir a Villaverde y robarlo allí.
-Tengo una idea mejor, y si usamos el Portal y lo robamos en ese colegio?
-Pues Spanky, por fín tienes una jodida buena idea, estoy sorprendido, vamos mañana si te parece bien.
-Mañana por la noche.
-Claro está, no quiero que me vean más de mil niños como me agencio sus productos de cocina.
-Estamos aquí reunidos Leonardo, Dragone Matasaurios "el Aqueménida", y Mans Ryder, además del Consejo Superior de Justicia del distrito. El tema a tratar será la destitución del actual Sheriff Dragone Matasaurios, por su incompetitividad y malversación de fondos, y al mismo tiempo la contratación de Sir Mans Ryder como nuevo Sheriff del pueblo. Bien, ahora se pasará a la recogida de firmas para la destitución de Dragone Matasaurios, ¿tiene algo que opinar el susodicho?
-¡No pueden echarme, llevo más de diez años de Sheriff en este pueblo, todo el mundo me quiere, es absurdo todo esto!
-Bien, Dragone Matasaurios, usted admite que durante estos últimos tiempos el nivel de criminalidad del pueblo ha crecido exponencialmente hasta límites insospechados que rozan lo absurdo, y usted no ha hecho nada por impedirlo ya sea por cobardía o por no damnificar a sus más allegados, ¿no es así?
-Es cierto que últimamente ha habido algún que otro problemilla, pero nada que no tenga solución, vamos a ver, estoy muy experimentado en mi puesto y nadie podría hacer esto mejor que yo.
El jurado mirada desconfiadamente a Dragone.
-Bien, si ya ha terminado sus inconvincentes declaraciones, pasemos a la recogida de firmas.
Leonardo entregó un papel a cada uno de los miembros del jurado y los recogió al cabo de un minuto.
-Bien, el resultado es de ocho votos a favor y uno en contra, Dragone, a partir de ahora queda usted oficialmente destituído del cargo de Sheriff, así que por favor, entregue su placa y su pistola en la comisaría.
Dragone salió llorando de la sala.
-Bien, el siguiente punto del día es la contratación de Mans Ryder como nuevo Sheriff, yo mismo le he propuesto, su historial en la Gran Guerra es impecable y estoy seguro de que reconducirá con puño de hierro a este caótico pueblo hacia la legalidad vigente impuesta por el Estado Mayor. Ahora procederemos a la votación.
Leonardo llevó a cabo el mismo proceso.
-Bien, el resultado es de cinco votos a favor y cuatro en contra, Sir Mans Ryder, a partir de ahora es usted el nuevo Sheriff de este pueblo, enhorabuena.
-Es un honor, juro que reconduciré este pueblo hacia un futuro mejor.
-Bien, si no hay nada más que aclarar, se levanta la sesión, gracias por asistir.
Al acabar el acta, Leonardo se fue a hacerse un corte de pelo. Al llegar no vio a nadie en la peluquería, hasta que llegó una chica bajita con el pelo rojizo y una voz dulce y agradable.
-Buenos días señor, ¿qué desea?
-Un corte de pelo, cortito.
-¿A máquina o tijera?
-No fantasmees que sé que no tenéis máquina.
La chica se sonrojó.
-Muy bien, pues a tijera pues, si me acompaña...
La chica llevó a Leonardo hacia el lavabo. Leonardo era esa clase de hombre que le gustaba hablar con quien sea, incluídas las peluqueras, una asombrosa habilidad dado que pocos hombres encuentran temas de conversación o interés para hacerlo.
-No hay nada como un buen lavado de cabeza después de un acta.
-¿Es usted abogado?
-No exactamente, me dedico a lo jurídico, pero no soy abogado exactamente, estoy a medio camino entre juez y asesor.
-Suena muy interesante, ¿dónde estudió?
-Pues en la Universidad Carlos III de Madrid, doble grado en Derecho y Administración y Dirección de empresas.
-Suena muy difícil, ¿le costó mucho?
-Pues para qué te voy a mentir chata, el primer año sí, pero los demás fue coser y cantar, nada del otro mundo.
-A mi siempre me llamó la atención hacer una carrera, pero mi sueño desde pequeña era ser peluquera.
-Todavía no sé tu nombre...
-Arsene.
-Qué nombre más curioso, ¿de dónde proviene?
-Del francés creo, o eso me decían mis padres, no lo sé con seguridad.
-Y bueno Arsene, ¿piensas ser peluquera toda tu vida o tienes otras metas?
-Pues no me lo he planteado todavía, con dieciséis años... aún me queda mucho por delante.
-Sí bueno, en la vid..¡Au! ¡Me has cortado!
-Lo siento, se me fue la mano...
Ataúlfo y Emilio eran dos personas que técnicamente padecían "una especie de retraso extraño". Cuando volvía de la universidad de los encontraba en el autobús que me acercaba de la parada de Mar de Cristal a mi casa, iban los dos pegados a la puerta hablando de sus cosas. Ataúlfo tenía el pelo blanco, los ojos azules, y era alto y delgado, en cambio Emilio era bajito, con sobrepeso, y ojos marrones. Si os soy sincero llevaba días observándoles e incluso había desarrollado un estudio estadístico de cuándo tocaba verles y cuando no. Pero cierto día, esos estudios se rompieron, cuando vi a Ataúlfo volver sólo, sin Emilio al lado, lo que provocó que me picara la curiosidad. Durante un tiempo seguí viendo a Ataúlfo sólo, hasta que cierto día le dejé de ver para siempre.
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